Terrible catástrofe nuclear
Después de esa terrible catástrofe nuclear, pasé tres años encerrado en mi piso como un anacoreta. Éramos tres: el tele, yo y la arañita. Yo me pasaba el día chupando tele, comiendo pizza y bebiendo cerveza y la araña en el techo tan pequeña y tan quieta. ¿Qué coño comerá? me preguntaba, no parecía haber mucho alimento en los cinco centímetros cuadrados por los que solía verla. Pero seguía amaneciendo cada día en un sitio distinto. Ocurre que uno no se da cuenta de los cambios cuando los tiene tan cerca, y me ocurrió a mí, que no me di cuenta de lo amenazante y gorda que se había puesto la arañita hasta que un día, los pelitos urticantes de su cuerpo, me empezaron a tapar el tele.