No maté a mi padre, no maté a mi padre, no maté a mi padre...
En las reuniones de sociedad (??!) me gusta dar mi opinión para al cabo de diez minutos justos decir todo lo contrario. Es un ejercicio muy fácil que sirve para constatar que no hay dios que escuche nunca nada. Si por un casual alguien se descuelga con un "Leni, pero si hace un momento has dicho todo lo contrario", si ocurre eso, entonces viene cuando me enojo, me pongo hecho una furia, me creo hasta lo más hondo que nunca dije aquello hasta que estoy tan convencido de ello, tan profundamente indignado, que los mando a todos a la mierda, sí a todos, me levanto y me voy.