raramente (2006 - 2008 - 2010 - 2012)

25-01-2012 00:00:04

Pues tiene premio


Hay ese señor en la puerta de mi casa, señor que no perderé ni un segundo en describir. Lleva una caja de cartón en la mano, eso sí. Buenos días, ¿Lenisio Dima? Lenisio Dimas, sí, buenos días. Yo sé bien que muchas veces se ha preguntado usted si no tendrá premio todo esto que hace. ¿A qué se refiere con todo esto, a raramente, a este montón de estiércol? No hombre no, evidentemente esto no tiene premio, no lo merece, me refería a esta forma suya de vivir: al hecho de haber sido capaz de hacer siempre lo contrario de lo que le apetecía; a esta vida más al servicio de los demás que al suyo propio; a esta capacidad suya por reprimir sus instintos, como esa vez que consiguió huir de una cama en llamas. Eso tuvo su mérito, sí. Hemos ido avanzando penosamente por el pasillo hasta llegar al living. El señor que no he descrito está sentado ahora en mi sillón. ¿No habrá puesto living en vez de salón para evitar la rima? Ya veo que lo sabe usted todo de mí. Se ha sacado dos paquetitos del bolsillo de su abrigo y los ha dejado encima de la mesa camilla. Se lo ha bien merecido —me ha dicho ofreciéndome la caja de cartón—, ábrala usted mismo. He Levantado las dos patillas de la caja y he sacado de su interior una copa dorada. El señor que no he descrito ha abierto entretanto los dos paquetitos, en uno había confeti y en el otro tres serpentinas amarillas; tras una suave lluvia de papel, ha lanzado una de las serpentinas que me ha impactado en la ceja derecha. No sé qué decir, todo esto es muy emocionante, muy en mi interior siempre sospeché que esta forma mía de reprimirme tendría premio.

De nuevo solo en casa he examinado el trofeo más detenidamente: la base es de imitación de mármol y la copa es de latón; la placa metálica en la que viene mi nombre, mi fecha de nacimiento y la fecha de hoy, está ligeramente torcida; una rebaba de cola sobresale por uno de sus laterales y a mi nombre —alguien calculó mal el espacio— no le cupo la última ese. De camino a mi sillón he dado un traspié, he rodado por el suelo y la copa, debido a la escasa calidad de los materiales, se ha partido en tres, mi cuerpo ha aterrizado sobre una fina capa de confeti y en mi rostro se ha dibujado una mueca que ya nadie sabrá decir si era de felicidad o de hastío.

17-01-2012 00:00:03

Por ustedes perdí la reputación, el empleo y la vista


En la fábrica de anécdotas no me pagan para que os escriba. Por eso, debajo del Word en el que trabajo, abro un segundo Word que ocupa una discreta franja en la parte inferior de mi pantalla; selecciono Arial del ocho y el gris más próximo al blanco posible y, si se me ocurre algo, os lo escribo prácticamente en blanco sobre blanco. Ayer escribía que escribía que escribía que soñaba que soñaba que soñaba; qué pesados los escritores con lo que escribimos y con lo que soñamos. Ayer, siendo escritor por un día, se me acercó sigilosamente por detrás la psicóloga de la empresa, es de agradecer lo mucho que Sven se preocupa por nuestra salud mental. Llevaba un tiempo observándome cuando me di cuenta de su presencia. Me di vuelta, sonreí. “¿Qué escribes?”. “Nada. Me quedo en la anécdota”. Miró la pantalla aparentemente en blanco,“Si pretendes escribir, mejor haz clic sobre la ventana”. “Disculpa, vamos todos muy cansados”. Volví a sonreír, hice clic sobre la ventana, escribí cualquier cosa. “Ahora sí.” A pesar del esfuerzo para que su voz sonara natural, reposada y clara, pude ver el recelo en su mirada, pude ver cómo buscaba encima de la mesa el arma con la que me imaginó acuchillándola.

