Tornillos por todas partes
El invento más notable del abuelo fue la paloma teledirigida, un ingenio de un realismo casi absurdo. Había que ser extremadamente cuidadoso con la alimentación de la bestia puesto que saltarse una sola comida o comprar pienso para periquitos jodía literalmente el invento. Si se le enganchaba un chicle en la pata, un suponer, había que pedir un recambio carísimo al Japón y el bicho andaba cojo no menos de diez semanas. En realidad lo de los recambios era una argucia del abuelo para ganar tiempo a la vez que encarecía el producto, puesto que toda la producción la realizaba en su masía de Sant Fost de Campsentelles. Cuando cumplí los diez, el abuelo me regaló a Casius Clay, una paloma teledirigida macho con una rascada en la chapa del ala izquierda que hacía un año que trataba de vender a mitad de precio. Jamás fui tan cuidadoso con nada como lo fui con Casius Clay durante las tres semanas que me duró. Por las tardes, cuando la sacaba a pasear para que picara algo, las otras palomas ya la esperaban para cortejarla. Pero un día olvidé lubricar la juntura de su cabeza y al ir a por una miga de pan le chirrió la bisagra en el cabeceo y las otras palomas, las de verdad, la despedazaron.