A puntito a puntito de...
En su día estuve en duda entre tocar el chelo o el contrabajo. Del contrabajo me seducía la idea de tirarlo por la ventana el día en que me cansara de tocarlo, pero por aquel entonces tenía mis inquietudes y mis angustias y me parecía demasiado instrumento para mí, demasiado grande. Temía quedarme dormido tocando, con el contrabajo en las manos, o dejarlo mal apoyado en un receso y que se me viniera encima, en definitiva, mi mayor temor era morir aplastado por mi propio contrabajo. Pero nada de esto ocurrió aunque lo haya contado mil veces. Las cosas que uno estuvo a punto de hacer no cuentan para nada aunque se cuenten mil veces, deberíamos empezar a asumirlo. La única verdad es que me decanté por el chelo, que jamás he tocado el contrabajo, que jamás se me ha caído un contrabajo encima, y, lo que más me apena: que jamás pude tirar un contrabajo por la ventana.