31-12-2008 00:00:01
He convocado a mi selecto grupo de lectores, “nos vamos de picnic” les he dicho. Nos ha traído hasta aquí Dennis Lima, mi editor, en su furgoneta, a 20 euros por cabeza; y con el posteo 366 al frente de la comitiva y unos dos kilos seiscientos gramos de contrariedad detrás hemos echado a andar. En mi destierro hay arena, un coco y un pájaro muerto. Y el posteo 366 echa la vista atrás y el posteo 365 se ve pequeñito, y el 364 más pequeñito todavía, y Leni olisqueando el pájaro muerto le afea la escena, y el 363 es una hormiguita, y el 362 ya sólo se intuye, está ahí porque tiene que estar ahí, porque él sabe que para poder ser el 366 tiene que haber habido antes un 365, y un 150 y un 73, y hasta un número 1, por raro que ahora le parezca. Pero de tan pequeñitos ni se ven; y si mira al frente, le cuesta imaginarse que haya después de él otro posteo más; achina los ojos y otea el horizonte buscando indicios de lo que pudiera ser el posteo 367, pero al frente no hay nada, nada más que polvo-arena-y-vacío; y se pregunta si no será acaso él el último, “¿Cuántas cosas se quedaron en 366 alguna vez? ¿Seré yo el último y el primero?”. Luego piensa que no son cosas de pensar, no son cosas que deba pensar un posteo, un posteo no razona, un posteo no son más que bites-bits-unos-y-ceros. Se ata los cordones de los zapatos, se incorpora y sigue, sigue, sigue, porque hay que seguir. Y sigue caminando hacia el polvoriento horizonte del olvido.
24-12-2008 00:00:08
Erguida sobre sus patas traseras Leni olisquea el aire. Y no se entiende, porque nadie come nada, nadie cocina nada. La última pieza de fruta nos la comimos a medias anteayer. Qué raro, le digo a Coral, ¿Tú hueles algo? Un poco a sardinas, me dice ella, de anoche, el olor tarda en marchar, se adhiere a los muebles. Claro, pero a Leni no le gustan las sardinas. Lo sé, pero tú no me preguntaste qué era lo que olía ella, tú me preguntaste qué olía yo. Ya, como si supieras también qué es lo que huele ella… Y claro que lo sé: Leni huele la tragedia. Miro a Leni, miro a Coral, miro las estanterías; huelo el aire.
22-12-2008 00:00:10
A veces discuto, pocas veces, pero discuto; a veces hablo de la gente, “la gente”, digo, como si la gente fueran los demás, como si yo no fuera gente; a veces me da por empezar con la misma fórmula tres o cuatro frases. A veces. Coral y yo discutimos anoche, discutimos como discute la gente, fuimos gente durante un rato Coral y yo. Anoche. Es raro esto de descubrirse gente aunque sólo sea un rato. Con Coral al lado, sentados los dos en el sofá, las estanterías enfrente, ¡Y qué montón de cosas en las estanterías! Me imaginé las estanterías desnudas, pues es de Coral casi todo lo que en nuestro piso hay, y me angustié mucho, me angustié tanto como se debe de angustiar la gente. Yo prefiero ser todo el rato así como creía ser, no quiero, y no sé, ser ni un segundo como "la gente".
26-11-2008 00:00:36
Es un poco desastre este terrorista suicida. Todavía se lamenta, sentado en uno de los asientos reservados de su vagón, de la compra que hizo ayer; le habían puesto la cabeza como una tostadora y no estaba por lo que tenía que estar y compró una pizza caprichosa cuando lo que quería en realidad era una cuatro quesos. Y encima se olvidó las servilletas de papel. Empezó apartando los trozos de jamón con un tenedor pero luego pensó que qué más daba, si total tampoco le veía nadie y al día siguiente todo habría terminado. Peor le supo tener que limpiarse los restos de tomate con el mantel, se imaginó a los GEOS entrando en su casa un par de días después y la imagen del tomate reseco pegado en el mantel casi le rompe el corazón ¡Qué tristeza! ¡Con lo limpio que él era! Atormentado su pensamiento por éstas y otras pequeñas preocupaciones se queda dormido con su mochila cargada con seis quilos de amonal y se salta la parada en la que tenía que enlazar con la línea turquesa que debía llevarle hasta su punto de inmolación. Cuando despierta pasan doce minutos de la hora establecida y decide que lo mejor será volver a casa, piensa que aprovechará que el badulaque ya estará abierto para comprar servilletas y otra pizza caprichosa que en el fondo tampoco estaba tan mal.
