Taxidermia II
El taxista no parece muy conforme con su vida cuando el domingo por la tarde su esposa, la taxidermista, le obliga a sacar a pasear el cadáver disecado de su padre. Hay un ascensor por el que se accede directamente desde la vivienda hasta el parking de la misma. Su esposa hizo en general un buen trabajo con su suegro, con materiales muy ligeros que le permiten trasladarlo hasta dentro del taxi a él solo, únicamente los ojos de cristal no son del todo convincentes, por lo que cuando lo tiene sentado en el asiento del copiloto le pone una gafas de sol y arranca. "Llévatelo al Tibidabo, lo sientas en un banco, dais de comer a las palomas y a las ocho en casa" le ha dicho su mujer, y mientras desmigaja un chusco de pan en la mano de su suegro y las palomas picotean a ratos las migajas y a ratos los dedos del cadáver disecado, intenta buscarle el sentido al detonante de tan delirada tragedia, "¿En serio que eres taxidermista? ¡Joder, qué casualidad! ¡Yo soy taxista!" y no puede por más que pensar que maldita gilipollez y maldita la gracia.
Auto Loans — 2008-01-31 20:42:45