06-01-2012 00:00:02

Sólo me faltaba esto, Maria de la Pau


Es habitual en mí fregar los cacharros con la radio puesta. Es habitual también que algunas de las personas a las que escucho por la radio me crispen hasta el punto de hacerme alzar la voz, “¡¡Serás zorra!!” grito, por ejemplo, y mis insultos se elevan por encima del rumor del agua que corre, por encima del entrechocar de vasos y platos, por encima también de la zorra que a través de mi pequeño receptor radiofónico suelta sus estupideces. Es mallorquina. Lo que ya no es tan habitual es lo que ocurrió la otra tarde. Estaba solo en casa, fregando los cacharros e insultando a la mallorquina como de costumbre, “¡¡¡Me cago en tu puta vida, ostias!!! ¡¡¡¡Mira que llegas a ser zorra!!!!”, no sé si era ella o era yo, pero uno de los dos no tenía su mejor día. En esas estaba cuando una brigada de los mossos echó la puerta abajo. La puerta no llegó a caer, quedó apoyada entre la jamba y el tabique del descansillo, formando una cabañita en la que rápidamente se refugió Len. Venían los mossos alertados por uno de mis vecinos, “¿Dónde está su mujer?” me preguntaron, “Ha salido”, dije secamente, secándome las manos. Inspeccionaron mi barraca, buscaron en los armarios, debajo de la cama, en la bañera, en el altillo, Leni los seguía por toda la casa pegando saltitos; a menudo me pregunto qué me faltará para ser feliz, puede que sea su inconsciencia. Finalmente abrieron la nevera, se les iluminó la cara al ver una bandeja con media docena de sesos de cordero, “Señor agente, Coral tiene el cerebro pequeño, pero sólo tiene uno” dije inconscientemente, buscando mi felicidad.

05-01-2012 00:00:01

Ya no saben qué inventarse


¿Y cómo no lo van a saber, si no paran de inventarse cosas? Nosotros competiremos el próximo martes. Los de nuestro autobús, el 73 de las 7 de la mañana, nos enfrentaremos a los del 56 de las 8:30. No sé muy bien en qué consisten las pruebas, sólo sé que es en una cadena privada y que, no por mí, pero si la cosa va de gritar, tendremos grandes posibilidades.

22-12-2010 00:00:21

Límites


No terminé de entender jamás el concepto matemático de límite. Era joven, un auténtico gilipollas. Ahora, más calvo, más barrigudo, más degenerado física y espiritualmente, ya no tan joven en definitiva, a pesar de seguir siendo el auténtico gilipollas que siempre fui, entiendo mejor ciertas cosas. Todo tiene un límite.

Me di cuenta ayer sentado en el sofá. Intentaba pensar en vano en otras cosas, cosas verdaderamente importantes, contemplando la funda raída y roída, alfombrada de pelos de Leni, las cortinas raídas, los muebles roídos también, briznas de heno esparcidas por toda la casa, tres deposiciones de Len en una esquina, una en el centro del comedor, otras dos flotando en un charquito de meado, junto al zócalo ya no roído, devastado, totalmente destruido, con Leni subida a la mesa del comedor, a 10 centímetros del frutero, a 10 centímetros de las cerezas, a 10 centímetros o menos de 10 gramos o más de felicidad instantánea. Nublado mi pensamiento por un penetrante olor a granja, alcancé sin embargo a concluir que sí, que efectivamente: Todo tiene un límite.

Bajé a Leni de la mesa, la metí en su jaula ¡Castigada! y me puse a darle a la escoba. Cuando tuve el piso barrido bajé la aspiradora del altillo y cepillé la funda del sofá antes de pasarle a fondo la aspiradora. Una vez eliminados los pelos quité la funda y la puse a lavar, después enfundé el sofá en una funda limpia y volví a darle con la escoba ahora por debajo del sofá, llené dos bolsas de basura con una especie de amalgama de espuma, pelos y pelusa con la que medité rellenar unas fundas de cojín que había comprado Coral el año pasado. Quité también el polvo, no sólo en los estantes bajos, lo hice a conciencia, en las partes visibles había una fina capa que retiré fácilmente con una gamuza, subido a una silla, con un trapo seco primero, con un trapo húmedo después, eliminé tremendas costras de mugre de los rincones más recónditos. Aproveché también para poner orden entre los libros, los ordené alfabéticamente por autor, pero sus medidas desiguales no me convencieron y terminé ordenándolos por colecciones y tamaños. Tiré también un montón de periódicos que tenía amontonados en distintos sitios de la casa, me quedé únicamente con un recorte de cuando Tyson perdió ante James Buster Douglas allá por el año 90, lo guardé entre las páginas de un libro, olvidando al instante en cuál. Luego me puse con el cuarto de los toxicómanos, estuve doblando ropa unas buenas dos horas, rellené dos bolsas con prendas que hace años que no me pongo, amontoné en el armario de debajo de la cama de los invitados todo tipo de útiles inútiles que me dio pereza tirar y luego con papel de periódico limpié los cristales del balcón y aproveché la inercia para ponerme a fondo con el lavabo. La escobilla, la lejía, el anti cal, no pretendo haceros creer que soy la primera persona que ha limpiado un lavabo alguna vez. Cuando terminé con el lavabo, me puse con la cocina, utilicé un producto auténticamente destructivo, KH-algo, una cosa casi de ciencia ficción, algo milagroso: acabé con la suciedad acumulada de años en minutos; fregué prácticamente toda la vajilla, tiré tres bolsas enormes llenas de cadáveres muy variados que encontré en la nevera, hice una última pasada rápida con la escoba por todo el piso y pasé la fregona entreteniéndome especialmente en el mugriento suelo de la cocina; abrí entonces las puertas correderas de los balcones y me volví a sentar en el sofá.

