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raramente (2006 - 2008 - 2010 - 2012)

19-07-2008 08:07:50

Hacia el polvoriento horizonte del olvido


Hoy sólo estoy seguro de que yo estaba seguro. En mis recuerdos tengo que estar aunque poco o nada recuerde ya. Un coche, una carretera, personas dentro… invenciones, deducciones: un sueño contado a media tarde. Si alguna vez ocurrió algo en un coche, hoy el coche, si es que era un coche, ya no tiene ruedas; si había gente dentro, por fuerza yo tenía que estar, y los otros protagonistas…  ¿Dennis Lima (mi editor)? ¿Neme? ¿Coral? Leni no creo, no sé, yo y tres o cuatro maniquíes modernos, unisex, de esos que no tienen cara; si íbamos hacía algún lugar, que a algún lugar teníamos que ir seguro, te dejo que pongas tú los nombres que en mi recuerdo no los recuerdo; mi recuerdo somos yo y tres maniquíes varados en un coche sin ruedas en una carretera que no viene ni va a ninguna parte, esperando el momento en el que el coche haga ‘plic’, los maniquíes ‘ploc’, la carretera ‘flop’, y se pierda otro recuerdo, enterito todo, en los cada vez más brumosos meandros de mi cerebro.

17-07-2008 08:07:06

Con un 4% de plátano


Me gusta la gente que intenta contar cosas, creo que es algo que está muy bien, pero a mí mejor que no me las cuenten. He pensado esto mientras cogía un plátano del frutero y pensaba:  “un trozo para mí y otro trozo para Len y pienso dos cosas a la vez que con esta ya son tres”; a Len le encantan los plátanos, a mí también, pero mucho más que los plátanos me gusta hacerla rabiar, me gusta pelar el plátano y hacer como si no estuviera pasando nada, como si en realidad me estuviera cosiendo un botón de la camisa, como si no hubiera tal plátano, como si no hubiera tal conejo, como si la cosa no fuera con ella ni con el plátano ni conmigo, y así sigo la comedia un buen rato haciendo como que ni la veo hasta que consigo que se ponga a zumbar y a golpear el suelo con sus patas traseras. Entonces es cuando le doy el plátano, un trocito sólo, y el ruido de Len comiendo plátano, eso ya sí que es mucho mejor que todo lo anterior: una pura delicia. Pero todo esto es de lo más normal, es un postre normal, una escena de postre en casa de los Dimas, lo que no es tan normal es pelar un plátano y que dentro haya otro plátano más chico y dentro del plátano más chico otro más chico todavía, y todavía otros tres plátanos más cada vez más y más chicos y el siguiente extrañamente más grande que el anterior pero apretado, como caprichosamente encajado a presión por la madre naturaleza, y dentro de ese otro otra vez otro más pequeño y dentro del siguiente la pera de San Juan.

15-07-2008 08:07:07

Con un 7% de plátano


A mí me da igual lo feo que me salga el texto, si tengo que contar algo lo cuento y ya está, y si tiene que salir la palabra plátano veinte veces pues sale veinte veces y no me voy a andar con que si la banana, con que si el fálico fruto pajizo o el dulce tesoro oblongo de los dioses o otras cosas que de tan sutiles y poéticas es que ni se entienden.  Esto era la introducción, vayamos al nudo:  Digamos que ayer me apeteció comerme un plátano y por eso cogí un plátano del frutero y lo pelé y resulta que dentro de la cáscara del plátano había otro plátano con su cáscara pero más pequeño, y desechada la primera cáscara pelé de nuevo el plátano y dentro del plátano había otro plátano más pequeño que el primer plátano y que el segundo plátano y que dentro del tercer plátano me salió otro plátano como en una extraña matrioshka de plátanos, y tiré la cáscara del plátano y leni andaba loca porque le encantan los plátanos e iba pegando carreras por el salón resbalando doblemente con el gres y las cáscaras de platano, muy falta de grip en este tipo de superficies, zumbando como una abejita, y todavía dentro de ese tercer plátano salió un cuarto plátano, éste más grande que el segundo y que el tercer plátanos pero en ningún caso diría yo que más grande que el primero, encajado ahí a presión por la caprichosa madre naturaleza, y ahora ya sí que resumo para precipitar el desenlace, porque cuando había esparcidas por el salón no menos de treinta cáscaras de plátano, al pelar la última cáscara, dentro, salió la manzana.

