Lo confieso, maté a mi padre
Todo el mundo guarda un secreto inconfesable. O dos. Hay una prueba relacionada con este tema muy fácil de hacer y que a mí me tiene entusiasmado. La época de las cenas y de las hostias ha pasado ya afortunadamente, pero vendrán más y peores. Este es un juego idiota para las cenas: Reúnase con unos cuantos amigos y conocidos, y en el fragor de la batalla dialéctica suelte lo siguiente: "Todo el mundo guarda un secreto inconfesable". Las caras de secreto inconfesable acompañadas del más absoluto de los silencios son reveladoras. Achinando los ojos y fijándose mucho, hasta se pueden llegar a ver delitos de sangre, pequeños hurtos, perversiones sexuales de lo más cerdito sobrevolando el mantel. Sí amigos, la gente se delata. Y no, no tengo perversiones sexuales particularmente cerditas, ni tampoco maté a mi padre. O si?