09-02-2010 00:00:09
Coral acaba de llegar, Coral me habla del vecino de abajo, está algo alterada; cuando ha vuelto del trabajo se lo ha encontrado mirando a través del cristal de la puerta de entrada a la finca, absorto, como ido: “Me ha dado las buenas tardes flojito, sin apartar la mirada del parque, me ha dicho que era una vergüenza, que ese grupo de chicos tenía muy mala pinta, que me guardara mucho de cruzar el parque a según qué horas, “¡Ahí están, Míralos! ¡Pero qué lástima!”, y he mirado hacia dónde él miraba pero por más que me fijé te puedo asegurar que allí no había nadie”. Bien, así que el vecino de abajo ha enloquecido, no me extraña, cualquiera enloquecería al lado de la loca de su mujer, eso pienso mientras me acerco a la ventana, mientras aparto la cortina del balconcito y contemplo con inquietud cómo un grupo de unos 15 vándalos porfía y porfía en su afán de arrancar de cuajo la estructura de un columpio.
05-02-2010 00:00:08

En su día me hizo mucha gracia la foto que os adjunto, cuando la tomé me vino a la cabeza un proyecto que por aquel entonces casi había olvidado, “Mismatch” se llamaba, se trataba de una exposición fotográfica en la que estuve enfrascado durante muchos años, llevaba mi cámara a todas partes y sacaba fotografías en las que había pequeños detalles que no terminaban de encajar: la única baldosa del Passeig de Gràcia que algún operario despistado puso del revés, ese tipo de cosas: “Mismatch”, tenía uno que fijarse. La gracia de la fotografía no era que todos los calcetines fueran distintos, sino que entre tanta disparidad había escondida una pareja [(3.3)(5.8)]. Coral me dijo un día que no sabía por qué me rompía tanto los cuernos tratando de componer fotos de cosas que no encajaran: “igual te serviría cualquier foto en la que salieras tú, que nunca terminaste de encajar en ningún sitio”, abrió el cajón de las fotos, “mira si tienes fotos” eso dijo; ese día empecé a olvidarme del asunto. Ahora, años después, veo la foto con todos esos calcetines desapareados y no me hace tanta gracia. Recuerdo que empecé guardándolos en una bolsita de esas que dan con algunos packs de ropa íntima, era una bolsita de tres bragas de Coral en la que pusimos los 7 primeros calcetines desapareados. El primero de todos fue un calcetín mío de invierno, de rayitas horizontales lilas, grises y granates, uno de mis favoritos; luego vinieron otros dos rayados, éstos de Coral, uno de rayas blancas y amarillas y otro de hilo de rayas de muchos colores distintos con un cerdito rosa con la silueta blanca cosido en un lateral. Cuando la primera oleada de calcetines negros dejó pequeña la bolsita de las bragas, arreglé una caja de zapatos de cartón, la recompuse con esparadrapo de las mordeduras de Len y dibujé en los laterales tres calcetines tristes sentados en el borde de un embarcadero contemplando un crepúsculo otoñal gris. La caja me sirvió para las primeras tres docenas y luego ya tuve que volver a trasladarlos a un nuevo hogar: una bolsa de basura de treinta litros. Antes de ese segundo traslado vacié la caja de los calcetines tristes en el centro del salón y me puse con toda mi atención a buscar parejas; lo más sorprendente fue lo de los calcetines negros: 23 calcetines negros parecidos todos pero distintos entre sí; no es fácil comparar 23 calcetines negros, hace falta cierto método, pues hay que comparar cada uno de los calcetines con los otros veintidós, uno a uno, y si uno está convencido de que el calcetín que comparó no casa con ningún otro, se aparta en una montañita aparte y se sigue con la comparación del resto de los calcetines; en el peor de los casos, o sea en mi caso, si todos los calcetines resultan ser distintos, habremos realizado un total de 22+21+20+19+18 … +3+2+1 comparaciones, 253 comparaciones en total, si consideramos que comparar dos calcetines negros requiere de cierto grado de concentración, pues puede radicar la diferencia en algo tan sutil como el grosor del punto, la elasticidad del hilo, su textura, o si el tejido es listado, vanisado, calado, de punto de musgo o picot, considerando esto, llegamos a la conclusión de que no se trata de una tarea fácil. 253 comparaciones. De la bolsa de basura de 30 litros pasé a la bolsa del Mister guau número uno y de la bolsa del Mister guau número uno a la bolsa del Mister guau número uno más la bolsa del Mister guau número dos. Las bolsas del Mister guau número uno y número dos eran unas bolsas de plástico enormes que nos daban para meter el heno de Len en la tienda de animales. Llegados a este punto, y con la habitación de los toxicómanos tomada ya por un ejército de calcetines desapareados, relajé un poco mis criterios, empecé a hacer la vista gorda con los pequeños detalles y conseguí con este nuevo método algunas parejas de hecho: un calcetín blanco ajado con otro de un gris muy claro, tres pares de calcetines negros que no eran iguales pero que medio se parecían; tuve que hacerlo aunque me supiera mal, pero todo fue en vano. A la duodécima bolsa del Mister guau di la batalla por perdida; cogí de una de las bolsas dos calcetines al azar: me quedé contemplando mis pies enfundados en una media de Coral de media caña y un calcetín de invierno con cascabeles y forma de vaca, me puse la chaqueta, cerré con llave y salí descalzo a la soleada mañana.
