Carcoma
A veces lo recuerdo y pienso que fui injusto, porque ¿cómo iban a saberlo? pero las normas son las mismas para todo el mundo, también para mí ¿cómo iba yo a saber tantísimas cosas? Fue antes de conocer a Coral. Yo vivía solo, en medio del desorden. Estaba solo y tocaba el chelo. Qué más me daba que revoloteara por ahí toda esa carcoma; qué más me daba que se comieran la cómoda, que se comieran el piano. Era mi única compañía y qué más me daba todo. Los insectos adultos salían de sus agujeritos tan redondos a finales de primavera y me acompañaban hasta que se acababa el curso. Todo fue bien hasta que un día descubrí a esa hembra de carcoma depositando sus huevos en una rendija del puente de mi violonchelo. Fue el detonante de una guerra cruenta que duró tres años y que gané yo.