25-11-2008 00:00:37
Me cruzo con la madre de Mersault todos los días a primera hora de la mañana, la posición exacta en la que nos cruzamos determina mi retraso o mi adelanto respecto a la jornada que justo empieza. Todo lo que sea cruzarse después del badulaque es tiempo que le estoy ganando al día. Me extrañó no cruzarme con la señora Mersault esta mañana, pero más me extrañó que Coral me dijera por la noche que la señora Mersault me andaba buscando, “Me crucé con ella en el pasillo, dijo que te esperaba en el recibidor”. Y en el recibidor me la encontré enfundados sus pies en sus babuchas y enfundada ella en su bata de boatiné, “sólo venía a comunicarte que computados los últimos tres meses has ganado un día entero, así que mejor acuéstate temprano porque mañana te espera el segundo lunes de la semana".
24-11-2008 00:00:38
Apoyado en la pared con el teléfono en la mano digo que es complicado, “es complicado” así, con cierta displicencia, y miro por la ventana y quiero que los árboles y las farolas me parezcan de repente las cosas más complicadas del mundo, con sus hojas y sus ramas intrincadas, sus bombillas halógenas y su superficie rugosa antipintadas “es complicado, muy complicado” repito, aunque en verdad no me lo parece demasiado.
23-11-2008 00:00:39
Las paredes de plástico de la botella de agua se han llenado como cada noche de burbujitas, sentado a la mesa del comedor a primera hora de la mañana las uno con un rotulador deleble haciendo dibujitos y me salen sin pretenderlo conejos de hechuras muy variadas. Leni me mira de reojo tumbada en una esquina y es de admirar cómo consigue transmitirme sin decir nada lo poco que le importa lo que yo haga; la veo adormecerse y le grito para que se desperece “Leni! ¿Y si resulta que viene el lobo qué?” se incorpora, se sacude la cabecita y abandona su rincón pesadamente. Borro con un dedo los conejos para unir unas cuantas burbujitas más mientras niego con la cabeza y cuando cierro la figura sobre las dos últimas burbujas me doy cuenta de que me salió un lobo y diría que no lo hice a mala fe. Leni está tumbada ahora en el centro justo de la estancia, veo cómo se le van cerrando los ojitos lentamente hasta quedarse dormida una vez más, “Leni! ¡El lobo! ¿Y qué si viene el lobo?” le grito blandiendo la botella, lo hago por su bien; se incorpora de nuevo, hastiada, y se mete debajo del sofá a salvo, ahora sí, de lobos y otros depredadores. Muy bien Leni muy bien, pero no por eso dejas de ser una presa de pacotilla. Me miro la botella, con tanta agitación me quedé sin burbujitas y encima Leni tardará en salir, vaya, y ahora qué. Hay que ver lo que me aburro.