26-01-2010 00:00:07
19-01-2010 00:00:06
Estamos salvados. He leído por ahí que un científico mongol está a un solo paso de descubrir la fórmula matemática que determina la frecuencia con la que todo en todos se repite. ¿Y qué se supone que tenemos que hacer entonces? Esperar, esperar a que termine de dar ese pasito que le falta. ¿Y luego de eso? Seguir esperando.
14-01-2010 00:00:05
Estamos discutiendo en la habitación de al lado de la habitación de al lado si estamos o no discutiendo en la habitación de al lado. Le paso el vaso a Coral, pega el vaso a la pared y la oreja al vaso, escucha atentamente y niega con la cabeza. “No somos nosotros, cómo vamos a ser nosotros, menuda gilipollez”. De un tiempo a esta parte los vecinos de al lado discuten todas las noches, las paredes son lo suficientemente finas para que sus gritos lleguen hasta nuestra habitación, pero lo suficientemente gruesas como para que no se entienda la naturaleza de lo que discuten. Así que he decidido ir a la cocina a por un vaso, pretendía determinar simplemente cuál de los dos llevaba razón, pretendía confirmar que el hombre era, como suele ocurrir, víctima del histerismo de su mujer; y cuál no ha sido mi sorpresa cuando he constatado que los que discutíamos en la habitación de al lado éramos Coral y yo. Coral dice que no, que no es verdad que discutamos, que cómo puedo ser tan cabezón, que siempre quiero llevar yo la razón. Y discutimos. Discutimos hasta que un ruidito nos hiela el corazón: el repentino silencio a ambos lados de la habitación roto únicamente por el ruido de lo que podría ser una oreja, pegada a un vaso, pegado al lado opuesto de la pared de nuestra habitación.
13-01-2010 00:00:04
A menudo me pasa que me siento a la mesa del comedor y observo a Coral tumbada en el sofá mirando la tele, veo el deambular de Leni por la estancia en busca de algo nuevo que roer bajo el pequeño cielo de Manhattan que conforman todas las lucecitas de todos los aparatos eléctricos que en mi casa hay, y contemplo la escena como si mi vida no fuera mi vida, como si estuviera viendo una secuencia de una película que me fuera ajena, que no me correspondiera; es entonces cuando me pregunto en qué casa será que alguien está viviendo mi vida y qué tal será, y de quién será y quién estará echando en falta en consecuencia la vida que estoy viviendo yo.
09-01-2010 00:00:03
Coral y yo tenemos un terreno, es el nuestro un terreno cuadrado y a ojo y sin saber os digo que a penas si llegará a los doscientos metros cuadrados; Coral se encarga de él a diario, yo me acostumbré a su forma de proceder, pero un observador anónimo quizás diría que se encarga de él obsesivamente. Tenemos en nuestro terreno un pequeño huerto con berenjenas, zanahorias, girasoles, patatas, fresas y coliflores, productos muy variados que maduran rápidamente y para los que nunca nos faltan compradores; en un rincón de nuestro terreno, con la intención de formar un pequeño bosquecillo, Coral ha conseguido reunir con el tiempo tres cerezos, dos limoneros, cuatro manzanos y un cocotero. Los animalitos ocupan la esquina opuesta al bosque: allí tenemos pastando en un cercado siete Lenis, no recuerdo cuántas gallinas en su gallinero, algunas vacas normales, tres ovejas también normales, una oveja negra, una oveja verde y una vaca lila; preside el terreno a la sombra de un almez una caseta insignificante, del tamaño de un cuarto de baño exterior, caseta que tenemos intención de ampliar en un futuro no muy lejano. Coral no puede consentir que se le malogre la cosecha, así que a menudo me llama alteradísima desde el trabajo: “¡Recógeme las estramberris! ¡me olvidé de las estramberris, Len! ¡qué catástrofe, qué desgracia si se me pudren las estramberris!” y entonces voy y me conecto a Internet a toda prisa, y recojo las “estramberris” justo a tiempo, y ya que estoy esquilo las ovejas, barro las hojas secas, fertilizo las plantas, doy de comer a los conejos, y luego cierro el portátil y, al levantar la vista, veo cómo agoniza en el balcón, cómo se marchita abandonado a su suerte el pobre níspero y me embarga una desazón de lo más rara.