 

13-07-2008 08:07:08

Hikikomori


Mañana hará un mes que Leni se atrincheró debajo del sofá. Yo sospeché desde el primer día que era algo que podía ocurrir, por eso decidí serrar las patas del antiguo sofá para no dejarle espacio suficiente para que se metiera debajo; pero entonces la incomodidad fue de Coral y mía, por tener que sentarnos a nuestra edad en un sofá tan bajo, tan a ras de suelo, las rodillas se nos resintieron y a la semana ya teníamos otro sofá nuevo y el conejo atrincherado y mordisqueándonos los talones. Hubo una época en la que pasaba ahí debajo la mayor parte del día y sólo salía por las noches a estirar las patas persiguiendo pececitos de plata, pero mañana hará un mes que no sale ni para mear. De vez en cuando, cuando le pregunto a Coral cosas del tipo “¿te acuerdas de ese conejo que teníamos?”, Leni saca la cabeza, sólo la cabeza, y su mirada está llena de rencor. Me hace sentir fatal, porque no sé qué puede haber ocurrido, algo hicimos mal, esto parece claro, aunque también podría ser algo tan simple como que el laboratorio haya cambiado la fórmula de su pienso y ahora no sea del gusto de Leni, lo que le ha causado un disgusto grandísimo al animal. No siempre es fácil calcular los motivos del naufragio. Desde que Len se atrincheró debajo del sofá que Coral está medio mustia y pasa cada vez más y más tiempo en el estudio con la mirada ida. Cuando voy a la despensa a por la comida de Leni y de Coral temo que sea ése el lugar reservado para mí y me angustio una barbaridad porque la despensa es muy húmeda y angosta y el techo muy bajo y la bombilla está fundida desde hace la de años.

11-07-2008 08:07:09

We are the robots I


El programador del robot que tiene sentimientos no tenía sentimientos hasta que se enamoró de su robot.

10-07-2008 08:08:00

Lector de arrugas de expresión


El lector de arrugas de expresión es de una utilidad relativa y de una fiabilidad poco clara. El aparato tiene forma de lápiz y un lector óptico en la punta que no da mucho cáncer. El lector de arrugas de expresión incorpora una pantalla de cristal líquido por la que desfila toda la información. Su manejo es muy sencillo, se trata de deslizar el lector de arrugas de expresión por el contorno de la arruga que hayamos decidido analizar y esperar a que éste nos muestre los resultados en su pantallita. Los resultados del análisis se muestran con nombres y porcentajes, de manera que tras contornear con la punta del invento la arruga en cuestión, el lápiz nos mostrará el nombre y el porcentaje de responsabilidad de cada uno de sus culpables, siendo igualmente posible y correcto decir que nos mostrará el nombre y el porcentaje de culpa de cada uno de sus responsables. Así que si paso el lápiz por el surco que surca mi entrecejo, la pantalla de cristal líquido me revela que el 90% de la culpa es vuestra por cómo me hacéis fruncir el ceño cada vez que leo vuestros absurdos comentarios. Uno puede pasarse horas y horas descubriendo las ocurrencias o los disgustos de quién fueron los causantes de esa telaraña de patas de gallo que le agrieta el rostro a base de recorrer su geografía con el lápiz lector de arrugas de expresión, un invento más de la industria cosmética que tampoco quita las arrugas ni lo pretende pero que por lo menos un ratito te entretiene.

09-07-2008 08:08:10

Prefiero subir solo


Con el vecino de abajo, el dueño del pequinés, en el ascensor, ayer por la tarde. Coral y yo, después de cinco años, seguimos siendo un misterio insondable para él que trato de alimentar haciéndome el raro siempre que puedo. Ayer coincidimos en el ascensor, yo llevaba una bolsa de serrín prensado para Leni y enseguida vi su cara de bobo boquiabierto fijarse en la bolsa de serrín y sus intenciones transparentes de arrojar luz a sus incertidumbres. Y bueno, me apeteció anticiparme: '¿Usted lee lo que firma? Porque yo no lo leo casi nunca, sobre todo si voy con prisas y el contrato es largo y con mucha letrita y mucha cláusula... es que la nada me atarea ¿sabe?, me trae de cabeza... para mí que he vendido mi alma al diablo sin saberlo por lo menos 50 veces y a 50 diablos distintos, seguro que estarán ahora de abogados a ver quién se lleva el gato al agua y por eso sigo aquí hasta que resuelvan el entuerto tan rumboso, ¿qué le parece la ocurrencia?' 'No sé... ¿porque ustedes qué animal tienen?' ( lo sabía, lo sabía, lo sabía...). 'Un dragón de Komodo.' '...  Ah... es que mi mujer y yo oíamos el “chekchekchekchek” de uñas y creíamos que igual era un hurón o un conejo que escarbaba.' 'Ah pues no no, no son uñas, son cuchillos y es un dragón de Komodo de dos metros, escarba mucho, es verdad, está intentando comunicar mi piso con el suyo a través de un túnel y cuando lo consiga, automáticamente, su vivienda, su señora y el pequinés pasarán a ser míos.' '¿?'  'Léase bien lo que pone su contrato de compra sobre los túneles y los dragones de Komodo, el redactado es diáfano, no da lugar a interpretaciones.' Se ha perdido en su rellano pensativo, a saber pensando qué.