12-11-2008 00:00:43
Son las siete de la mañana, encima de la mesa del comedor ha aparecido una foto tomada desde la misma mesa, llevaba un buen rato sentado cuando me he dado cuenta. En ella se puede ver mi bol de leche con cereales en primer plano y a la conejita Leni comiendo pienso a los pies de su jaula desde el mismo punto de vista exacto desde el que la estoy viendo comer ahora. Estamos desayunando los dos y mi mirada pasa de los cornflakes a la foto de Leni, de la foto de Leni a Leni y de Leni a los cornflakes y me está costando desperezarme. Trato de encontrar las diferencias: puede que Leni haya engordado algo o puede que simplemente le haya crecido el pelo y abulte en consecuencia un poco más, pequeñas sutilezas en realidad, me llevo otra cucharada de cereales a la boca y pienso que harían falta aparatos de precisión para determinarlo, aparatos de los que ahora mismo no dispongo. Me pregunto si no aparecerá mañana una nueva foto encima de la mesa del comedor en la que se vea además del bol de cornflakes y a Leni, la foto que ahora mismo contemplo. Me pregunto si no puede que aparezca de hoy en adelante una foto distinta cada día, en la que dentro de la foto se vayan viendo día tras día fotos dentro de fotos dentro de fotos. Fotos que serán distintas pero muy parecidas. Hay una foto mía cepillándome los dientes encima del mármol del lavabo, el microscopio, ¡menudo invento!, todo se estropea si se acerca uno lo suficiente, pero la escasa calidad del retrato impide constatar los estropicios del paso del tiempo; me veo reflejado en el espejo con el cepillo en la boca y de mi reflejo paso a mi reflejo en la foto del mármol y entonces cojo la foto del mármol y miro mi reflejo en la foto a través de mi reflejo en el espejo y es una sensación un poco extraña y de algún modo supongo que pienso que me gustaría encontrar en el mármol mañana la foto que ahora mismo teatralmente compongo. En uno de los cristales del autobús alguien ha pegado esta mañana una foto de lo que un día vi desde el centro de la plataforma metálica, no negaré que me suena; también en la fábrica de anécdotas, junto a la pantalla del ordenador, en mi puesto de trabajo, hay una foto de la pantalla del ordenador y de mis manos colocadas sobre el teclado; y en el escaparate de la panadería, y en el autobús que me lleva de vuelta a casa; y sí, para ir cerrando, fotos que me recuerdan que todo me va sonando en todas partes.
11-11-2008 00:00:44
¿No te encuentras en tu reflejo, Coral? Tranquila, es que tu reflejo no eres tú: tú eres tú y tu reflejo es tu reflejo. Un reflejo. Tu reflejo y detrás de tu reflejo el reflejo del alicatado. Al alicatado del baño le vamos a permitir que se confunda con su propio reflejo, el alicatado del baño lleva años reflejándose las 24 horas del día, muchas horas, muchos días cara a cara con su propio reflejo, uno puede llegar a confundirse, pero tú no eres un azulejo, un azulejo es un azulejo y tú eres tú y tu reflejo es tu reflejo. ¿Te miraste en el espejo esta mañana y no te reconociste? ¿Si no eras tú ni era tu reflejo, qué fue lo que viste? No me vengas con esto, esto ya está escrito, no intentes colármelo por literatura, si no te identificaste en tu reflejo, porque vamos a admitir que por lo menos deberíais de pareceros, entonces o eres un niño o un animalito o un loco.
06-11-2008 00:00:45
Estoy en el cementerio de Collserola, he dejado la motocicleta justo donde arrancaba el caminito de cipreses porque el médico me ha dicho que si puedo mejor que ande un poco, y ando. Ando y llueve, y yo sé que en los cementerios siempre llueve pero no he cogido el chubasquero. Camino por el camino de cipreses con la pala apoyada en el hombro derecho como vi hacer en algún sitio alguna vez o en muchos sitios muchas veces, y estoy empapado pero en el fondo pienso que qué bonita madrugada. Cuando finalmente aparecen las primeras lápidas cuento hasta 123 y decido que cavaré en la lápida que hace 124, y bueno, empiezo a cavar. Hace rato que llueve y es tal el lodazal que se ha formado que me está costando avanzar, porque el fango que saco resbala por los bordes del incipiente agujero y se vuelve a meter dentro dificultándome mucho el trabajo. Después de cavar y cavar, cuando ya estoy por dejarlo, la pala topa con una textura nueva, algo así como una peluca, pelos, cuero cabelludo, lo que podría ser una cabeza, vamos. Recupero el brío con la excitación del momento y en un envite le rebano una oreja al muerto y me sabe mal, y cuando todo el cuerpo queda al descubierto me tumbo exhausto revolcándome en el fango, no por gusto, sino por un cierto sentido cinematográfico, por si hubiera una cámara filmándome desde lo alto del ciprés de al lado. Así tumbado noto una presencia, como un aliento en el cogote, “Len, Len, Len, ¿No me reconoces?”, es el muerto el que susurra, no tiene buen aspecto, “Sí claro, eres el muerto ¿no?”, “claro que soy el muerto, ¿pero no me reconoces? soy Albert Chicote, tu compañero de pupitre de primaria”, “Joder, Albert Chicote, claro claro, ¿qué tal, todo bien? yo bien gracias, joder, ¿qué te ha pasado en la oreja?, joder, qué sorpresa... Albert Chicote...”, “Sí, yo bastante bien también, claro claro, pero de hecho sólo me he despertado un momento para transmitirte el siguiente mensaje: si lo que quieres es desenterrar cadáveres te resultaría más cómodo registrarte en Facebook”.
