Pequeños desperdicios
Mi cerebro trabaja por la mañana, de 6:30 a 6:45 normalmente y luego sestea hasta la mañana siguiente. Tengo que revisar su contrato laboral, pero este es otro asunto. Hoy ha dedicado un cuarto de hora a pensar qué hacer durante el segundo accesorio del año 2006, y hablo de tiempo y no de gadgets. Los segundos no los regalan todos los días y hay que aprovechar. Podría alargarme con mi escritura chispeante, pero, considerando el beneficio que por ello voy a obtener, me salto este capítulo y me voy directo a las conclusiones. Nada, que voy a hacer una mueca rápida, enarcando las cejas y sacando un poco mis carnosos morritos, con cierto aire de sorpresa, mirándome al espejo sorprendido de mi sorpresa y de mi propia estupidez. Podeis probarlo en vuestras casas, yo lo haré a eso de las 16:20, justo después de comer.