El vigilante de la fosa abisal
La fosa abisal vende una barbaridad, tiene encanto, casi tanto como los días de lluvia. La fosa abisal y los días de lluvia son dos cosas que venden mucho. Podría escribir algo maravillosamente melancólico sin esforzarme demasiado hablando de un día lluvioso en una fosa abisal, pero a 11.000 metros de profundidad no es fácil notar la lluvia porque cada nueva gota añade un peso insignificante a las toneladas y toneladas de agua que ya te mantienen encogido.