30-10-2008 00:00:46
Disculpen el abandono de estos días, entiendo que de momento son ya con éste dos los meses que les debo, desde raramente estamos estudiando la manera de compensar este agravio a pesar de estar, como verán, desde todo punto de vista justificado. Estuve trabajando intensamente en mi nueva novela y me place informarles de que, a falta de unos 200 ejemplares, ya la tengo prácticamente lista. Se trata de una novela costumbrista, salen conejos, pingüinos, editores, empresarios desalmados, un poco lo de siempre. La historia es lo de menos pues todo lo que se cuenta no es más que un burdo pretexto para vestir mi última ocurrencia. La novela tendrá una tirada de 2000 ejemplares distintos todos entre sí. El argumento será exactamente el mismo pero cambiarán todas las descripciones, así Coral, por ejemplo, llevará en uno de los ejemplares una levita ocre que en otro será un disfraz de canguro y en otro un poncho fucsia de los andes. Aprovecho para reconocer, con la intención de adelantarme a los estudiosos que se quieran pasar de listos, que para simplificarme el trabajo en algunos casos me he limitado a copiar y pegar los ropajes de unos personajes a otros de modo que en algún ejemplar será Coral la que lleve el frac y Dennis Lima los zapatitos de fiesta de tacón de aguja. Las descripciones paisajísticas también variarán mucho de un ejemplar a otro, así pues, en el característico viaje en tren que debe incluir cualquier novela descriptiva que se precie, donde hablaba de “cuatro casas diseminadas como pequeños taquitos de queso esparcidos en una frugal ensalada”, hablaré de “cúpulas futuristas policromadas” y de “simpáticos extraterrestres saludándome desde sus poliédricos ventanales”. Y así todo el rato. Se trata de un simple intento de dar rienda suelta a mi indomable espíritu descriptivo, de resaltar en definitiva lo importante de decir si en la mesa del bar había un cenicero de cristal con tres muescas, o uno metálico triangular de la Cinzano.
20-10-2008 00:00:47
Hay un agujero cuadrado justo encima de mi cabeza, me acabo de dar cuenta, hacía rato que veía aparecer súbitamente hormigas en mi mesa, caen del agujero, me acabo de dar cuenta. Escribo cuatro palabras y miro al techo y tú lees estas cuatro palabras y miras al techo y puede que tengas tú también donde sea que te encuentres un agujero encima de tu cabeza. Trato de escribir al tiempo que aparto los pequeños insectos que van cayendo: hormigas, cucarachas, pececitos de plata... y me pregunto por qué han tenido que colocar justo encima mío este extraño reloj de esta extraña arena. Por no perder demasiado el tiempo dejo a los insectos tirándose en bomba sobre la tecla que más rabia les dé, tratando de escribir ellos aleatoriamente cualquier cosa que será seguramente mejor que cualquier cosa que pueda tratar de escribir yo, y me voy a hablar con Sven para que me explique qué coño pasa. Me lo encuentro deambulando por su despacho, mordiéndose las uñas, náufrago de su propia empresa, “Habla con los de man-te-ni-mien-to. Déjame en paz” me dice. Y le dejo en paz. Y hablo con los de mantenimiento y me inquieta súbitamente el haber alterado el orden de sus órdenes, “Había una gotera, nos olvidamos de recolocar un panel de yeso, nada más, no hagamos un drama de esto”. Vuelvo a mi sitio, vuelvo a mi reloj de insectos, vuelvo a mi drama; cazo una araña al vuelo, “¿Pero se puede saber qué contáis?” alcanzo a preguntarle antes de que me rebote un pequeño saltamontes en la ceja izquierda; luego una polilla me aterriza en la uña del meñique de la mano izquierda y escala hasta el nudillo justo a tiempo de evitar que le caiga encima una luciérnaga. Siguen cayendo insectos a un ritmo constante hasta que cae una mariquita y detrás no cae nadie más. Bueno, parece que ya está: una gotera de agua convertida en una gotera de insectos. Esperando a ver qué o quién se derrama después, con fundados temores de ser yo el siguiente, decido que es un buen momento para ponerse a escribir. Y a falta de algo mejor pues voy y escribo esto.
