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raramente (2006 - 2008 - 2010 - 2012)

01-01-2008 20:06:01

Amalgama 2006


Mecanografía Pop

Mi editor no entendía mis manuscritos y yo no me entendía con mi máquina de escribir. Así que Dennis Lima, mi editor, decidió pagarme un cursillo de mecanografía. La absurda disposición de las letras de forma aleatoria y en renglones asimétricos me hizo ver enseguida que aquello no era para mí, por lo que decidí invertir el tiempo que duraba el cursillo en diseñar mi propio teclado. Empecé por multiplicar el tamaño de las teclas por diez; después se me ocurrió hacerlas de dos colores distintos: muchas blancas y algunas negras, también de distintas medidas según la importancia de la letra a la que correspondían. Decidí por último repetir algunas de las letras y símbolos que utilizo más a menudo como por ejemplo el punto y seguido. El resultado final: un magnífico teclado de nueve octavas. Justo en el centro dispuse el famoso palíndromo "dábale arroz a la zorra el abad" que se podía escribir rapidísimo con sólo subir y bajar por la escala de sol mixolidio, lo que me dejaba a su vez cuatro aes en las dos octavas centrales. Eso sí, escribir cualquier otra cosa, resultaba en series dodecafónicas de lo más complicadas. Por eso lo tengo olvidado en un altillo y no lo pienso bajar de allí hasta que complete estudios superiores de piano.

Espiral

El trasbordo del metro turquesa al metro azul cielo es algo largo. Siempre creí que el túnel avanzaba en una larga línea recta pero esta mañana, a la que me despisto, me encuentro arrastrando el tabardo por la pared. Puede que el pasillo se curve ligeramente hacia la derecha. Vamos a admitir esto. A primera hora, el pasillo está abarrotado de gente que llega tarde: "¿Pero tú cuántos minutos tarde vas?" pregunto a los que me barran el paso, "Yo siempre salgo con tiempo, pero no por esto te voy a dejar pasar. Es un buen ejercicio tratar de salir de casa cinco minutos antes". Un buen observador se daría cuenta de cómo el ángulo de la curva se va cerrando lentamente, pero yo no soy un buen observador, yo sólo constato que cada vez somos más y que cada vez hay menos espacio; que avanzamos cada vez más penosamente, hasta que, finalmente, dejamos de avanzar. Al rato, la multitud me trae el rumor de que estamos en un "cul-de-sac": que al final del pasillo no hay más que una pared que se curva sobre sí misma. El señor de los cinco minutos no se conforma con un rumor, quiere llegar hasta el final, ver esa pared curva, aporrearla con sus nudillos. Yo lo que quiero es alejarme de la multitud, huir de ese olor rancio de las mañanas, darme la vuelta en cuanto el gentío lo permita y, ya sin ninguna prisa, deshacer el camino andado.

Descripción

Las descripciones siempre me parecieron algo de lo más artificial. Los tipos descritos siempre son o demasiado altos o demasiado gordos o demasiado demasiado. Escasean los tipos corrientes, cuando, desde mi punto de vista, son evidentemente los que más abundan. Seguramente por eso siempre me ahorré las descripciones en mis novelas. El hecho de no haber escrito nunca ninguna puede que también tenga algo que ver. Pues eso, que conforme se acercaba el conductor, nos fuimos mirando fijo, él vestido normal, de conductor o de revisor o de taquillero, con su chaleco granate con ese bordadito rojo en el corazón, con cara de haber conducido 46 horas seguidas, cuando puede que no llevara más de dos. El cuello de la camisa asomando, un color difícil de determinar detrás de los cristales tintados, yo digo blanco, con rayitas rojas, por otras veces. La cara bastante corriente, mirándome fijo, como una merluza que se fijara mucho. Creo que es todo lo que me veo capaz de decir sin repetirme demasiado. Y luego, ya sí, me arrojé a la vía.

Consejos para después del naufragio

Ahora que el barco descansa ya en lo más profundo, ahora que cangrejos y caracolas pugnan en la cubierta por la mejor rendija, ahora que el musgo o lo que sea empieza a enmoquetar la quilla, no me vengas tú, precisamente ahora, con lo que debí hacer.

Zumo de cerebro

Mi intención era la de sintetizar de algún modo las ideas residuales que permanecen ocultas en los cerebros de los cadáveres, sin que hasta el momento haya obtenido otra cosa que un viscoso líquido parduzco.

Fórmulas demenciales

La verdad es que hay un pueblecito no sé dónde en el que la gente dice sistemáticamente la verdad. Paseando por sus calles, no es raro cazar conversaciones del tipo: "cariño, ayer me follé a tu hermana y casi me muero del gusto". Aquí en cambio todo dios empieza las frases con la formulita "la verdad es que" y luego, a la hora de la verdad, de verdades, más bien pocas. Mejor así.

Engendros mecánicos (-)

En la cubeta de los crustáceos de mi pescadería conviven centollos capturados el mes pasado con ingeniosos engendros mecánicos cuya serie de movimientos he anotado esta mañana en el reverso de la lista de la compra: patita 1, patita 2, antena 1, patita 3, ojo 1, patita 2, antena 2, patita 1; patita 1, patita 2, antena 1, patita 3, ojo 1, patita 2, antena 2, patita 1, y así siguen y siguen, hasta quedar todos profundamente hipnotizados.

A puntito a puntito de tirarte por la ventana (aquel día)

Esto no fue como lo del Rey, porque aquí me sobraban los motivos y mi determinación era firme. No os contaré cómo fue la discusión, ya sabéis que me gusta ser breve, pero sí os digo que me asistía la razón. Ella estaba enfrente de la ventana, un cuarto, recuerdo bien que me pareció poco. No sin esfuerzo conseguí levantarme de la silla y fue entonces, al dirigirme amenazante hacía ella, cuando me sobrevino un mareo familiar: Después de comer debo guardar reposo o me rueda la cabeza y me asalta la debilidad. Así que me volví a sentar, pensando: "Bueno, no pasa nada Leni, no pierdas la calma, otro día será". Y fue otro día.

La última vez que me mordió un pingüino

Hoy me he acordado de las veinte últimas cenas, rodeado de los mismos amigos, contando siempre las veinte mismas historias ¿Cuándo ocurrió todo aquello? ¿Cuánto tiempo hace que no ocurre nada?

Pienso para pájaros

Hay en mi barrio dos pájaros enjaulados que por las noches se comunican. Mucho gorgorito y muy variado pero la conversación es siempre la misma; mucho pio-pio pao-pao para terminar diciéndose siempre lo mismo: Hay uno que no se entera mucho y que le dice al otro: "Oye, ¿Quedamos mañana para tomar algo?" a lo que el otro, que sí que se entera pero tiene tacto, le responde: "Bueno, si acaso luego te llamo y te digo algo".

Cómo fabricar bomba atómica en tres minutos

Me recordaba el otro día el más crápula de mis amigos, que a las mujeres se las seduce con la mirada. Ya. Ensayando seductor ante el espejo esta mañana, mis ojos miopes, detrás de las gafas y perdidos en la inmensidad de mi cara de pan: dos diminutas huevas de esturión.

Fórmulas demenciales (II)

Cada vez que mi interlocutor concluye su argumentación con un "y esto es verdad", no puedo evitar pensar que el resto de cosas que me ha contado antes, no lo eran.

Carta a Berlioz

   Hola. ¿Qué tal Héctor? ¿Bien? Yo bien. Bien. El otro día arrojé a una pianista por la ventana, un cuarto. Pero no te escribía para eso, aunque pensé que te gustaría saberlo.

   Ya tengo lista mi primera sinfonía: "La desquiciada". Sólo me faltan un par de flecos por atar para poder estrenarla en Barcelona uno de estos días.

