Yo te escucho, claro que sí
Todo lo contaba desde muy atrás. Conforme iban cayendo los gintónics las anécdotas se acercaban en el tiempo en su conclusión pero nacían embarulladas y torpes en un pasado cada vez más y más lejano: “¿A que no sabes lo que le escuché decir a Sven esta tarde sobre el secretario adjunto? Esto es muy curioso, porque los bisabuelos del secretario adjunto vivían en Cuenca, como los abuelos políticos de mi tía Laura […]” "joder, otra vez los abuelos políticos de su tía Laura, esa parte viene de serie en cualquier cosa que me cuente, otro gintónic, por favor…" y entonces, con ese bla bla bla envolviendo mi borrachera, lo vi claro: yo, ella, nosotros, nuestra cena en el libanés formando parte de un relato futuro mil veces contado que arrancara desde mis ancestros aztecas pasando por los abuelos políticos de su tía Laura, para terminar diciendo, después de eternos circunloquios, algo así como que el humus que comimos aquella noche es de largo el mejor que se sirve en todo Barcelona.