Ha pasado toda la vida
De madrugada, los pingüinos de peluche de la juguetería, se montan torpemente en las escaleras mecánicas y, chocando entre ellos mil y una veces, atraviesan la planta joven de "El corte inglés". Es el suyo un chocar sordo, un chocar de peluche; sólo el "¡CLEK!" de los ojos de plástico al golpear el gres rompe el silencio mientras se acercan en manada a la planta de electrodomésticos. Una vez allí, enchufarán las neveras como cada noche y se refugiarán en los congeladores de dos en dos para así coger fuerzas y tratar de resistir otro día más el toqueteo de tanto cabrón y el polvoriento futuro que se les avecina.