¿Pero esto lo haces tú en tu casa?
¡Cuántos nervios! ¡Qué angustia! El tiempo se nos echó encima el día que la reina del orden y la limpieza vino a cenar a nuestra casa. Porque también nosotros somos víctimas de ese extraño empeño que pone la gente en intentar disimular sus carencias en vez de asumirlas o si acaso tratar de corregirlas. Así que todo estaba inusualmente reluciente y en su sitio cuando la reina del orden y la limpieza cruzó el umbral de nuestra casa buscando la mota de polvo que le alegrara el día. Y después del examen vino la cena. Todo fue bien hasta que descorchamos la segunda botella. Entonces empezó con los eructos, blurp!, decía ella para luego disculparse, eso sí, con su educación exquisita. Después vino algún que otro descuido, como el cigarrillo que olvidó encendido en el borde de la mesa de conglomerado o la copa de vino que derramó en la moqueta del comedor. Muy poquita cosa si lo comparamos con el momento estelar de la noche, cuando, tras sentirse indispuesta, vomitó en el fregadero lleno ya con los platos sucios de la cena. Y es que es muy difícil que te siente bien la comida cuando comes y bebes tanto como comió y bebió la reina del orden y la limpieza.