Punto de vista
Nos dan a elegir entre: ser capturados en una jungla de espinacas gigantes en Madagascar, para posteriormente ser prensados, empaquetados al vacío, encerrados en una caja de cartón, congelados a menos 300 grados, transportados a 5000 kilómetros de distancia, siempre el frío, luego la espera en la estantería, después el agua, primero fría, templada, caliente, hirviendo, finalmente el tenedor, el cuchillo, la descuartización, cuando nada importa ya. Esto es la opción uno, la dos es comerse un trozo de cucaracha con guarnición. Así planteado lo tengo claro, ahora bien, ayer fui al Dia% a hacer la compra del mes. Entre otras muchas cosas compré espinacas congeladas, de vuelta a casa las cociné con crema de leche y piñones y después de trocearlas con cuchillo y tenedor, vi ese cuerpo extraño marrón oscuro, que no marrón piñón; busqué más trozos, los encontré: aquí se distingue una pata, eso parece una alita, ahí está la cabeza, una rotunda cabeza de cucaracha americana. Ayer encontré una cucaracha entre mis espinacas y me quise morir.