   No creo que tenga problemas para conseguir cinco orquestas de unos 300 músicos; precisaré también de 150 carteristas marroquíes, 45 limpias politoxicómanos, entre 100 y 125 rumanas con niño, un coro de 500 castrados o huevo-doces en su defecto, el ballet nacional Húngaro y una actriz Bielorrusa.

   La cosa es muy simple: se trataría de cortar simultáneamente a las seis de la tarde de un viernes cualquiera, la Diagonal, la calle Aragó, la Gran via, la Meridiana y la ronda del litoral, con cada una de las cinco orquestas de las que te he hablado antes. Los carteristas, las rumanas y los limpias, los distribuiría equitativamente por estos cinco cortes para tensar la cuerda; los castrados van en la Plaça Sant Jaume y la actriz declamaría algo muy teatral pero no sé el qué ni dónde. Al ballet le daré libertad, los tengo contratados para todo el mes de marzo, ya son mayorcitos. Lo tengo todo previsto para el viernes 24. La música es de un vigor desgarrador que se verá realzado por los bocinazos furibundos de los conductores enardecidos. Especial atención a los taxistas.

   Lo bonito sería verlo de muy arriba como lo verás tú, pero sólo me ha llegado para contratar 37 helicópteros y la mitad de las plazas están dadas de antemano entre familia, críticos y autoridades, por lo que me tocará seguirlo a pie de obra. Espero que te guste.

   Desesperadamente tuyo:

                                                      Len.

Fabrican anécdotas

Como todo, era sólo cuestión de tiempo y han tenido que ser los Islandeses. Sus anécdotas detalladas en pastillas o supositorios sobre morsas, esquimales y pingüinos, son el último grito en entretenimiento "snack". Yo me he tomado una por probar, 22 € con 50, permitidme pues, por esta vez, que me extienda más de la cuenta: El otro día casi atropello a un chino, él andando, yo en bici. El chino gritó: Uiiii! Estaba también esa morsa, pilotando una moto, a mi lado, la morsa gritó: Ayyy!!, yo no grité nada, me concentré en esquivar. También había esos tres pingüinos voladores, encima de un abeto, contemplando la escena, me di cuenta de eso. Pasé a unos cinco centímetros del chino, no lo sé, no estoy seguro, puede que fueran más, cinco y medio, seis quizás. El sábado pasado, 11h 25 minutos, en la plaza del mercado, si alguien lo grabó en vídeo, que me lo mande, me quedaron algunas dudas. En la siguiente esquina, la morsa se puso a mi altura, me miró con su mirada de morsa, como reprochándome qué sé yo. Entonces dijo: "Casi", a lo que yo respondí: "Sí, casi casi". En realidad no era ningún chino, era el típico esquimal bajito con el carro de la compra, unos 70 años, salió de detrás de un géiser. No lo vi venir.

Tic - Taaaac

Mi mujer y yo ya hace un par de semanas que los tenemos. Son dos relojes asíncronos de última generación que supongo que no han hecho más que empeorar las cosas, pero bueno, son curiosos. La cuestión es que Coral tiene algo de insomnio y yo, tan en paz conmigo mismo, duermo del tirón todas las noches. Desde que me contrataron en la filial de la fábrica de anécdotas que Sven ha abierto en Cornellà, también el trabajo se me hace mucho más llevadero a mí que a ella: escribo anécdotas pingüinescas casi sin pensar y la jornada laboral se me pasa volando. Entre una cosa y la otra le saco a Coral todos los días de 10 a 12 horas de ventaja. A este paso pronto me plantaré de nuevo en fin de año y Coral, a su tiempo, lidiando sudorosa con una de sus eternas noches de verano.

"

Esto de saber exactamente lo que va a decir cada cual a casi cada momento ha terminado por cansarme. Que alguien le dé al "pause" de una vez. Prefiero quedarme tumbado en el sofá y recrear yo solito los diálogos.

Lepisma saccharina y el sol, que siempre brilla

"De ser un animal de tamaño más grande, podría ser una mascota muy apreciada"

No es nada fácil ser pececito de plata, porque al parecer la luz molesta y mucho. Habrá quien diga "bueno, bueno, no será para tanto", señores, hay que hablar menos y experimentar más: yo lo he probado y no es fácil. Para nada. Bravuconadas al margen, permitidme que os cuente la historia del pececito de plata que trepando desorientado la pared de una casa marinera, escuchó un ruido tan atronador que no supo distinguir, seguido de una luz tan tenue que le cegó. Aturdido el bicho, sus seis patas perdieron adherencia y se precipitó hacia el mar. Murió ahogado. Ni que decir tiene que el sol, aquel día, brillaba por su ausencia.

10 gramos por kilo

Según los foros especializados en conejos enanos, a Len le correspondían 15 gramos de pienso diarios, 10 por cada uno de sus 1'5 kilos. Ocurrió que soy tan escrupuloso que, a la semana, al intuir que el animal había perdido peso, repetí el pesaje y corregí la cantidad de pienso hasta los 13 gramos. 10 gramos por kilo. El proceso duró varias semanas pero no me voy a repetir, esto no es ningún chiste malo, es un pequeño drama doméstico y cada vez que escribo 10 gramos por kilo se me quiebra el alma. Cuando pasó de los 500 a los 400 gramos y ya no era más que un pequeño saco de huesos con pellejo, me dije: "¡A la mierda los del foro! yo le mantengo los 5 gramos". Y esa misma semana se murió. Me tortura pensar que no fuera de un empacho.

Autocidio en la pescadería

Es de largo la cigala viva, el más individualista, orgulloso y arrogante de los crustáceos. En las pescaderías de todo el mundo se libra cada día una batalla casi sorda: pinzas que cercenan antenas, patas mal intencionadas que buscan ojos... y es que las cigalas muestran así su disconformidad e intentan demostrar que cada una vale, individualmente, mucho más del precio que se les ha asignado de forma colectiva.

Menudo imbécil

Todos tenemos un espectador que nos vigila las 24 horas del día. Los gestos más sutiles, los más imperceptibles, los discursos por lo bajo, se los dedicamos a él. Ayer me llamó el mío, un tal Mourat Mazeau, francés, me quería conocer en persona. Fuimos a tomar unas cervezas. Cuanta mirada al cielo con dedicatoria tirada a la basura. ¡Menudo imbécil!

Menuda zorra

En las frecuentes discusiones de los vecinos de arriba, se les entiende todo hasta tal punto que es posible determinar cual de los dos lleva razón. Suele haber mucho grito y al final un portazo de él que es el que termina por largarse. Después ella, ya sola, llama a una amiga. Su relato de los hechos nunca coincide con el que acabo de vivir yo, ella aparece allí con más templanza, "le he dicho, "he aguantado carros y carretas"", alguna que otra frase textual como esta se le cuela de vez en cuando, pero son las menos, igualmente el tono nunca es exacto. Otras ideas que ha medio insinuado en el fragor de la batalla las desarrolla ahora con mucho más sentido común del que ha demostrado entonces, cuando se limitaba a gritar y a insultar como una gallina loca. La opereta se cierra siempre con un comentario de la amiga al otro lado de la línea que no oigo pero intuyo: "menudo cabronazo".

Menuda la arañita

Después de esa terrible catástrofe nuclear, pasé tres años encerrado en mi piso como un anacoreta. Éramos tres: el tele, yo y la arañita. Yo me pasaba el día chupando tele, comiendo pizza y bebiendo cerveza y la araña en el techo tan pequeña y tan queda. ¿Qué coño comerá? me preguntaba, no parecía haber mucho alimento en los cinco centímetros cuadrados por los que solía verla, pero bueno, también yo he leído algunos libros y siempre tengo a mano una frase de Verdaguer para explicar lo inexplicable: "allà on tu veus lo desert eixams de móns formiguegen" y así seguía, en su desierto, amaneciendo cada día en un sitio distinto. Ocurre que uno no se da cuenta de los cambios cuando los tiene tan cerca, y me ocurrió a mí, que no me di cuenta de lo amenazante y gorda que se había puesto la arañita hasta que un día, los pelitos urticantes de su cuerpo, me empezaron a tapar el tele.