04-01-2010 00:00:02
Hoy me quería mirar hacia dentro, quería mirarme las entrañas pero mis ojos no me dejan ver, no están pensados para eso. Los ojos miran hacia fuera, sólo fijándote mucho puedes llegar a ver por dentro a los demás. Yo a ti te vi por dentro una vez que te me acercaste más de la cuenta. Pero con uno mismo no funciona: no te puedes mirar hacia dentro. Lo he probado en casa frente al espejo, pero yo no soy mi reflejo, yo soy yo y mi reflejo es mi reflejo. Visto en el espejo, todo llega distorsionado, invertido, me leo a mí mismo del revés. No funciona. Arrancarme los ojos y volvérmelos a colocar pero hacia dentro, eso es lo único que se me ha ocurrido. Ya con los ojos en la mano me han preocupado algunas consideraciones ¿Y si no me alcanza el nervio óptico? ¿Y si está demasiado oscuro para ver o lo que veo es más oscuro de lo que quisiera ver? Eso es definitivamente lo que más me ha preocupado. Así que me los he vuelto a colocar, me he comido un mini de queso y un zumo de melocotón y ahora estoy mucho mejor.
01-01-2010 00:00:01
Como iba diciendo. Apenas si fui capaz de dejar una levísima estela de mí mismo durante este último año, año que no estoy totalmente seguro de haber vivido. Lo pasé apilando cosas, anécdotas, situaciones, teorías, frases mil veces repetidas, me dio por juntar todo aquello que se parecía, “júntalo todo, Len” me dije, “junta todo aquello que se parezca y a ver qué queda” ¡Y qué poquito lo que queda! Con mis 52 lunes por la mañana, por ejemplo, compuse un vídeo revelador: junté los dos primeros minutos de cada uno de esos días, apilé la secuencia de imágenes en una sola toma de dos minutos; a velocidad normal, el ojo humano no es capaz de distinguir, las siluetas se confunden en un solo hombre: un solo hombre que para el despertador siempre justo antes de que suene el tercer pitido, un solo hombre que confundido se incorpora. Un solo hombre. No es hasta ralentizar la secuencia que observamos con asombro cómo la punta de uno de los dedos escapa durante una fracción de segundo a la trayectoria de los otros 259 dedos de su mano dejando una estela casi imperceptible. Apenas si fui capaz de dejar esa levísima estela de mí mismo durante este último año, esa fracción de segundo de esperanza a la que agarrarse; y es que ocupan mucho más mis días puestos en fila de lo que ocupan apilados, pues superpuestos unos encima de otros, mis días todos, se confunden hasta desvanecerse.
31-12-2008 00:00:01
He convocado a mi selecto grupo de lectores, “nos vamos de picnic” les he dicho. Nos ha traído hasta aquí Dennis Lima, mi editor, en su furgoneta, a 20 euros por cabeza; y con el posteo 366 al frente de la comitiva y unos dos kilos seiscientos gramos de contrariedad detrás hemos echado a andar. En mi destierro hay arena, un coco y un pájaro muerto. Y el posteo 366 echa la vista atrás y el posteo 365 se ve pequeñito, y el 364 más pequeñito todavía, y Leni olisqueando el pájaro muerto le afea la escena, y el 363 es una hormiguita, y el 362 ya sólo se intuye, está ahí porque tiene que estar ahí, porque él sabe que para poder ser el 366 tiene que haber habido antes un 365, y un 150 y un 73, y hasta un número 1, por raro que ahora le parezca. Pero de tan pequeñitos ni se ven; y si mira al frente, le cuesta imaginarse que haya después de él otro posteo más; achina los ojos y otea el horizonte buscando indicios de lo que pudiera ser el posteo 367, pero al frente no hay nada, nada más que polvo-arena-y-vacío; y se pregunta si no será acaso él el último, “¿Cuántas cosas se quedaron en 366 alguna vez? ¿Seré yo el último y el primero?”. Luego piensa que no son cosas de pensar, no son cosas que deba pensar un posteo, un posteo no razona, un posteo no son más que bites-bits-unos-y-ceros. Se ata los cordones de los zapatos, se incorpora y sigue, sigue, sigue, porque hay que seguir. Y sigue caminando hacia el polvoriento horizonte del olvido.