07-07-2008 08:08:20

Engorda


Mi esperanza come aparte, y contra eso no hay nada que se pueda hacer hasta que definitivamente no se pueda hacer nada; y  dime tú, si lo sabes, quién alimenta mi esperanza que yo no lo sé. Me cuesta entender y me hace daño verla renacer una y otra vez tan hermosa después de tantos años, de tantos daños. Dime tú quién es el maldito que le pone esos filetes de medio kilo en su comedero cuando no miro, dime de dónde sacará toda esa bollería industrial con la que se embucha, ¡Dímelo ostias! Dime cómo puede ser que engorde y engorde  a pesar de todos los pesares, a pesar del cementerio de desengaños que acumulo en mi jardín, a pesar de todas las evidencias que le susurran al oído: “esfúmate imbécil...”, de tantas señales como la impelen a desvanecerse, a coger la pala del cobertizo y empezar a cavar, a cavarse, a acabarse, a adelantarme ni que sea un poquito el engorro de tener que ser yo quien la entierre, ¡Yo! ¡Encima!, después de tantas falsas ilusiones, ni a quitarme un poco de trabajo se digna, después de seguir y seguir embaucándome con sus engaños; coge la pala y cava, perra, ahórrame ni que sea el tener que salir al jardín en un día de lluvia, porque el día que te estalle el buche lloverá como siempre, y me tocará calzarme las katiuscas una vez más y embarrarme hasta los tobillos para luego embarrar mi casa mientras contemplo a través del ventanal esmerilado por tantas gotitas mi última esperanza, transformada ya en desengaño, descansar junto a las otras mil enterrada en el lodazal de desilusiones de mi jardín.

03-07-2008 08:08:30

Presidir lo que sea


Me he hecho sindicalista. Algunos quisieron ver en mi decisión un cierto afán de notoriead, pero lo que en verdad ocurrió es que alguien me dijo un día firma aquí y yo firmé aquí y eso fue todo. Lo cierto es que por no saber no sabía ni a qué sindicato me afiliaba. Ahora ya lo sé, me lo dijeron el otro día, “tu grupo en pleno ha dimitido. Sólo quedas tú y eres el nuevo presidente”. Sé que eran tres o cuatro letras de nada, pero ya no me acuerdo. Ayer tuve una reunión con la cúpula de la fábrica de anécdotas, no tenía ni idea de cuáles eran los temas a tratar porque mi desinterés por todas las cosas en general es grande. Sin embargo, de camino al despacho de Sven y de Aaro, cogí unos papeles que algún empleado de la fábrica de anécdotas había olvidado recoger de la impresora porque me pareció que vestían mucho enrollados como en un tubito y subí con la secretaria del comité. Aaro y Sven nos esperaban sentados, comprimiendo los labios por toda salutación. Comprimí los labios yo también y golpeé la mesa suavemente con el canutillo. Empezaron con su palabrería; estos chicos se expresan muy bien, pensé: sonrisitas por aquí, fruncimiento de ceño por allá, ahora te hipnotizo con el movimiento de mis manos, muy muy bien. Bravo. Ellos eran los mejores, eso seguro, pero el motivo de la reunión no se terminaba de entender, no quedaba claro a qué venía todo ese jabón, todas esas flores hacia su maravillosa forma de manejar la empresa. Cuando escuché lo mismo por quinta vez perdí definitivamente el interés. Empecé a fijarme en las arrugas en la frente de Sven haciendo catalejo con los papeles enrollados: tensión/reposo/tensión/reposo. En la tensión se le formaban cinco líneas perfectas, unos surcos profundos que milagrosamente desaparecían por completo al relajar el gesto, “qué piel tan elástica Sven, qué envidia”; de Aaro me llamó mucho la atención el blanco amarillo de sus ojos, si le mirabas fijo, el amarillo se salía del blanco como pintado por un niño torpe y se apoderaba lentamente de la sala: amarillo en la pintura verde, amarillo en la jarra de agua, amarillo en los surcos de la frente de Sven, amarillo, amarillo, amarillo… Hubo un momento muy amarillo en el que todos me miraron, no sé cuánto tiempo tardaría en darme cuenta, un minuto, puede que dos, era mi momento, esperaban algo de mí, que dijera alguna cosa; aparté de mi ojo izquierdo el canutillo de hojas, lo desenrollé y empecé a pasar páginas parsimoniosamente, recetas caseras: pollo al limón, pastelillos de boniato y almendra, qué ricura… estuve así un buen rato, pasando páginas haciéndome el interesante, como buscando algo, hasta que finalmente dije: “Sven, Aaro, qué más dará lo que yo diga, si total al final, con esta palabrería hipnótica que gastáis, terminaréis haciendo lo que os dé la gana como siempre. Además, hace mucha hambre ¿no? ¿por qué no lo dejamos para otro día y nos vamos a comer?”

