Determinación
Acabo de entrar, estoy aquí, en raramente, vengo cargado de una tremenda determinación, me recuerdo a mi mismo ayer por la noche, entrando en la habitación de los toxicómanos, la habitación de los invitados, un eterno proyecto de estudio que jamás se llevará a cabo; la pequeña habitación en la que se acumula toda la ropa que os podáis imaginar, quilos de ropa por plegar, zapatos zapatos zapatos, trastos, polvo y mugre, una escoba que no barre de tan roída como está: el enemigo íntimo del lagomorfo de la casa; un árbol de navidad de plástico de los chinos que este año se quedó a medio montar, regalos absurdos, bolsas de plástico, bolsas de papel, bolsas de plástico, más bolsas de papel, otra bolsa de plástico, ésta llena de papel: papel de regalo rasgado y arrugado ¿Por qué mi tía no romperá el papel de los regalos? El año que viene me fijaré mucho en el papel de su regalo, en el papel del regalo que me hace todos los años, intentaré recordar si corresponde quizás al papel de un regalo que puede que le hicieran mis padres la Navidad del 96, es posible que lo guarde durante un periodo prudencial de 10 años para reutilizarlo sin que nadie se dé cuenta. ¿Pero qué más dará mi tía? ¿Qué más dará el cuarto de los invitados? ¿Acaso dormiréis allí alguna vez? ¿Por qué estas enumeraciones? ¿Y por qué estas listas de preguntas que nadie contestará jamás? Acabo de entrar, estoy aquí, en raramente, me repito, parezco un rapero de los malos, entré buscando algo, igual que entré ayer en la habitación de los invitados, ¿Pero buscando qué? Olvidé ayer qué es lo que andaba buscando y salí de la habitación tal y como entré, con las manos vacías y mi determinación convertida en un trasto más, en unas bragas sucias y arrugadas, igual que salgo de aquí ahora, sin saber muy bien qué andaba buscando tampoco aquí, pero por lo menos escribí algo, algo que releo y hasta me gusta, unos calzoncillos más o menos presentables: unos bóxer Adolfo Domínguez con la goma medio dada.