Menudo soy

Le he puesto las maletas en la calle. Yo, a ella, en la calle. Demasiado. Bueno, en la calle no, en el rellano, en la calle me pareció mucho, no vuelve hasta las siete de la mañana, a esa hora los gitanos de la esquina habrían arramblado ya con todo. Se perdería el efecto. Me ha llevado casi toda la noche, ¡Pero qué cantidad de cosas! No ha sido hasta que lo he tenido todo enfrente del portal que me he acordado de los gitanos. Me ha parecido demasiado, he vuelto a recoger sus cosas a toda prisa para dejarlas en el rellano, un gitanito se ha alejado con una camiseta interior, he conseguido arrebatarle el lobito de peluche. Ha sido una suerte, Coral lo hubiera echado en falta. Creo que voy a recogerlo todo, lo dejaré exactamente donde estaba, a quién se le ocurre, todavía tengo tiempo, sólo se ha perdido una camiseta interior, suerte del lobito. Dios quiera que no note nada.

Denumo sinecto

El sectino gamolino es un insecto raro. El escinto golimano es gomoso, de tacto rugoso, redondo, con un hueco en el centro, blanco en el anverso y verde manzana en el reverso. El conteis magnolio amarillo limón, existe; el naranja naranja, también. El necsito galimono vive en los patios de los colegios. El sinecto monigola se esconde regular. El nisecto gonimola no sabe nada bien lo bien que sabe. El insecto gominola está en grave peligro de extinción.

Tumbarse al sol, cerrar los ojos, leer la Biblia

Qué discreto soy. Llevo algunos días pensando en partes del cuerpo en las que hacerme un tatuaje que no llame mucho la atención. Me quiero tatuar un pasaje de la Biblia, escogeré el que más me guste cuando la lea, pero primero tengo que encontrar el sitio. Pensé en un repliegue del escroto, escrito muy pequeñito, sería cuestión de escoger un pasaje corto, pero no sé, los del foro español de la familia lo encontrarían irreverente, seguro que me buscarían las cosquillas si se enteraran. Es sólo un capricho, tampoco quiero que se convierta en un problema. Pensé entonces en la bóveda del paladar, ahí quedaría súper bonito pero lo difícil sería poder vérmelo yo. Buscando un sitio en el que yo pueda ver el tatuaje sin que éste sea visto, he llegado a la dolorosa conclusión de que me tatuaré los párpados, la parte interna de los párpados. Para poder tumbarme al sol, cerrar los ojos y leer la Biblia.

The Famous Danish Butter Cookies

Al final resultó que el seguro de decesos no le incluía la urna, pero mi madre había insistido tanto en vida en que quería que la incinerásemos, que ahora la tengo metida en una caja de galletas danesas. La quemaron en agosto, con el sol cayendo a plomo.

Tengo un amigo muy discreto que rechaza sistemáticamente cualquier cosa que le ofrezco. Siempre que viene de visita a casa le digo "¿una galleta Neme?", y le alargo la caja de galletas de mamá, "no, muchas gracias". Suelo insistir una segunda vez, "no gracias Leni, estoy bien, de verdad". Si está Coral en casa, no le puedo ofrecer nada a Neme. Ella se lo toma todo muy a pecho, no me deja hacer según qué gilipolleces.

Presupuestos 2004

Lo de ponerse el índice en la barbilla y forzar la vista mirando al cielo tratando de recordar, a mí no me sirve de mucho. Yo o me acuerdo o no me acuerdo. Y no me acordaba.

Suerte que el "Muy interesante" se apuntó a la moda de los cupones y en tres meses conseguí el vale para canjear, previo pago de 120 euros, el cablecito de marras.

Me llevó toda la tarde traspasar los datos de mi cabeza al disco duro del ordenador y al final me dolía la oreja cosa seria. El sistema de transferencia es algo primitivo, lo del euroconector en la oreja me parece una barbaridad, seguramente mañana por la mañana llamaré al customer service y me cagaré en la madre del primero que me atienda.

Marrullerías de viejo teleoperador al margen, ha sido francamente sorprendente ver la cantidad de archivos y carpetas dentro de otras carpetas ocultas, de sólo lectura, comprimidas y encriptadas y de paja y de basura y de pajas que me he hecho y bueno bueno bueno, lo que tenía metido ahí dentro. Ha sido triste constatar que, quitando la basura, se me ha borrado casi todo: no queda casi nada en la carpeta de geografía, sólo los cárpatos y fuera de lugar; poquísimo en la de historia, únicamente un año, no se sabe cuál, en el que no pasó mucho; en la de matemáticas me quedan las operaciones aritméticas más elementales, ni rastro de los límites, de las derivadas, de las integrales, olvídate de las raíces cuadradas, ¿dividir con decimales? no queda claro, tendría que probarlo; por supuesto que sin noticias de Kant. En el fondo qué más da, porque yo es que andaba buscando otra cosa.

Y me ha costado seis horas pero al final, cuando ya lo iba a dejar por imposible, la he encontrado: dentro de la carpeta "cuentas de la casa" dentro de una subcarpeta oculta en una tercera subcarpeta que ponía "presupuestos 2004" junto a la imagen del borracho que sí que recordaba aunque vagamente, estaba luminoso, resplandeciente, el glorioso trasero de la rubia de aquella lejana noche de verano.

Amalgama de sinsabores

Me han parado por la calle. Me han dicho: Yo a ti te conozco de algo, yo a ti te he visto en una foto en el pasillo del piso de una amiga. Yo a ti no te conozco, ¿Qué amiga? Esta amiga. Sí que conozco a esta amiga, pero yo a ti no te conozco. Yo tampoco te conozco, pero te he visto en una foto en el pasillo del piso de una amiga. Te diré lo que vamos a hacer, vamos a hacer montañitas de personas y de fotos: en la primera montañita pondremos nuestras fotos, las que son nuestras y en las que salimos nosotros; en la segunda, las que son de los nuestros y en las que salimos nosotros en primer plano; en la tercera, las nuestras y de los nuestros en las que salimos en segundo plano y en la cuarta, fotos de los que no son nuestros y en las que se ve, ni que sea, un trocito nuestro asomando por detrás de un árbol. Hechas las montañitas, las enfrentaremos con la gran montaña: la montaña del resto de las fotos: las fotos de Len contra las fotos de no Len: Len contra el resto del mundo. Treparemos a la gran montaña y, asomados al abismo, trataremos de distinguir las pequeñas montañitas de fotos de Len ¿Podría ser aquello? Podría ser ¿Podría no ser aquello? Seguramente. Luego haremos una montañita con las personas que conocemos y la enfrentaremos a la gran montaña de las personas que en el mundo no conocemos. Hecho esto y visto lo visto, procederemos a amalgamar montañitas de fotos y personas. Gana el primero que tras decir a un segundo "yo a ti te conozco de algo" resulta haber hecho en verdad pareja de foto con persona.

