Decalaje
Fui al campo el domingo, perdí el autobús, el metro y el camello no porque no lo precisaba, llegué que el partido hacía cinco minutos que había empezado. A los dos minutos puse la radio porque mi ubicación no era la mejor: estaba detrás de una de las porterías, justo a ras de césped, y se apelotonaban los jugadores de tal forma que era imposible interpretar qué era lo que sucedía en el campo. En la radio el locutor cantaba un gol de los míos en el minuto 12, pero en el campo íbamos empate a cero por el minuto 7 y las asistencias atendían a un extremo portugués al que al parecer alguien le había lanzado algo desde la grada. A los cinco minutos marcó mi equipo el gol que el locutor había narrado cinco minutos antes y comprendí de repente el por qué de tanto retraso y de tanto fracaso y de tanto llegar tarde a todo y a todas partes.