Intenté volver a pensar, intenté recuperar las cosas importantes en las que pretendía pensar antes de ponerme a poner orden en mi casa. Era algo relacionado con poner orden, algo tan estúpido como que es mucho más fácil ponerte a poner orden en tu casa por poco que te guste y por más mugrienta que ésta esté que ponerte a hacer limpieza y a poner orden en tu vida.

Por más que todo tenga un límite. Supongo.

20-12-2010 00:00:20

Marchando 3ml de felicidad


Marchando que se van.

Soñé que éramos felices en el trabajo; soñé que bebíamos limoncello y éramos felices. Decidí llevarme el limoncello a la fábrica de anécdotas al día siguiente, dejarlo en el congelador el tiempo suficiente para luego sacar los vasos cortos, servirlos, repartirlos entre mis compañeros de departamento y ser felices. Y aunque sólo fuera hasta que llegó Sven, hasta que empezamos a animarnos más de la cuenta,

un ratito fuimos felices.

21-08-2010 00:00:19

La tuve agarrada de los pelos


La tuve agarrada de los pelos, ocurrió esta mañana, se abalanzó sobre mí justo al levantarme, como en los viejos tiempos. Todo vino a raíz de un sueño, un sueño... así de mal están las cosas. Había nostalgia en ese sueño, si hablé de mi madre alguna vez no lo recuerdo, pero sí, tengo también una madre: mi madre había deshecho la reforma del salón-comedor, el viejo piano volvía a estar allí, más avejentado de lo que ya estaba, se diría que alguien lo recuperó del vertedero, estaba también la raída y polvorienta alfombra de pelo verde, el papel tintado de paja entretejida, quemado por el sol donde siempre estuvo quemado por el sol, todo, absolutamente todo volvía a estar en su sitio; ni rastro del gres imitación de parquet, ni rastro de los sofás de cuero blanco, ni rastro de esa odiosa pintura salmón en las paredes. Trataba yo sin éxito en este contexto de tocar a un dedo el Waka Waka, fallando tantas notas como siempre fallo; en otro plano, en el que verdaderamente importa, ya en la ducha, no puedo por más que pensar que fue un error —en medio de tan obstinada porfía por sacar adelante después de tanto tiempo ni que fueran tres malas frases— todo ese gel de baño en mis manos; si hasta me vino la frase con la que empezar con todo esto, ¡qué importante tener esa primera frase!, dame una primera frase para poder tirar del hilo y conseguiré escribirte lo que sea. La tuve agarrada de los pelos, ocurrió esta mañana, hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación. Tuve esta anotación agarrada de los pelos y no estoy completamente seguro de si no se me escurrió de las manos al final.

20-07-2010 00:00:18

No lo fuera a probar nadie, por si acaso


He cruzado los cinco tramos de la Avenida Meridiana en rojo un sábado de operación salida en hora punta y sin mirar. Sinceramente no creo que sea casual el que siga aquí para contároslo. Volvía de la fábrica de anécdotas, bajaba andando por la calle d’en Tissó, iba pensando en mis cosas, en todas esas mañanas abriendo la jaula de Len, poniéndole dos cucharadas de pienso en su cuenquito, ni una más ni una menos, todas esas duchas mirándome la barriga, enjabonándome el sexo y eso, tantas madalenas ahogadas en el tazón de nesquik, tanto bajar, y también subir, yendo y volviendo del trabajo y pensando esta clase de cosas por la calle d’en Tissó, tanta verdura hervida para cenar, tantos besitos de buenas noches en la frente de Coral… me ha parecido, y tenía razón, ¡y claro que la tenía! que tanta cotidianidad era mucho, demasiado: demasiada cotidianidad para un solo camionero despistado.