Sólo pingüinos

Llegar a final de mes no es fácil tampoco para mí, soy un artista, tengo mis caprichos. He estado enfrascado estos días en un trabajito que me pasó Sven: una entrevista para la revista "Just penguins". Se trataba de hacerle unas preguntas a Orson el pingüino. Contrariamente a lo que podría parecer, lo extraordinario del caso no radica en el hecho de que Orson hable, puesto que en la parte austral de Siberia es algo habitual, se habla mucho, mucho dialecto y mucha jerga pingüinesca, yo lo entrevistaba más que nada por su condición de pingüino volador, lo cual ya es más raro. La entrevista saldrá para el "Just penguins" de junio y traducida en el "Sólo pingüinos" del mes de agosto. Como deferencia a vuestra fidelidad y para ir haciendo boca, os paso en primicia la última pregunta de esta entrevista y la deliciosa réplica del pingüino:

Leni: Todos hemos visto por el tele alguna vez esas grandes concentraciones de pingüinos, cientos de pingüinos hacinados en medio glaciar cuadrado, desplazándose torpemente, chocando los unos con los otros, y mi pregunta es: usted que habla, pingüino Orson, sabría decirme ¿de qué hablan todos esos pingüinos?

Orson: Ahh!!! amigo..., hablamos de todo y de nada: de la inmensidad del Océano; de cuán recta es la línea que marca el horizonte y de cuán frío el hielo al despertar cada mañana; de la hostilidad de osos polares y morsas; de aquella vez en la que desperté desorientado, creyendo ser un esquimal y preguntándome dónde había dejado mi tabardo con capucha de piel girada. A menudo cuento esa anécdota. Cosas de pingüinos amigo, creo que lo mejor será que me largue, me estoy poniendo melancólico.

Teoría de la evolución (II)

La geología de mi existencia se escribe en una maceta del patio de mi casa. Debajo de 23 colillas; debajo de algunas malas hierbas con incrustaciones añejas de escupitajos de Bonet; debajo de los restos de un níspero que no supe cuidar; quien lo quiera estudiar, encontrará enterrados, debajo de todo eso y en orden involutivo, los cadáveres de "Emilio", "Charles Barkley", "Romo" y "Papitu": Mi pez mandarín, mi tortuga de Florida, mi hámster común y mi periquito verde.

Poco hecho, por favor

El niño prendió la mecha y la mecha prendió la pólvora del cohete que salió disparado para prender el toldo del piso de Maria Luisa que a su vez prendió las cortinas que prendieron el papel pintado que prendió el sofá colonial que prendió el parquet que prendió a Maria Luisa que ese día dormía en el suelo con un tremendo sofocón. Y prendieron tantas cosas, y era la noche que era y los bomberos llegaron cuando llegaron, que claro, Maria Luisa ardió y ardió un rato largo. Ella había dejado dicho que la incineraran, y el calor era terrible en el tanatorio a la mañana siguiente y luego de los llantos los operarios metieron ese trozo de carboncillo en el horno crematorio y en dos minutos estuvo la urna llena. No le descontaron ni un céntimo.

Celada

En verano, las cloacas de Barcelona me devuelven el aliento fétido de Octavio. Tendría yo unos diez años y competía en el campeonato interescolar de ajedrez cuando Octavio, que no jugaba nada pero suspiraba mucho, me derrotó a base de nublarme las ideas con sus bocanadas de podredumbre. La halitosis es un arma poderosa. En verano las cloacas de Barcelona apestan y como siempre que algo apesta, a poco que las busques, no te costará encontrar las cucarachas saliendo de sus pestilentes escondrijos y dirigiéndose, como los peones de Octavio, hacia una victoria segura.

Carcoma

A veces lo recuerdo y pienso que fui injusto, porque ¿cómo iban a saberlo? pero las normas son las mismas para todo el mundo, también para mí ¿cómo iba yo a saber tantísimas cosas? Fue antes de conocer a Coral. Yo vivía solo, en medio del desorden. Estaba solo y tocaba el chelo. Qué más me daba que revoloteara por ahí toda esa carcoma; qué más me daba que se comieran la cómoda, que se comieran el piano. Era mi única compañía y qué más me daba todo. Los insectos adultos salían de sus agujeritos tan redondos a finales de primavera y me acompañaban hasta que se acababa el curso. Todo fue bien hasta que un día descubrí a esa hembra de carcoma depositando sus huevos en una rendija del puente de mi violonchelo. Fue el detonante de una guerra cruenta que duró tres años y que gané yo.

Una típica de buzos

¿Cuántos buzos deberán reventar tras olvidarse de hacer la descompresión como consecuencia de la inquietud generada por el hecho de haber dejado aparcado el coche en doble fila para que sea posible y correcto decir de un buzo que justo se mete en el agua una frase del tipo: "este es el típico buzo que revienta tras olvidarse de hacer la descompresión como consecuencia de la inquietud generada por el hecho de haber aparcado el coche en doble fila"?¿cinco? ¿diez? ¿cien? ¿diez mil buzos? Y así con todo.

ojepsE

Me he comprado una pantalla de plasma de 32 pulgadas y una cámara de vídeo y he tirado el espejo del lavabo a la basura. He colgado en su lugar la pantalla y he instalado la cámara de vídeo en un soporte justo encima. Llevo años esperando a que saquen algo parecido pero visto lo visto espero arreglármelas con esta chapuza. Es que soy muy presumido, y el solo hecho de pensar que lo que veo en el espejo es una imagen volteada horizontalmente de lo que la gente realmente verá, me ha generado siempre una inseguridad terrible.

Miss fotogenia 1952

La niña nació con aquella deformidad monstruosa. Una enfermedad muy rara, poco probable. Los médicos le dijeron a la madre que no duraría mucho. Al final se quedó en dos meses. En ese tiempo le sacaron unas 500.000 fotos.

De trabajar bajo presión

Tenía la sospecha infundada de que el director de la fábrica de anécdotas me andaba vigilando. Sven es muy profesional, se preocupa por el negocio. De un tiempo a esta parte mi escasez de ideas ha influido en mi trabajo, mis anécdotas son ahora de segundo de primaria pero están en realidad destinadas al público adulto lo que ha generado un par de incidencias en las que Sven ha tenido que bajarse los calzones hasta los tobillos. Debo explicar también, para que todo se entienda, que hace unos días que me duele un testículo, el derecho. No se lo he dicho a nadie y menos a Coral porque todo la preocupa más de la cuenta, aunque puede que haya notado algo puesto que deambulo por la casa medio encogido. Es el de mi testículo un tema entre mi editor y yo, a él si que lo mantengo informado de mis achaques, por si, Dios no lo quiera, tuviera que correr por los derechos de autor. No deja de ser curioso que quien más me hincha las pelotas sea el único en saber que me duele un cojón. Ayer por la tarde se confirmaron mis sospechas. Al término de mi jornada, Sven me llamó a su despacho para preguntarme que qué tal iba todo, "todo bien Sven, como siempre", mentí. Y fue entonces cuando se acercó a mí y, agarrándome a través del pantalón el testículo derecho, me dijo: "Ándate con mucho cuidado Leni, sé muchas más cosas de ti de las que te imaginas."

Una plaga

La fumigación ha dado sus frutos y la plaga de insectos ha remitido. Fui el primero en levantar la voz, el primero en acusar a los vecinos del quinto, el primero en solicitar medidas drásticas que duraron tres semanas y que han dado sus frutos. Y ahora que la plaga de insectos ha remitido, echo de menos las cosquillas en las piernas, ese aire nublado de alas y patitas, esa borrachera de coleópteros que me hacía tanta compañía.

Punto de vista

Nos dan a elegir entre: ser capturados en una jungla de espinacas gigantes en Madagascar, para posteriormente ser prensados, empaquetados al vacío, encerrados en una caja de cartón, congelados a menos 100 grados, transportados a 5000 kilómetros de distancia, siempre el frío, luego la espera en la estantería, después el agua, primero fría, templada, caliente, hirviendo, finalmente el tenedor, el cuchillo, la descuartización, cuando nada importa ya. Esto es la opción uno, la dos es comerse un trozo de cucaracha con guarnición. Así planteado lo tengo claro, ahora bien, ayer fui al Dia% a hacer la compra del mes. Entre otras muchas cosas compré espinacas congeladas, de vuelta a casa las cociné con crema de leche y piñones y después de trocearlas con cuchillo y tenedor, vi ese cuerpo extraño marrón oscuro, que no marrón piñón; busqué más trozos, los encontré: aquí se distingue una pata, eso parece una alita, ahí está la cabeza: una rotunda cabeza de cucaracha americana. Ayer encontré una cucaracha entre mis espinacas y me quise morir.

