Tres formas parecidas de sudar como una Madalena
A Madalena, que sudaba mucho, le hablé en una ocasión de lo increíblemente regular de mi estado de ánimo. Le comenté que raramente tengo altibajos, que hay muy pocas cosas que me afecten y que ni me acordaba de la última vez en la que me sentí abatido por algo. Madalena me dijo que las únicas personas que se sienten así son las que están muertas. Ayer fui a recoger los resultados de la segunda analítica, me la hice repetir por si acaso, el asunto me pareció lo suficientemente serio como para ser precavido. Confirmado, estoy vivo. Tengo que vigilar el azúcar.
A Madalena, que sudaba mucho, le hablé en una ocasión de lo increíblemente regular de mi estado de ánimo. Le comenté que raramente tengo altibajos, que hay muy pocas cosas que me afecten y que ni me acordaba de la última vez en la que algo me hizo sentir abatido. Madalena me dijo que las únicas personas que se sienten así son las que están muertas. Hace unos días que, recordando, me entró la curiosidad. Ayer fui a recoger los resultados de la segunda analítica, me la hice repetir por si acaso, el asunto me pareció lo suficientemente serio como para ser precavido. Supongo que estamos de enhorabuena, queda descartada toda sospecha: estoy vivo. Tengo que vigilarme el azúcar.
A Madalena, que sudaba mucho, le hablé en cierta ocasión de lo increíblemente regular de mi estado de ánimo. Le comenté que muy raramente tengo altibajos, que todo me lo tomo a bien, que son muy pocas las cosas que me afectan y que ni me acordaba de la última vez en la que algo me hizo sentir abatido. Madalena me dijo que las únicas personas que sienten así son las que están muertas. El otro día llegaba tarde a trabajar y me tocó córrer. Entre que ya no tengo edad y que la primavera aprieta, llegué a la fábrica de Sven sudando Madalenas y, recordando, me entró la curiosidad. Ayer fui a recoger los resultados de la analítica. Supongo que estamos de enhorabuena, ha quedado descartada toda sospecha: estoy vivo. Debo vigilar el azúcar, eso sí.