Versión 1.42
Me preparé una anécdota deliciosa para la cena de Navidad de la empresa, empezaba diciendo que era una anécdota muy larga de explicar y que además era mentira. Era un buen comienzo. La conté cuarenta y dos veces, porque éramos cuarenta y tres y llegué el primero, de forma que la persona que llegó justo después, escuchó al final cuarenta y dos versiones distintas de la misma mentira.