05-07-2010 00:00:17

Física cuántica I


Coral se ha comprado un portátil nuevo, aunque roído y destartalado ya teníamos uno en casa y funcionaba perfectamente. A mí con tener uno me parecía suficiente, pero dice Coral que se lo ha comprado "para combatir la incomunicación que de un tiempo a esta parte se ha apoderado de nuestras vidas". Cuando se pone en este plan siempre le digo "No sé, puede ser". Donde sí le doy toda la razón es cuando dice que el viejo portátil siempre estaba ocupado: cuando no era ella  la que andaba trasteando en su granja virtual, era yo el que me arrastraba a placer por el inframundo paralelo de mis virtualidades. Ahora que tenemos un portátil para cada uno, por lo menos podemos chatear juntos algunos ratos muertos. Pero la felicidad nunca puede ser completa, porque la conexión del vecino nos llega muy atenuada y sólo en puntos muy delimitados de la casa, concretamente en una esquina del sofá, así que allí que nos ponemos bien apretujados los dos, las carcasas de los portátiles dándose besitos; y claro, veo de reojo lo que me escribe Coral antes de que me llegue, y maldita la gracia; y me molesta además que ponga todas esas risitas y esas caritas sonrientes cuando puedo ver perfectamente en vivo la poca gracia que le hacen las cosas que le escribo.

26-03-2010 00:00:16

Sofanautas


Caerá otra noche en la mansión de los Dimas. Después de la cena, Coral se dirigirá al sofá, es el de nuestra casa un sofá en forma de ele, Coral se tumbará en la parte larga de esa ele, apoyará su cabeza sobre tres cojines, se tapará con una manta; al rato me levantaré yo de la mesa y ocuparé una esquina de la parte corta del sofá de nuestro piso, no me tumbaré, me sentaré con los pies encima de la mesita baja; finalmente llegará Leni, se subirá al sofá de nuestra chabola de un brinco, pasará por encima de Coral que se quejará de sus uñas flojito “ay, ay, ay”, se acercará Leni  con cautela hasta donde yo estoy, se tumbará a mi lado, le acariciaré la cabecita. Y ya estaremos otra vez los tres en nuestras posiciones. Nuestro sofá es una nave espacial, estamos siempre los tres ocupando nuestras posiciones, esperando; pero la nave nunca despega.

08-03-2010 00:00:15

La chica del cerdito


Le aguanté la mirada a una peruana guapita en el metro. Me di por satisfecho porque también ella me miraba, parecía interesada, pero no sé qué hay que hacer después de las miradas, no pude ir a clase, me quedé dormido ese día. Volvía yo a mi casa pensando en eso y con el firme propósito de mirar a las peruanas guapitas en adelante más y más intenso y luego pues no sé, ir probando cosas, ya se vería. A pocos bloques de llegar a mi casa oí un murmullo que venía de un portal, se trataba de una voz metálica que parecía que me llamaba, “¡Eh tú! ¡Sí sí tú!!”. Me acerqué hasta el portal, venía del telefonillo, “¡Soy yo, tu favorita!”, miré a mi alrededor, se mira mucho alrededor cuando ocurren cosas extrañas, no sé qué es lo que se busca, tampoco yo lo encontré, sólo sé que a esas horas por la calle ya no había nadie; pensé en mis favoritas, tengo una gran cantidad de favoritas que encima cambian continuamente; ¡Qué importantes las favoritas!: una favorita en el trabajo, otra en el supermercado, otra en el autobús, favoritas por todas partes hacen la vida mucho más llevadera. Pensé en mi panadera favorita, creo recordar que una vez me dijo que vivía en mi barrio, pero por no meter la pata pregunté: “¿Qué favorita?”. “Pues qué favorita va a ser... ¡La favorita de tu barrio!”. Volví a pensar en mis favoritas, porque una cosa es la favorita de mi barrio y otra cosa es mi panadera favorita, por más que las dos vivan en mi barrio. Me acordé entonces de una chica a la que veo a menudo paseando a su perro por el parque que hay enfrente de mi casa, una chica muy de barrio, morena, con piercings y florecillas tatuadas enroscándose en sus brazos, pensé que definitivamente ésa era la favorita de mi barrio. “¿Tienes un perro blanco con aspecto de cerdito? ¿Morenita? ¿Delgada? ¿Pantalones ajustados? ¿Buen trasero? ¿Florecillas tatuadas enroscándose en tus brazos?”. “Todo exacto salvo por lo del cerdito, es un Bullterrier. ¿Subes o qué? Estoy en el tercero primera. Estoy sola”. Y bueno, me abrió la puerta y subí y ella me esperaba recién duchada, supongo que enroscadas sus flores tatuadas en sus brazos y sus brazos cruzados embutidos en un albornoz blanco coronado por una sonrisa hipnóticamente traviesa. Olía muy rico, como a flores, bien por el champú, bien por sus propias flores.  Hicimos el amor durante tres horas con el Bullterrier descabezando un sueñecito a los pies de la cama. “Joder. Me había masturbado pensando en ti más de cien veces. Es un poco increíble todo esto, ¿no te parece?” le dije tras el quinto polvo. “Un poco no, totalmente. Verdaderamente sería mucho mejor y más sencillo que ocurrieran de vez en cuando este tipo de cosas, así te ahorrarías que se te tuvieran que ocurrir a ti”.