29-06-2008 08:08:30

Taxidermia IV (yo no estaría tan seguro)


Tu profesionalidad desalmada me diseca lentamente el alma.  Es lo que pienso, vale que no te lo voy a decir, pero te miro como insinuando “quiero que te quede muy muy claro”. Y asumo mi derrota. Hoy lo has vuelto a hacer, esta vez en la panadería, “¡Quieto!” me has gritado, y me he quedado quieto mientras sacabas tu libreta y apuntabas vete tú a saber qué cosas: que si el ángulo de mi brazo con el antebrazo, que si el brillo de la calderilla en mi mano, que si la distancia de mi mano a la mano de la panadera, que si el enarcado exacto de mis cejas, que si  la abertura justa de mi boca, que si mi rictus atolondrado. Yo qué sé. “Quisiera que este momento durara para siempre” dirá la protagonista de la peli sensiblera de turno, pues ya lo ves, a veces la realidad emula la ficción cinematográfica de la manera más tonta. Juega muy a favor de este deseo el hecho de que en general sea imposible, porque una vez paralizado con tu mano a 20 centímetros de la mano de la panadera, superada la emoción inicial del momento, la cosa cambia, porque pronto llegará  la incomodidad quieta, las primeras rampas, la angustiosa incertidumbre de pensar que verdaderamente el mundo te haya podido dejar congelado en tan incómoda postura para siempre. “¿Puedo moverme ya? ¿Puedo pagar la tarta de azúcar?”, he dicho con temblorosa voz de ventrílocuo, y desde el quicio de la puerta me has contestado que sí, ¿y por qué desde el quicio? Seguro que te has puesto ahí a propósito porque sabes cómo odio esa palabra, porque sabes bien cómo me saca de quicio. Hemos salido a la calle. No soporto cuando me haces esto, porque en el fondo sé y me molesta que se te escapen los detalles más importantes. Se te escapa que este cuadro, montado en la habitación de los invitados cuando me llegue la hora, con polvorientas tartas y panes de yeso en polvorientos cestos de mimbre, y aunque mi postura sea exactamente la misma y el marco se le parezca mucho, carecerá del elemento que le da sentido y fulgor: el cuerpo disecado de mi panadera favorita.

27-06-2008 08:08:20

Pide por esa boquita, imbécil


Hay demasiado turista, demasiado maleante, demasiada gente, ¡Demasiada! ¡Pero qué agobio por favor! Pues nada, quitamos a la gente y ya. Hecho. Pero es que el ruído de los coches es insoportable. Pues fuera los coches también. Y todos estos mimos ridículos y estos caricaturistas de poca monta fuera también, todos fuera. Vale, fuera los mimos y los caricaturistas. Y el polen de los plátanos... me pican los ojos, me cuesta respirar, no puedo parar de estornudar, ¡menuda pesadilla! Tú no te preocupes, sin árboles ni nada. ¿Y con el sol del mediodía qué hacemos? me ciega y me quema la piel y los labios cosa mala. Pues el sol lo metemos bajo el agua y listo. Y cómo crispa el cacareo de la pajarería de los quioscos ¿no?, y qué cosa tan entristecedora todos esos conejitos despeluchados hacinados en jaulas de medio metro cuadrado, ¿fuera también? Fuera, claro que sí, todo fuera. Uf... ahora sí, qué gusto pasear por La Rambla como si pasearas por una carretera comarcal de los Monegros un miércoles a las tres de la madrugada.