24-12-2008 00:00:08
Erguida sobre sus patas traseras Leni olisquea el aire. Y no se entiende, porque nadie come nada, nadie cocina nada. La última pieza de fruta nos la comimos a medias anteayer. Qué raro, le digo a Coral, ¿Tú hueles algo? Un poco a sardinas, me dice ella, de anoche, el olor tarda en marchar, se adhiere a los muebles. Claro, pero a Leni no le gustan las sardinas. Lo sé, pero tú no me preguntaste qué era lo que olía ella, tú me preguntaste qué olía yo. Ya, como si supieras también qué es lo que huele ella… Y claro que lo sé: Leni huele la tragedia. Miro a Leni, miro a Coral, miro las estanterías; huelo el aire.
22-12-2008 00:00:10
A veces discuto, pocas veces, pero discuto; a veces hablo de la gente, “la gente”, digo, como si la gente fueran los demás, como si yo no fuera gente; a veces me da por empezar con la misma fórmula tres o cuatro frases. A veces. Coral y yo discutimos anoche, discutimos como discute la gente, fuimos gente durante un rato Coral y yo. Anoche. Es raro esto de descubrirse gente aunque sólo sea un rato. Con Coral al lado, sentados los dos en el sofá, las estanterías enfrente, ¡Y qué montón de cosas en las estanterías! Me imaginé las estanterías desnudas, pues es de Coral casi todo lo que en nuestro piso hay, y me angustié mucho, me angustié tanto como se debe de angustiar la gente. Yo prefiero ser todo el rato así como creía ser, no quiero, y no sé, ser ni un segundo como "la gente".
26-11-2008 00:00:36
Es un poco desastre este terrorista suicida. Todavía se lamenta, sentado en uno de los asientos reservados de su vagón, de la compra que hizo ayer; le habían puesto la cabeza como una tostadora y no estaba por lo que tenía que estar y compró una pizza caprichosa cuando lo que quería en realidad era una cuatro quesos. Y encima se olvidó las servilletas de papel. Empezó apartando los trozos de jamón con un tenedor pero luego pensó que qué más daba, si total tampoco le veía nadie y al día siguiente todo habría terminado. Peor le supo tener que limpiarse los restos de tomate con el mantel, se imaginó a los GEOS entrando en su casa un par de días después y la imagen del tomate reseco pegado en el mantel casi le rompe el corazón ¡Qué tristeza! ¡Con lo limpio que él era! Atormentado su pensamiento por éstas y otras pequeñas preocupaciones se queda dormido con su mochila cargada con seis quilos de amonal y se salta la parada en la que tenía que enlazar con la línea turquesa que debía llevarle hasta su punto de inmolación. Cuando despierta pasan doce minutos de la hora establecida y decide que lo mejor será volver a casa, piensa que aprovechará que el badulaque ya estará abierto para comprar servilletas y otra pizza caprichosa que en el fondo tampoco estaba tan mal.
25-11-2008 00:00:37
Me cruzo con la madre de Mersault todos los días a primera hora de la mañana, la posición exacta en la que nos cruzamos determina mi retraso o mi adelanto respecto a la jornada que justo empieza. Todo lo que sea cruzarse después del badulaque es tiempo que le estoy ganando al día. Me extrañó no cruzarme con la señora Mersault esta mañana, pero más me extrañó que Coral me dijera por la noche que la señora Mersault me andaba buscando, “Me crucé con ella en el pasillo, dijo que te esperaba en el recibidor”. Y en el recibidor me la encontré enfundados sus pies en sus babuchas y enfundada ella en su bata de boatiné, “sólo venía a comunicarte que computados los últimos tres meses has ganado un día entero, así que mejor acuéstate temprano porque mañana te espera el segundo lunes de la semana".
24-11-2008 00:00:38
Apoyado en la pared con el teléfono en la mano digo que es complicado, “es complicado” así, con cierta displicencia, y miro por la ventana y quiero que los árboles y las farolas me parezcan de repente las cosas más complicadas del mundo, con sus hojas y sus ramas intrincadas, sus bombillas halógenas y su superficie rugosa antipintadas “es complicado, muy complicado” repito, aunque en verdad no me lo parece demasiado.