Volvía yo a mi casa de madrugada

Volvía yo a mi casa de madrugada cuando vi salir a un hámster por una rendija de la persiana metálica de la tienda de animales. "Me tratan bien: me dan de comer y me tienen siempre la casita limpia; ocurre que me aburro mucho, pero no te preocupes, antes de las seis volveré a estar en mi jaula". Eso me dijo a mí un hámster, una noche que volvía yo a mi casa de madrugada.

Dialectos

Coral y yo nos comunicamos en la intimidad en una especie de dialecto ridículo. Afortunadamente nos queda el sentido común justo para no utilizarlo en público y dilapidar así el escaso prestigio del que podamos gozar. En estas condiciones son muchos los dialectos que en cada casa agonizan en silencio esperando que una última riña desencadene su desaparición final.

Zizurkil

En Zizurkil mi literatura no interesa. De camino hacia allí condujo Dennis Lima y yo sólo me desperté 5 segundos en cada peaje: 567 kilómetros durmiendo. Merendamos media hora antes de la conferencia que era a las seis. Yo me comí un calipo y recordé lo mucho que le gustaba a mi padre el "uister". En la sala de conferencias éramos siete: Dennis y yo en el entarimado, Rasheed, dos abuelos y un mongólico en la platea, y apoyada en un radiador al fondo de la sala estaba Coral. Yo veía que gesticulaba mucho, que se tocaba la cara, que levantaba las manos, que entreabría la boca, pero Rasheed estaba muy incisivo con sus preguntitas así que no le hice caso. Al terminar la conferencia los aplausos del mongólico despertaron a la pareja de abuelos y Coral se acercó al entarimado y me dijo que intentaba decirme que tenía restos de calipo en el labio superior. Mis labios de un verde lima limón durante toda la conferencia, celebré que no viniera ningún reportero gráfico. En el camino de vuelta a casa no pude dormir, y al llegar al área de servicio de Pina de Ebro Coral me dijo algo golpeada: "deja ya de tocarte el labio Len, que no tienes nada".

Zizurkil me ha hecho recordar

Mariluz sólo me quería cuando volvía de viaje. Había también una diferencia abismal entre el sexo monótono del día a día y su apasionada forma de marcar territorio al despedirnos. A la vuelta todo eran atenciones, y teheechadotantodemenos y luego de eso hacíamos el amor como toros robustos. Con el paso de los días las cosas volvían rápidamente a la normalidad: volvían los reproches, su trato perruno, las malas caras y los malos polvos. Descubrí con el tiempo que su cambio de actitud se regía por una fórmula matemática que iba en función de lo lejos que me había ido, de los días que había estado fuera y de la cantidad de regalos que le había traído. Existía también una variable a la que llamaremos épsilon que jamás supe determinar. Después de nuestra última riña me fui a Maputo y volví a los quince meses cargado con tres máscaras tribales y un escudo tallados a mano, y una lanza preciosa, de unos tres metros. Pero Mariluz ya no estaba. No volví a saber de ella nunca más.

Cuéntame cualquier cosa

La teoría dice que no existe la anécdota incontestable: muy a menudo, las cenas familiares se convierten en involuntarios duelos de anécdotas en los que cada historia supera a la anterior sin que en ningún momento se pongan en cuestión las anécdotas cada vez más increíbles que se van amontonando encima de la mesa.

Un mar de tornillos

El invento más notable del abuelo fue la paloma teledirigida, un ingenio de un realismo casi absurdo. Había que ser extremadamente cuidadoso con la alimentación de la bestia puesto que saltarse una sola comida o comprar pienso para periquitos jodía literalmente el invento. Si se le enganchaba un chicle en la pata, un suponer, había que pedir un recambio carísimo al Japón y el bicho andaba cojo no menos de diez semanas. En realidad lo de los recambios era una argucia del abuelo para ganar tiempo a la vez que encarecía el producto, puesto que toda la producción la realizaba en su masía de Sant Fost de Campsentelles. Cuando cumplí los diez, el abuelo me regaló a Casius Clay, una paloma teledirigida macho con una rascada en la chapa del ala izquierda que hacía un año que trataba de vender a mitad de precio. Jamás fui tan cuidadoso con nada como lo fui con Casius Clay durante las tres semanas que me duró. Por las tardes, cuando la sacaba a pasear para que picara algo, las otras palomas ya la esperaban para cortejarla. Pero un día olvidé lubricar la juntura de su cabeza y al ir a por una miga de pan le chirrió la bisagra en el cabeceo y las otras palomas, las de verdad, la despiezaron.

Engendros mecánicos

La mayoría de las arañas que vemos son mecánicas, principalmente las más grandes. Las fabrica una misma familia china y en campo abierto van bastante bien pero en espacios cerrados fácilmente las encontramos chocándose una y otra vez contra las mismas paredes. Suelen funcionar con pilas de 9 voltios, de las cuadradas, y alrededor de la pila se monta una estructura con cualquier cosa y las patitas son alfileres doblados y nadie suele acercarse lo suficiente como para darse cuenta de lo chapucero del engaño.

Esconderse, los tesoros

Durante el verano del 66 recolecté más de cuatrocientas conchas y otros pequeños tesoros en las playas de Llançà y los guardé en unos cuencos decorativos encima de una estantería baja del salón. Allí acumularon polvo durante meses hasta que un día golpeé accidentalmente uno de los cuencos y se esparcieron por el salón más de 100 tesoros. Ayer, cuarenta años después, todavía encontré uno de esos tesoros en un rincón imposible del cuarto de planchar. Y es que tú y yo sabemos bien, que los tesoros, como mejor se encuentran, es escondidos.

Les sangraba el occipicio

Dennis Lima, mi editor, está de vacaciones en mi casa. Mi prosa no da para más. Se ha instalado en el cuarto de planchar. Esta mañana llevaba muy mala cara: "Len, apenas pude dormir, el tic-tac del reloj de pared del salón me resultó insoportable: cada segundo me golpeaba en la cabeza con la fuerza de un martillo", "No te lo pareció Den, realmente contraté a esos tipos para que nos martillearan la cabeza coincidiendo con el tic-tac del reloj. No pretenderás que descansemos tan tranquilos con la de cositas malas que ocurren por ahí".

Consultar, la almohada

Nuestra cama de matrimonio tenía dos almohadas individuales: la almohada de Coral resolvía sus inquietudes con la mía y la mía las suyas con la de Coral. Pero la gata se meó en la almohada de Coral y compramos una almohada doble para sustituir a las individuales. No os podéis ni imaginar la cantidad de disyuntivas que tiene que afrontar a diario una almohada. A las tres de la madrugada, cuando ya no puedo más, le digo a la almohada: "Es que yo en realidad tampoco es que sepa mucho de ácaros, mejor pregúntale un rato a Coral a ver qué opina".

Llamar a los amigos

Perdí la llave del buzón en el 95 y desde entonces sólo podía arrancarle las cartas que se amontonaban más arriba metiéndole mis dedos de pianista por la rendija superior. Pero el lunes, tratando de sacar el catálogo de IKEA, le toqué al buzón sin pretenderlo una glándula que no debía y me apresó la mano durante más de cinco horas. ¡Cuánta soledad! Esta mañana he aprovechado que la mayoría de los vecinos apuran sus últimos días de vacaciones para bajar con un martillo y una escarpia y reventar la cerradura de mi buzón. Qué baratas estaban las alitas de pollo en el 95, también en el 96; qué barato estaba todo y qué pena descubrir, entre la correspondencia añeja, una carta de la esposa de Neme explicándome que mi amigo había fallecido el 22 de febrero del 96. Ya decía yo que hacía mucho tiempo que no me llamaba. Quizá se quedó también él atrapado en su buzón sin llave, y claro, entonces el móvil era poco más que un invento imposible de James Bond. Descanse en paz.