25-06-2008 08:08:10

Aritmética de la estupidez (II)


Teniendo en cuenta que en la anotación Director's Cut se explicaba que para realizar cada uno de los vídeos de las personas que fallecían hacía falta una semana de trabajo, y considerando que cada segundo mueren de media dos personas y que cada semana consta de 7 días cada día de 24 horas y cada hora de 3.600 segundos, una simple multiplicación nos da como resultado que son 1.209.000 las personas que mueren en el mundo cada semana y por lo tanto 1.209.000 los vídeos que habría que montar y 1.209.000 las personas que nos harían falta para llevar a cabo tal empresa al ritmo de trabajo que en la anotación se describía. Y eso sin tener en cuenta las bajas laborales, las horas sindicales de los caraduras del sindicato, las huelgas derivadas del hecho de tener que trabajar eternamente los 7 días de la semana y el trabajo que pudiera acumularse eventualmente debido a las epidemias, guerras y catástrofes naturales varias. Hechos los cálculos oportunos no puedo por más que concluir que la anotación Director's Cut es imposible y mentira. Por lo que se refiere a Vayan ocupando su sitio, y basándonos en esta misma y dudosa aritmética de los dos muertos por segundo, para entender los cálculos del rumano nos haría falta resolver la siguiente ecuación de primer grado:  2 (muertos por segundo) * 3.600 (segundos por hora) * X (siendo X las horas de vida extra que corresponderían a 50€) = 100.000 (posiciones que retrocedemos en la cola). Aislada la incógnita obtenemos como resultado que X=13'8888889 horas, o sea, que el rumano no nos estaría vendiendo 12 horas más de vida sino 13 horas con 53 minutos, lo cual supone una terrible contradicción, porque, puestos a estafarnos, el rumano en ningún caso haría el redondeo a la baja sino que lo haría al alza hablando de 15 horas como poco, si no de un día o dos o, ya en una visión más realista del asunto, de dos o tres semanas. Mentira, mentira, mentira. Otra vez Imposible y mentira.

23-06-2008 08:08:00

Si es que se veía venir que acabaría llorando


"Acuérdate de regar las plantas" me dijo, y se fue. Antes se había preparado un sándwich de salami, me sorprendió la cotidianidad de su proceder: cogió el paquete de Bimbo del armario de la izquierda, el salami que había debajo de una bandeja de pollo dentro de la nevera, un tomate del verdulero, un cuchillo del cajón de los cubiertos, todo con una gran determinación, con un gran dominio del espacio. Su casa. Su sándwich de salami. Después cortó el tomate por la mitad encima del mármol, lo frotó con el pan, le ofreció los despojos a Leni y con una sonrisa que tocaría que fuera melancólica pero que a mí no me lo pareció, le acarició la cabeza mientras el doméstico animal atacaba frenético, ajeno al drama doméstico, los restos del tomate; abrió el envase del salami y dispuso cinco lonchas, hasta podría dibujar cómo quedaron distribuidas sobre el pan, cortó un trozo de papel Albal del soporte, envolvió el bocadillo, recogió su pequeña maleta, "Acuérdate de regar las plantas" me dijo, ella que nunca se había preocupado por ellas, y se fue. Salí al balcón justo a tiempo para verla salir por el portal y dirigirse a la plaza, la vi sentarse en un banco, desenvolver el sándwich: Coral comiéndose un sándwich en el parque, ¿y qué tendrá de distinto esta escena a todas las escenas que fueron antes? Contemplé el níspero en su tiesto -¿las plantas? Será la planta, ¿Las plantas un níspero? ¿qué plantas?-, luego otra vez a Coral, comiéndose su sándwich de salami, luego otra vez el níspero, más largamente, y otra vez a Coral, esta vez levantarse, alejarse, perderse detrás de una esquina después de tirar en una papelera el papel Albal. Coral reducida a una bolita de plata y su pequeña maleta a ruedas detrás, convertida en su nueva mascota fiel: lo último que vi de ella. Por la noche comí salami sólo, solo, solo -salami solamente, solo yo y solo el salami-, sin pan ni nada. Me acordé luego de “las plantas”; salí a regar el níspero esperando encontrar la solución a todo ese embrollo, y fue oler la tierra mojada y echarme a llorar un poquito.