04-03-2010 00:00:14

Segunda pregunta de examen


¿Se puede saber cómo lo hacen los figurantes de mi vida para ocupar su sitio todos los días de una forma tan milimétrica, se puede saber cómo es posible semejante nivel de excelencia coreográfica sin ensayo ni cruces de esparadrapo pegadas en el suelo?

01-03-2010 00:00:13

Seis cero cero cero, seis cuatro tres, y dos números más


Hablaban dos madres y una abuela, en el autobús, serían las siete de la mañana. Ha llovido, ha nevado, hasta puede que hayan pasado algunas cosas desde que ocurriera esto que os cuento, no en mi vida, por supuesto que no, en algún sitio remoto, en alguna casa perdida en las montañas a alguien se le ha muerto el perro, en algún lugar se ha perdido un gato gordo, de nombre Elvis. Cosas. Hablaban las madres y la abuela sobre una tercera madre, no hablaban muy bien de ella, suele pasar, la llamaron por teléfono a esas horas, había hecho algo mal, no sé muy bien qué era, algo relacionado con no llamar a quien tenía que haber llamado, algo así, madre-uno habló con madre-tres por teléfono, se metieron con madre-tres con la mirada las otras dos, madre-dos le susurró algo al oído a abuela-uno, abuela-uno movió afirmativamente su cabecita al tiempo que me esbozaba una sonrisa de complicidad: no busques mi complicidad, otra sonrisa como ésta y te estrangulo; había un cierto tono de superioridad y de reproche en la forma de hablar de madre-uno, dijo al colgar madre-uno que madre-tres decía haber llamado pero no estaba segura de tener el teléfono de abuela-uno bien anotado, madre-uno dijo que luego se lo pasaría por sms, se metieron un poco más con madre-tres después de colgar, abuela-uno juró y perjuró que a ella no le había llamado nadie, pidió entonces madre-uno un bolígrafo a madre-dos, le dio uno, sacó un ticket del Mercadona, no pintaba, le dio otro, éste sí, le pidió el teléfono a abuela-uno, de nombre Amparo, escribió Amparo y luego, debajo, un número de teléfono. Han pasado los años, he olvidado cosas importantes, rostros, olores, sensaciones que me hicieron bien y sensaciones que me hicieron mal, y no consigo sin embargo olvidar ese número de teléfono que no marcaré jamás.

24-02-2010 00:00:12

De cuando me deportaron a Siberia


¿Y cómo va a ser posible que se sepan ustedes tan mejor mis trenes que los suyos?, ustedes que se quedan embobados frente a  la nevera de los lácteos y se les hace una montaña que si la gelatina de los Simpsons de limón, o la crema catalana, o el yogur de fresa con fondo de mermelada. Pero insisten ustedes cada cierto tiempo en decirme: “debería usted coger ese tren” o peor todavía: “debería usted haber cogido ese otro” ¿Y qué sabrán ustedes de los trenes que cogí o dejé de coger? Me basta decir para acabar con este asunto que son muchos los trenes que cojo, he cogido y cogeré, que no me llevaron a ninguna parte.

18-02-2010 00:00:11

Primera pregunta de examen


¿Cúanto tiempo tardaremos en olvidar tantos momentos que en su momento juzgamos inolvidables?

(Exprésense las cantidades en milésimas de segundo)