Epitafio

Anoche estuve charlando con la muerte. Yo todo el rato quitándole importancia al asunto hasta que al final, ya totalmente envalentonado, le dije: "Estoy preparado, ven cuando quieras", "Creo que estamos charlando Leni" me dijo ella, "creo que ya vine, date cuenta, ya vine, estoy aquí".

El pasatiempo último

La bisabuela guardaba con gran celo una cajita metálica con dieciséis compartimentos llenos de pastillas que presumiblemente le alargaban la vida. La bisabuela creía saber para qué servía cada una de las pastillas según su forma, color y tamaño, y se las administraba metódicamente en las dosis que el doctor le había prescrito. Pero en realidad las cuarenta y dos pastillas que se tomaba a diario eran inocuas, no curaban nada, no paliaban ningún síntoma, no eran más que un simple entretenimiento para superar el aburrimiento y el hastío de sus últimos días.

Gimnasia preparto

Morir en sueños no es fácil. Yo no lo había conseguido hasta anteayer, pero tras morirme por primera vez la madrugada del jueves, el viernes me volví a morir durante la siesta, y ya por la noche, me morí otras siete veces más. Es un buen ejercicio para empezar a afrontar el asunto, os lo recomiendo mucho. Digo que no es fácil, pero en realidad sí lo es si sabes cómo. Es cuestión de técnica: Se trata de tumbarse en la cama boca arriba, con una fina capa de base maquilladora en las mejillas, el cuerpo rígidamente relajado, los brazos cruzados sobre el pecho y una sábana blanca colocada con mucho mimo, sin pliegues innecesarios. Si uno se consigue dormir de este modo, es automático, es conciliar el sueño y morirse.

Hormiguitas

Antes de que se colapsaran esas dos torres tan altas y tan gemelas, los edificios simplemente se derrumbaban. La moda le duró poco al término porque tampoco son tantos los edificios que se colapsan al cabo del año. Yo creo que colapsarse es otra cosa, pero quién soy yo para decir nada. Esta mañana no podía más con el martilleo que subía por el patio de luces: diecisiete meses en obras es demasiado tiempo, así que he salido a comprar algo sin saber muy bien el qué. De vuelta a casa con una correa para la gata, mi edificio se había colapsado con la gata dentro. Claro.

   Estaba levantando cuatro piedras de entre los escombros con mucha pereza y muy poca fe, cuando de debajo de un panel de pladur, ha salido el homosexual del tercero todavía con el martillo en la mano. Me ha mirado con cara de susto, se ha puesto el índice delante de los labios y ha dicho: "shhhttt". Ahí plantado, cerca del colapso, he visto su trasero homosexual alejarse torpemente de la escena del crimen; después he fijado mi vista en la correa preguntándome si no me la cambiarían por un conejo enano.

Por si me ves llorando en el autobús

Encontrarse un conejito no es tan raro, y menos si vives en el ensanche de Barcelona, hay mucho sitio donde esconderse, si fuera conejo lo haría dentro del plátano enfermo que hay enfrente de mi casa. Esto pensaba yo justamente el otro día cuando asomé mi cabeza en el hueco del árbol y ahí estaba el conejito Bruno, esperándome. A veces las cosas son tan evidentes que cuesta hasta creérselas, otras veces no. Me lo llevé a mi casa entre mis brazos, tan suave, le di de comer crema de zanahoria, con un poco de queso blanco y crema de leche. Incredulidad, la incredulidad reflejada en su rostro de conejo. Lo saqué a pasear atado a una correa de gato, le enseñé cosas: "mira Bruno, esto es un árbol, A R B O L, y esto un container, C O N T A I N E R", esa clase de cosas. Pero el día que soltó la primera palabra, supe que pronto vendrían los reproches, las exigencias y la bronca, así que, una noche, me lo llevé a la sierra mientras dormía y allí lo dejé, tirado como una colilla. A veces, cuando lo recuerdo y pienso que en la vida volverá a comer crema de zanahoria, me echo a llorar y no encuentro consuelo.

Biodegradabilidad del alma

En días como hoy, en los que me siento tan harto de mí mismo, me voy a la planta de compostaje de Sant Boi y me entierro entre la basura. Y porque soy biodegradable y soy muy competitivo y porque soy un perdedor, desafío a las cáscaras de huevo y a los huesos de ciruela a ver quién se biodegrada antes. No suelo aguantar más de veinte minutos.

Pisotear a Lorca

Dennis me comenta que se ha hecho unos calcetines transparentes cosiendo dos láminas de plástico maleable con hilo de pescar; que ha cambiado la suela de sus zapatillas viejas por dos piezas de metacrilato moldeado y que ha aprendido a andar levantando sus piernas de forma excesiva, como en un grotesco paso militar. Así se le puede encontrar paseando, por ejemplo un domingo, mostrando orgulloso unos versos de Lorca que, en su día y sin mucho convencimiento, se hizo tatuar en las plantas de los pies.

Oferta

He recibido una oferta de una fábrica de congelados, de pingüinos congelados, de congelados de pingüino mejor dicho. Han leído algunas de mis anécdotas, aprecian mi talento, quieren que les ilustre las cajas de congelados con mi pluma senil. Se trataría de escribir unos cincuenta textos para cada uno de sus productos y renovarlos trimestralmente. Algo innovador, aire fresco para la industria pingüinística. "¿Cuántas mesas llenas de billetes al mes?" he preguntado, "Tres mesas, Leni". Reconozco que es una unidad métrica poco precisa: dependiendo del tamaño de la mesa y del valor de la divisa uno se puede llevar algún que otro desengaño, pero es que a mí, la imagen siempre me invitó a medirlo así. Tres mesas... Mentalmente me he puesto a trabajar: "Para que esta cajita de 24 alitas de pingüino llegara a su cocina, ha sido necesario ajusticiar a 14 pingüinos: diez normales y cuatro mancos, etcétera etcétera". Ya ven, dinero fácil. No tengo dudas, el lunes le comunico a Sven que dejo la fábrica.

Contraoferta

Sven se ha vuelto loco: Dice que iguala la oferta de la empresa de congelados. Dice que no le importa hacerlo con dinero de su bolsillo. Dice que la fábrica de anécdotas no se puede permitir el lujo de dejar escapar a su Eidur Gudjohnsen, a su Hannes Sigurdsson, a su Veigar Gunnarsson y que me va a subir la cláusula de rescisión a 50 millones de euros. Tiene una visión absolutamente futbolística de la existencia y el fútbol islandés no da para más. Dice que me llevará al pingüinario de Olafsjordur, ¿incluso en Islandia hay que ir a un pingüinario para ver pingüinos? No lo sé, creo que ha perdido el juicio, creo sinceramente que Sven está enloqueciendo.

Avioncitos de carne y hueso

La novia de ese conocido mío se puso muy pesada con el "Yo a ti te conozco de algo". Suele ocurrir. Afortunadamente no nos conocíamos de nada, estaba y estoy seguro de ello. Ella era controladora aérea, unos 6.000 euros al mes; su novio entonces, su marido poco después, su actual osito de peluche: un avioncito más que controlar en la pantalla, un auténtico calzonazos. "Pero es que yo a ti te conozco de algo, segurísimo vamos", "Es posible que nos hayamos visto en alguna entrevista de trabajo", le dije un poco harto a la de diez, "Ah mira, pues ya podría ser, ¿tú de qué trabajas?", "Soy friegaplatos". Y ya casi no insistió.