21-06-2008 08:07:09

Vayan ocupando su sitio


No sé cómo he llegado hasta aquí. Yo sólo iba a comprar pan. Pero en la cola hay muchos niños negros y muchos abuelos y mucho de cada cosa y de cada casa. Hasta se diría que estamos todos, porque ni hacia delante ni hacia atrás se ve el final ni que te pongas de puntillas. Qué raro. A pesar de que avanzamos muy deprisa, lo que es evidente es que si esta cola es para el pan hoy en casa no rebañaremos el plato. Se me acerca un rumano con cara de malo, me ofrece un número en la cola, debo de oler a tonto confundido, “100.000 posiciones por 50 euros" me dice, "tengo la moto aparcada aquí en la esquina”. Llevo un billete de 50 que pretendía descambiar y algo de calderilla que me llega para una barra de cuarto; 100.000 posiciones me parecen muchas posiciones, así que le digo que vale sin pensármelo demasiado: así de poco valoro el dinero y así de importante es para mí el pan para acompañar el estofado. Nos montamos en su moto, pero en vez de llevarme hacia delante reculamos durante más de 10 minutos a toda velocidad; nos bajamos de la moto y me hace hueco entre un esquimal de unos 30 y un indio de unos 40 y me exige sus 50 euros. Le preguntó entre miradas recelosas si se trata de una broma o qué, que qué se supone que he ganado yo con eso, “redondeando, 100.000 posiciones hacia atrás vienen a ser unas 12 horas más de vida”. Se aleja con mi dinero mientras seguimos avanzando muy deprisa y se va también él a ocupar su sitio en la cola de la muerte.

17-06-2008 08:07:08

Hipnosis del conejo enano (y III)


El déficit de atención del conejo enano es fácilmente comprensible si consideramos lo extremadamente desarrollado de algunos de sus sentidos. Si me leen en alto cojan aire que la frase es larga y fue grande la pereza que me dio puntuarla: Que el golpeteo de las patitas de una araña contra el gres en su transitar por debajo del sofá pueda ser percibido por un conejo con la misma intensidad que nosotros percibiríamos el percutir de un martillo neumático en las obras del AVE un domingo de resaca en Sants a las 6 de la mañana nos puede dar una idea de lo que puede ser vivir permanentemente con ese ay. Es por este motivo, por la facilidad con la que se nos distrae el bicho, que para la correcta hipnosis del conejo enano nos harán falta no menos de seis personas bien entrenadas a tal efecto. Para conseguir centrar la atención del animal, uno de los hipnotizadores deberá agarrarlo con mimo por la grupa; simultáneamente, el hipnotizador número dos le acariciará la cabeza con leves movimientos circulares en el sentido de las agujas del reloj al tiempo que le susurra al oído pícaras coqueterías. El tercer hipnotizador será el encargado de hacer pinza con el índice y el pulgar entre el hocico del animal y su barbilla: encontrar la presión justa que permita limitar el permanente olfatear del conejo y evitar así que se nos distraiga por ejemplo con el olor a fritanga del bar de tapas de la esquina y a la vez conseguir que no se nos muera asfixiado, constituye una de las más bellas formas de arte de todo el proceso. Más complicada todavía es la tarea del cuarto y quinto hipnotizadores, pues es grande la sincronía que requiere su cometido: situados uno a cada lado del animal y equipados con péndulos con cadena de oro blanco y masas helicoidales de cuarzo hematoideo talladas a mano por los mejores artesanos chinos, los hipnotizadores harán balancearse los péndulos simultáneamente y a una distancia de los ojos no superior a los 26 centímetros y no inferior a los 25 de forma que el péndulo del ojo derecho y el del ojo izquierdo se balanceen en sentidos opuestos para encontrarse frente a frente sobre la vertical exacta de sus cadenas en una o tres de cada siete oscilaciones. El último de los hipnotizadores, pasados 35 minutos de precisos balanceos, y si todos los pasos se siguieron escrupulosamente y si somos tan afortunados que encima el conejo resulta que tenía un buen día, es el encargado de decir la frase: “ahora contaré hasta tres y cuando diga tres te despertarás en medio del caprabo de la esquina” o lo que sea, porque no sé yo si hay en mi barrio tantas esquinas para tantas cosas como suelo poner en ellas. Entonces el conejo, liberado ya de los seis hipnotizadores y si las medidas de la sala lo permiten, describirá unas trayectorias que muy bien se podrían interpretar como nerviosas carreras entre los distintos pasillos del supermercado a la búsqueda de la verdulería. Carreras que no podremos evitar que los más escépticos interpreten como de alivio y de desahogo después del toqueteo de tanto iluminado.