Yo he tocado música clásica un St Patrick's day de madrugada
No sé de quién coño fue la idea. A menudo, cuando la gente no respeta el turno de palabra y se apelotonan los argumentos, me acuerdo de cuando tocaba el chelo con el cuarteto de cuerda en pubs irlandeses los viernes de madrugada. Me acuerdo mucho de cómo cerraba los ojos y me esforzaba en visualizar, en separar, en ponerle nombre a todo el material acústico. De cómo al final era capaz de discernir los cuarenta borrachos de la mesa de la primera fila, del contracanto del violín segundo; la jarra de Guinness que se hacía añicos en un rincón de la sala, del suave rozamiento del arco de la viola sobre su tercera cuerda; la delicadeza de "Der Tod und das Mädchen", de los berridos de una canción tradicional irlandesa ("you're drunk you're drunk you silly old fool..."); la música del ruido. Me acuerdo de cómo, entre ese magma tabernario, nos encontrábamos los cuatro en asombrosa sincronía sin que ni una sola vez, ninguno de los presentes consiguiera darse cuenta del milagro.