Mirillas telescópicas

Este año vino ayer. Viene todos los años. Digo que es un señor bajito y digo que me cae bien. Vende mirillas telescópicas. Se acerca a mi mirilla lentamente y niega con la cabeza: "su mirilla es una invitación al asalto de su fortaleza, si alguien se agacha enfrente de su puerta, con su mirilla usted no le puede ver. Usted puede tener a un tipo trabajando en su cerradura agachado durante dos horas, un chimpancé podría desmontarle la cerradura en ese tiempo, a un rumano le bastaría con medio minuto." Entonces viene la demostración, es la parte que más me gusta. El vendedor me invita a cerrar la puerta, solo en el rellano se agacha, veo su coronilla, veo como hurga en la cerradura con su bolígrafo, veo como se ríe, cree en su producto, es importante creer en tu producto. "Podría haberle desmontado la maldita cerradura, podría haberle pegado una bomba lapa en los bajos de su puerta." "oh...". Al final le termino comprando la mirilla telescópica, la misma que el año anterior, un poco más cara. Me la instala con aire de satisfacción, me gusta que me engañen si me doy cuenta. Sé que ya no habrá demostración, sé que tendré que esperar pacientemente a que vuelva el año que viene.

Vendrá el Rumano

El tipo de las mirillas ya me advirtió, pero con la mirilla no bastaba, había que hacer guardia las 24 horas y al final me venció el sueño. Me he levantado hambriento de madrugada y me habían saqueado la nevera, seguramente el chimpancé. Se me comió toda la fruta, no sólo los plátanos; se me comió hasta unos lichis pochos que olvidé tirar a la basura; se comió también la mayoría de las cáscaras de plátano y de naranja, incluso creo que algún hueso de albaricoque, tendré que revisar el inventario; se comió también tres manzanas, pero, oh rarezas, estas las peló a cuchillo; la que supongo que era la última monda le quedó ya bastante bien, muy finita, aprenden rápido estos simios. Que desazón encontrarte la nevera vacía cuando te levantas hambriento de madrugada. Hay cosas que uno sabe que tendrán segunda parte. Así que antes de acostarme he puesto mis alhajas en una cajita y las he dejado en el mueble del recibidor con una nota: "Estimado Rumano, le he dejado todas mis cosas de valor en esta cajita, desconfíe si quiere, pero trate de obrar con discreción. Gracias por adelantado, Leni".

A puntito a puntito de...

En su día estuve en duda entre tocar el chelo o el contrabajo. Del contrabajo me seducía la idea de tirarlo por la ventana el día en que me cansara de tocarlo, pero por aquel entonces tenía mis inquietudes y mis angustias y me parecía demasiado instrumento para mí, demasiado grande. Temía quedarme dormido tocando, con el contrabajo en las manos, o dejarlo mal apoyado en un receso y que se me viniera encima, en definitiva, mi mayor temor era morir aplastado por mi propio contrabajo. Pero nada de esto ocurrió aunque lo haya contado mil veces. Las cosas que uno estuvo a punto de hacer no cuentan para nada aunque se cuenten mil veces, deberíamos empezar a asumirlo. La única verdad es que me decanté por el chelo, que jamás he tocado el contrabajo, que jamás se me ha caído un contrabajo encima, y, lo que más me apena: que jamás pude tirar un contrabajo por la ventana.

Espejos

Mi mirada es poderosa, veo cosas en los ojos de personas y animales. Soy capaz de ver lo que piensan en imágenes en miniatura: veo zanahorias en los ojos de las jirafas; te contaría la vida de ese calamar gigante con sólo asomarme a uno de sus inmensos ventanales. Alguien vio una vez una sirena en la lágrima de una ballena, pero creo que fue el alcohol. Yo estoy muy seguro de ver lo que veo, aunque bueno, sí, a veces también bebo. Cuando me cito con Dennis Lima, mi editor, sobretodo si, como solemos, quedamos en el bar de la esquina, puedo ver la copa reflejada en sus ojos y sé que no hay para él nada tan importante; cuando Sven me cita en su despacho, veo mi estupidez reflejada en pequeñito en sus pupilas; si es con Coral, mi tristeza y mis miserias, hasta a veces creo ver la sombra de otros hombres. Lo que me estás a punto de decir, lo veo también en letritas Arial de cuerpo 0.2. La información está ahí, hace ya tiempo que me di cuenta, el problema es que viene todo tan pequeño que me sigo equivocando.

Todos a mover la cabecita cuando yo lo diga

Pobre Dennis. Quedé con él el sábado por la noche, hace una semana que ha vuelto a su antiguo trabajo de teleoperador. De momento está contento, se pasó toda la noche justificándose, explicándome cosas extrañísimas. Dice que ser teleoperador es una forma moderna de arte y que su manifestación principal radica en la capacidad de intercalar los síes, mhms y otras palabrejas vacías, en el sitio justo del discurso de tu interlocutor. Me pone algunos ejemplos: "Mi hijo tiene una mucosidad muy espesa desde el viernes, grumosa, de un verde amarillento, con hilitos rosa", "sí...". Se explica: "Este "sí...", aquí puesto, no es malo, pero para que esto fuera arte, en lugar de "sí", habría que haber dicho "vaya"". Luego hace que sí con la cabeza, arriba y abajo, varias veces, mira hacia algo situado unos 3 centímetros por encima de mi oreja derecha -la antena de un caracol que hubiera escalado hasta allí sin que yo me diera cuenta-, me toco la oreja, no hay ningún caracol, sonrío aliviado, Dennis sonríe, hace que sí con la cabeza 18 veces más y se cree muy listo. Me alegro de que estés bien, Dennis, pero me angustio con sólo pensar en lo dura que será la caída.

Uno de tantísimos agujeros negros

A Neme y a mí nos encantan las tradiciones, y es de entre todas las tradiciones de lo más tradicional pasar el primer sábado de octubre en las fiestas de Cayo Palomo. Creo que las fiestas de Cayo Palomo nos gustan tanto porque hacemos un montón de cosas que hicimos ya el año pasado porque las hicimos también el anterior. Y jugamos a las peleas de palomas y a las carreras de cucarachas y Neme me pregunta todos los años que dónde está la calle del cogumelo y yo le digo igual que los diez últimos años que conozco la calle porque yo tenía un local en el que tocaba el chelo, pero que no sé si sabré llegar, ¿que cuántos años hace que estudiaba el chelo en ese local? esto varía porque cada año tengo que añadir un año más. Luego bailamos con la orquesta de Juan Pradera y nos quedamos embelesados con los muslos de Marusky y los dos primeros viejos que vemos pasar somos nosotros mismos en las fiestas de Cayo Palomo de un futuro que se nos está viniendo encima. Al final el alcohol y la paradoja me dejan tan desorientado que siempre me acuesto con el temor de despertar a la mañana siguiente en el año 1986 o en el 2044.

Con la casita a cuestas

Ciertamente hacer obras en casa es un engorro, pero es ahora, después de días encajado en mi cubículo resguardándome de una lluvia que no cesa, cuando me doy cuenta de que debí tirar el tabique cuando me lo propuse. Si salgo de ésta compraré un deshumidificador, adecuaré una salida de emergencia, instalaré un sistema de canalizaciones para desalojar mi propia baba y hasta puede que me compre un brasero. Pero dicen por ahí que salir del escondite tampoco es tan malo, que en la vida habrás visto ni volverás a ver tantos caracoles juntos, que después de tanta humedad vendrá un calorcito mejor que el sol que se nos llevará lentamente, que la muerte huele a perejil, a Brandy y a sofrito.

