Por cierto, que le ruego me perdone esta profusión de comentarios. No soy un maníaco oscuro metido en una buhardilla que desencaja los ojos buscando un blog donde enfilar el colmillo. O, al menos, aún no. No soy más que un pobre biólogo (botánico, para más señas) que trabaja en un centro del CSIC (acabado en C, no en D), juguetenado con microalgas marinas. Sólo es que descubrí su blog recientemente y, poco a poco, voy recuperando el tiempo perdido (yo sí, pero no como Proust) leyendo, al principio al azar, y luego algo más sistemáticamente (para no perderme ninguno), sus posts antiguos. Cuando pillo un rato, me leo unos cuantos y a veces no puedo evitar dejarle un comentario. Sé que es como dejarle un post-it a Tut-Ank-Amón (¿Por qué me ha salido ahora éste tío...? Ah, por lo de escoger Ra en el título: curioso subconsciente)decía: dejarle un post-it a Tut-Ank-Amón en su ostentosa tumba, porque poco volverá Usted a releer sus posts añejos, y si vuelve tal vez no se reconozca en lo que escribió (a mí me pasó siempre con los diarios que trataba de escribir de niño. Con el blog que inauguré hace poco... ya veremos: aún es pronto para desdecirme de TODO lo que he escrito). Por lo menos, en éste suyo (record de brevedad en un post), puede que se reconozca aún... pero se reconocerá Usted sólo, porque lo que es yo, no lo aprehendo (qué verborrea que gasto).
Debo evitar tantos paréntesis. Vale. Menos mal que no vivo de la literatura.
Aunque hay autores que los meten a piñón, como Felipe Benítez Reyes (no se lo recomiendo si, como parece -reitero- no se ha tomado Usted su medicación.
Ayer le comentaba a un amigo, que me tiene por inteligente, que no lo soy. Sólo lo parezco a medio y largo plazo. A corto plazo, la falta de reflejos me convierte en un zoquete.
Nota mental: no optes nunca a un puesto de agente secreto, Microalgo. No pasarías de la secuencia pre-créditos.