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raramente (2006 - 2008 - 2010 - 2012)

07-02-2008 20:08:21

Silogismo II


Mi esposa me dejó hará unos tres meses para mudarse a dos minutos de la que fue nuestra casa ¿A quién se le ocurre?, desde entonces que me tengo prohibido cruzar la calle del Cogumelo que es donde vive ella ahora y que hace esquina con mi calle por el sur. Durante un tiempo pude cruzar hacia el este por el parque o ir hacia arriba por mi calle; hacia arriba y hacia el este hay muchísima ciudad y el muro infranqueable en el que se convirtió para mí Cogumelo apenas si lo notaba. Hasta que un día ocurrió ese lamentable incidente en el parque con la vecina del tercero y con el dueño del perro del vecino del quinto: La vecina estaba a la sombra de un almez aniquilando el tiempo y me preguntó por mi mujer, consiguió hacerme perder la cabeza con sus preguntitas, consiguió que la cogiera de las solapas, a sus 80 años, verdaderamente meritorio, luego el vecino del quinto me cogió del cuello a mí y para resumirlo de algún modo se me ocurre decir que el bochorno fue considerable. Entonces ya sólo podía ir hacia arriba, salir de mi piso con suma cautela evitando por igual a vecinos y animales, para ir calle arriba, siempre hacia arriba. Pero esto se terminó ayer, a la vuelta del trabajo. Venía yo hambriento y no me quedaba más que una lata de sardinas en la despensa, eran las cuatro de la tarde y me aventuré en la frutería Pakistaní que hay al lado de mi casa a comprar algo para la ensalada. Al margen de que el género no tenía buena pinta, el dependiente comía detrás del mostrador granos de uva de los que desechaba piel y semillas metiéndose dos deditos en la boca, deditos que usaría luego para pelarme un durazno y ofrecérmelo como muestra de gratitud por haber entrado en su tienda. Cómo explicarlo sin herir susceptibilidades: esta gratitud es poco occidental, es una gratitud cuya total falta de higiene no me interesa, pero por otro lado el Pakistaní fue verdaderamente amable conmigo, tampoco merece sufrir mi indiferencia día sí día también, verme pasar enfrente de su tienda sin que jamás vuelva a comprarle nada más que los cinco duraznos que ayer por la tarde me llevé a mi casa. Lo tengo decidido, las circunstancias de hecho lo han decidido así por mí, yo me quedo aquí, me mantendré firme en mis convicciones: de mi casa no me muevo; tengo una lata de sardinas en la despensa, el agua del grifo no sabe tan mal, tengo 4 melocotones pochos, me comí uno reflexionando sobre todo esto. Duraré lo que dure, lo que duren los duraznos duraré. Estoy bien, estaré bien, jamás fue mi intención importunar a nadie.

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Comentarios

  1. (Sigo opinando que debería poner esto Usted en negro sobre blanco sólido, nada de pantallas, pero en fin).

    Hay una solución: que sus allegados le mandemos paquetes con más latas ed sardinas (no es bueno mezclar). Espero que no tenga Usted ningún contencioso con el cartero.

    Eso sí, como tardemos lo mismo que el calvo loco ése de Cádiz que le dijo que le mandaría no sé qué y luego se fue una semana de excursión por ahí sin haberle mandado nada, pues se nos va a morir Usted de inanición.

    Plantar el hueso del melocotonero, regarl ocon agua del grifo y esperar que dé frutos no me parece, tampoco, una buena solución a corto plazo.

    Puede probar a darle pena a la viejecita, a ver si l operdona y lo invita a merendar.

    Y el perro del quinto, bien condimentado, no tiene por qué estar malo. Es un afamado plato vietnamita, según creo. Y si ha pasado sus controles de sanidad...

    Microalgo — 08-02-2008 13:46:18

  2. "consiguió hacerme perder la cabeza con sus preguntitas, consiguió que la cogiera de las solapas, a sus 80 años, verdaderamente meritorio" bravo por esa frase, bravo, bravo, bravo.

    Herns — 09-02-2008 16:58:17


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