Of mice and men
Dennis Lima, mi editor, no encuentra su sitio. Después de un mes entero llamándome casi a diario para salir de copas y hablar, el pasado viernes me cogió en falso, me fallaron las excusas y salimos a tomar algo por el barrio. Empezó con sus miserias, años atrás fue teleoperador y ahora teme que debido a la mala racha que atravesamos tenga que volver a verse aguantando a imbéciles: "De lo que más me acuerdo es de aquella vez en la que me llamó una señora solicitando una ambulancia para llevar a su madre al hospital, textualmente me dijo: "He salido a comprar y mi madre estaba agonizando de una forma tal, que he pensado que al volver me la encontraría muerta."." Por ser que no le gustaba el trabajo, me contó cientos de anécdotas como esta; entre una y otra un "tiene gracia" y su risita de conejo. Después, los gin tonics le llevaron a un estado de vacía esperanza: "Intuyo que tu y yo haremos algo grande Leni, llenaremos esta mesa de billetes." Me acosté angustiado, con un tremendo peso en el pecho, debo escribir algo maravilloso no por mí sino por Dennis. Las cosas que debemos hacer por los demás pesan siempre mucho más que las que debemos hacer por nosotros mismos.