14-10-2008 00:00:48
No hay guadaña más afilada que las agujas del reloj.
09-10-2008 00:00:49
Antes de ir a la comisaría pasé por el bazar chino de la esquina. Ya me conocen, o deberían, porque compro muchas mierdas en su tienda de mierdas de mierda, lo que pasa con los chinos es que nos ven a todos iguales y les cuesta relacionarse justamente porque les cuesta relacionarnos. Tengo unas conferencias en Perú dentro de un par de meses, en Perú me admiran mucho, en Perú saben lo que es bueno, yo admiro mucho a los peruanos por esta capacidad suya de apreciar lo que vendría a ser el arte. Así que me tenía que hacer el pasaporte porque al parecer sólo con mis libros no me dejaban entrar, y como soy como soy me compré una peluca panocha de grandes rulos, una barba de chino de esas finas con el bigote incorporado y un gafonariz y me fui al fotomatón del suburbano a sacarme las fotos para el pasaporte. Ya en la comisaría esperaba que me dijeran que no, que eso no podía ser, que en algún sitio lo decía bien claro, esperaba que se rieran un poco, alegrarles un poco el día, o amargárselo que ya se sabe de esa tendencia que tiene la gente a tomárselo todo a mal. La cuestión es que la chica me dijo firme aquí, cogió la foto, sin tan siquiera mirarla, o mirándola pero sin verla, la pegó en su cartoncito, la escaneó mecánicamente, pasó el pasaporte por la maquinita prensadora, le quitó el sobrante del plastificado y me lo entregó. Creo que mañana o pasado lo pierdo, ya veremos. We are the robots.
04-10-2008 00:00:50
Como no sabía muy bien de qué hablaba, se valía de sus recursos, me hablaba como empresario, luego como marido, como camarada, raramente lo hacía simplemente como quien era, como Sven Svänstrom. Me ponía ejemplos comparativos de los peor escogidos y se desdoblaba, se desdoblaba mucho, no paraba de desdoblarse: “y ahora no te hablo como Sven” me decía, “ahora te hablo como el jefe despiadado que soy”; y tanto se desdobló que perdí el hilo, una vez más; huí de allí sin moverme: instalada en mi mente la idea de desdoblarme yo también, de dirigirme a él no como el líder sindical que soy sino como el domador de conejos enanos que llevo dentro. Me entraron ganas de ponerle algún ejemplo loco, de descolgarme con un: “tu silencio al respecto de esta cuestión me recuerda aquella vez que mi conejo se atrincheró debajo del sofá sin salir durante más de tres meses, de tal suerte que cuando finalmente asomó la cabeza, yo, que ya no recordaba haber tenido jamás ningún conejo, lo eché de mi piso a escobazos”. Lástima que cuando dejé de hacer volar mi imaginación y aterricé de nuevo en el despacho de Sven, eran tantos ya los Svens allí congregados y el despacho tan pequeño, que preferí no desdoblarme no fuera a ser que no cupiéramos.