Enamorarse flojito
Me enamoro mucho, sobretodo en el metro, sobretodo de la chica que se sienta enfrente mío. No importa lo guapa o fea que sea, lo que importa es que se siente enfrente mío. El jueves, por ejemplo, me enamoré por la mañana al ir a trabajar, me enamoré de una chica pequeñita y finita con una coleta en un costado y que consiguió su proposito de evitar cruzar conmigo ni una sola mirada en un trayecto de 13 paradas, todo un logro, enhorabuena. A las tres y media, al volver del trabajo, quedé prendado de una chica grandísima, rellenita, de unos 30 años, iba muy corta y muy escotada, sentada le calculé 1'80 y 90 kilos, cuando se levantó a la parada siguiente ya medía 1'90 y pesaba 120, siguiendo esa progresión calculé que a las nueve tendría a la ciudad de Barcelona atemorizada, fantaseé con escalar la torre Agbar a sus lomos, fantaseé con un beso cinematográfico en las alturas... Finalmente por la noche me encapriché de una señora un poco más mayor, de unos sesenta, cargando con dos bolsas del carrefour de las que sobresalían entre otros productos una garrafa de lejía conejo y un pack de seis bitter kas, me entraron ganas de llevarle las bolsas hasta su casa. Una ama de casa adorable. Estoy muy enamoradizo, por fortuna luego se me pasa enseguida.