El día del pingüino
Existe una corriente muy preocupada por combatir la rutina a la que me he sumado recientemente. En mi caso la idea consiste en programar el despertador todos los días a una hora distinta. En vez de hacerlo a las 6:45 como lo venía haciendo hasta ahora, mi nuevo horario anti-rutina ha quedado tal que así: Los lunes a las 6:43; los martes a las 6:40 y reflexiono cinco minutos; los miercoles a las 6:47 y me salto el desayuno; los jueves a las 6:44 y romanceo un minuto y los viernes a las 6:46 y voy de culo. A ver qué tal.