Otra refrescante memez veraniega...
La fe mueve montañas y agita calzoncillos. Dos cosas muy difíciles de demostrar, sobretodo la segunda. Llevo 9 calurosos veranos practicando y a juzgar por lo plácido de mi descanso nocturno estos días, estoy por asegurar que lo he conseguido. ¿Pero cómo lo demuestro? Consiste en tumbarse en la cama, quitarse los calzoncillos, pasar el dedo índice derecho por uno de los camales, levantar el brazo apuntando al techo y agitar los calzoncillos por encima de la cabeza a modo de ventilador. Hasta aquí llegamos todos, lo asombroso del caso radica en que yo soy capaz de seguir agitándolos incluso después de haberme quedado dormido, pero insisto: ¿cómo lo demuestro?