Desaparecer
Desde el primer día que crucé la puerta de la fábrica de anécdotas que estoy desapareciendo lentamente. En el espejo del lavabo, en un receso, veo como se me transparentan los tejidos, las partes blandas se desvanecen, fijándote mucho igual me puedes ver los huesos, ya sólo se me ven los huesos, los huesos y la peluca, claro. Soy una sombra que deambula por la fábrica sin que nadie se dé cuenta, una sombra con peluca que hace una parte del trabajo que nadie sabe muy bien quién la hace, "¿Pero se puede saber quién escribió esta basura pingüinesca?" se preguntan, y nadie sabe nada. Mi única duda es si cuando desaparezca por completo, cuando ya no sea ni la tenue sombra que ahora soy, alguien ocupará mi lugar, o si por el contrario podré seguir escribiendo anécdotas así, rodeado de esta indiferencia que tanto me reconforta.