El vigilante de la fosa abisal

La fosa abisal vende una barbaridad, tiene encanto, casi tanto como los días de lluvia. La fosa abisal y los días de lluvia son dos cosas que venden mucho. Podría escribir algo maravillosamente melancólico sin esforzarme demasiado hablando de un día lluvioso en una fosa abisal, pero a 11.000 metros de profundidad no es fácil notar la lluvia porque cada nueva gota añade un peso insignificante a las toneladas y toneladas de agua que ya te mantienen encogido.

Otro día lluvioso en la fosa abisal

El vigilante de la fosa abisal aniquila tiempo imaginando párrafos maravillosos de una falsa novela autobiográfica que más tarde, al llegar a casa, frente al folio en blanco, habrá olvidado. Párrafos perdidos que después me asaltarán a mí de madrugada, ¡Oh miserable redactor de la fábrica de anécdotas de Cornellà!, párrafos como que "a 11.500 metros de profundidad nadie deja ni un segundo de pensar en ti y es una suerte cuando la batería de tu linterna dice basta y te aleja del horror y la monstruosidad de criaturas que nunca nadie supo imaginar."

Psicotecnia

En los psicotécnicos de figuritas no fallaba una, pero cuando quise entrar en el cuerpo de policía, en los tests de personalidad daba fatal: unos días salía esquizoide, otros paranoide y el resto bipolar. No había manera. Así que me apunté a la Adams, estuve un año yendo a la academia, me estudié las respuestas correctas hasta que me cogieron y ahora estoy mucho mejor.

He tocado música clásica un St Patrick's Day de madrugada

No sé de quién coño fue la idea. A menudo, cuando la gente no respeta el turno de palabra y se apelotonan los argumentos, me acuerdo de cuando tocaba el chelo con el cuarteto de cuerda en pubs irlandeses los viernes de madrugada. Me acuerdo mucho de cómo cerraba los ojos y me esforzaba en visualizar, en separar, en ponerle nombre a todo el material acústico. De cómo al final era capaz de discernir los cuarenta borrachos de la mesa de la primera fila, del contracanto del violín segundo; la jarra de Guinness que se hacía añicos en un rincón de la sala, del suave rozamiento del arco de la viola sobre su tercera cuerda; la delicadeza de "Der Tod und das Mädchen", de los berridos de una canción tradicional irlandesa ("you're drunk you're drunk you silly old fool..."); la música del ruido. Me acuerdo de cómo, entre ese magma tabernario, nos encontrábamos los cuatro en asombrosa sincronía sin que ni una sola vez, ninguno de los presentes consiguiera darse cuenta del milagro.

Ya es navidad en "El corte inglés"

De madrugada, los pingüinos de peluche de la juguetería, se montan torpemente en las escaleras mecánicas y, chocando entre ellos mil y una veces, atraviesan la planta joven de "El corte inglés". Es el suyo un chocar sordo, un chocar de peluche; sólo el "¡CLEK!" de los ojos de plástico al golpear el gres rompe el silencio mientras se acercan en manada a la planta de electrodomésticos. Una vez allí, enchufarán las neveras como cada noche y se refugiarán en los congeladores de dos en dos para así coger fuerzas y tratar de resistir otro día más el toqueteo de tanto cabrón y el polvoriento futuro que se les avecina.

Ronca, tú ronca, maldita

Coral ronca por las noches. Coral es muy fácil de voltear cuando ronca por las noches, basta con la yema de dos deditos de nada para ponerla de costado y que cesen los ronquidos. Es esto algo que me tranquiliza mucho porque pienso que el día que se porte mal, sólo tendré que esperar a que caiga la noche para sacarla rodando de la cama hasta la calle.

Versión 1.42

Me preparé una anécdota deliciosa para la cena de Navidad de la empresa, empezaba diciendo que era una anécdota muy larga de explicar y que además era mentira. Era un buen comienzo. La conté cuarenta y dos veces, porque éramos cuarenta y tres y llegué el primero, de forma que la persona que llegó justo después, escuchó al final cuarenta y dos versiones distintas de la misma mentira.

Winners don't use drugs

Mi deporte favorito es el golf de terraza. Cada tarde tiro una bola. Cuando llego de la fábrica de anécdotas cojo el hierro 2 de detrás de la puerta del salón y una bola del frutero, salgo a la terraza de mi ático de Sant Andreu, pongo la alfombrita de hierba artificial encima de la mesa de mármol y me pongo a leer el periódico. Cuando empieza a oscurecer aparto el periódico y calculo dónde lanzaré la bola esa noche; trato de trazar la trayectoria mentalmente, a nivel teórico soy francamente bueno: la bola traza en mi cabeza una parábola perfecta hasta estrellarse contra el acristalado del Banco de Santander. Cuando es noche cerrada me subo a la mesa de mármol, planto la bola en el centro del tapete y ensayo y ejecuto un swing torpe. Tampoco hoy conseguiré un buen impacto, con mucha suerte mi bola cruzará la calle Palomar, aunque es probable que ni tan siquiera supere la barandilla de la terraza. 365 tiros al año no son tantos.

La rendija voraz

He descubierto una grieta en una de las paredes de la fábrica de anécdotas. Está escondida en una esquina, justo al lado del cubículo en el que trabajo, y no tiene piedad. Cada mañana, antes de empezar con la primera de las 28 anécdotas diarias, le echo un vistazo, "hoy has crecido otro medio milímetro, lo haces muy bien, lo estás haciendo muy bien" le digo flojito, "sigue así, sigue creciendo, lentamente al principio, que nadie se dé cuenta, no importa lo que tardes, que yo te estaré esperando, porque eres mi última esperanza y sé que no me fallarás, sé que pronto llegará ese día en el que despertarás de tu letargo y nos engullirás a todos"

¿Pero es que a alguien no le gusta el pollo?

Dennis Lima, mi editor, anda preocupado, cree que me falta disciplina. Estábamos de copas tan tranquilos ayer cuando me sacó el tema en su característico estilo halago-reproche, "eres bueno Len, sólo te falta echarle más horas, te falta un poco de disciplina, sólo eso, te gusta demasiado perder el tiempo". Fue entonces cuando me alargó un papelito. No me importa de dónde se lo sacó, no me importa en cuantos pliegues venía doblado, no me importa si tenía una mancha de café o si desprendía un cierto olor a vainilla, tampoco si se lo sacó del pantalón o de la americana, ni si de hecho llevaba o no americana, ni si la americana, de ser una americana, era de pana o de poli piel, es que no me importa; me da igual si venía escrito en el reverso de una factura, o encima de los números o si puso cara de circunstancias o si giró rápidamente la cabeza a su izquierda en un tic nervioso que puede que tenga él o puede que tenga yo, o si justo después le hizo una señal al camarero para que sirviera otra ronda, o si la americana era negra gris o beige, o si en realidad no estábamos en un bar sino haciendo cola para comprar un pollo al ast ¿qué coño importará todo eso? Dennis me alargó un papel.

Desaparece, desaparece, desaparece... Y desaparece

Desde el primer día que crucé la puerta de la fábrica de anécdotas que estoy desapareciendo lentamente. En el espejo del lavabo, en un receso, veo como se me transparentan los tejidos, las partes blandas se desvanecen, fijándote mucho igual me puedes ver los huesos, ya sólo se me ven los huesos, los huesos y la peluca, claro. Soy una sombra que deambula por la fábrica sin que nadie se dé cuenta, una sombra con peluca que hace una parte del trabajo que nadie sabe muy bien quién la hace, "¿Pero se puede saber quién escribió esta basura pingüinesca?" se preguntan, y nadie sabe nada. Mi única duda es si cuando desaparezca por completo, cuando ya no sea ni la tenue sombra que ahora soy, alguien ocupará mi lugar, o si por el contrario podré seguir escribiendo anécdotas así, rodeado de esta indiferencia que tanto me reconforta.


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