¡Yo también quiero salir!
Esto es que estoy tumbado en mi cama dándole vueltas a lo que quiero contar hoy. Esto es también una forma de empezar. Esto es que Coral se ha desvelado cuando he entrado en la habitación porque he golpeado la cómoda sin querer, en parte por lo torpe que soy, en parte por la oscuridad y en parte por lo angosto del trayecto: 33% + 33% + 33% más un 1% que vamos a atribuir a las ganas propias de Coral de salir en todo lo que cuento. Esto es que dejo de empezar las frases con esto es. Y estando tumbado en la cama, retumba por el pasillo un ruido atronador; pero todo el mundo tranquilo, que nadie se alarme: es un ruido que identifico claramente: es un ruido de plástico: de peluche que golpea el plástico: de la pata de un conejo que es como de peluche golpeando el plástico del suelo de su jaula para llamar la atención. Y dejo pasar unos segundos y me siento Dostoievski. Normalmente cuando Leniotxka hace esto es porque quiere algo, y normalmente, y para que quede claro, no se planta en un solo golpe, al primer golpe le sigue un segundo golpe y luego otro y luego otro, y luego los que hagan falta hasta que alguien se acerque a su jaula y le ponga agua o le ponga comida o le acaricie durante dos minutos su cabecita de peluche loco. Pero de momento sólo se ha escuchado el primer golpe; lo bueno de las cosas es que pase justo lo que esperamos que pase, "va a ocurrir esto vaaocurrir esto vaaocurriresto!" hasta que ocurre lo que tiene que ocurrir y es entonces cuando nos damos por satisfechos; pero la espera también tiene su qué, estar en el más profundo de los silencios esperando a que un conejo le pegue una patada al suelo de su jaula tiene mucho de expectación y de suspense... y efectivamente no han pasado ni diez segundos cuando se escucha "¡¡¡Paaaaaaa!!!" y luego otra vez, un poco más seguido "¡¡¡Paaaaaaaaaa!!!" me levanto de la cama, "¡¡¡PAAAAAAAAAAAA!!!", "Ya va ya va ya va... Leniusky también quiere salir en el posteo de hoy" pienso. A partir de ahora ya todo es más difícil de creer, porque resulta que al llegar al comedor me encuentro con que hay no menos de 20 bichos merodeando por la jaula de Leni Lenikovitx, entonces enciendo la luz y, oh sorpresa, son insectos gominola. Al verse sorprendidos han tratado de esconderse, se han puesto todos como formando una especie de cenefa de redondas por todo el borde de la jaula con carita de 'soy una cenefa', todos salvo uno que se ha intentado meter dentro de la oreja izquierda de Leni, pero todavía asoma medio cuerpo, como pretendiendo ser un pendiente. Los insectos gominola, que se esconden regular, ya lo dije aquí un día. Cojo el de la oreja de Lenchy y me lo como, es de naranja, lo mejor las patas y las antenas: dulces dulces. Qué rico por favor. El resto los cojo también pero es más la hora de los somníferos que de las golosinas, así que los meto en una bolsita de plástico y la cierro con un nudo doble para que no se escape ninguno. Y de repente otro ruido y esta vez no es Len, viene de la terraza, "tic tic tic tic tic", joder. Me acerco a la terraza, "tic tic tic tic tic", aparto la cortina, y... ¡¡¡Chán!!! ahí está el rumano golpeando el cristal con sus uñas negruzcas. Abro la puerta de la terraza, no le guardo rencor, soy un tipo comprensivo, hace su trabajo: 'hombre, ¿qué tal? ¿todo bien? ¿qué tal el portátil?' 'bien, bien, muy bien, se encalla un poco la barra espaciadora, ¿no tendrás por ahí la garantía? ... pero vamos, que todo bien' 'y qué haces aquí en la terraza, pasa dentro, no seas tonto que cogerás frío. Y toma, un insecto gominola' 'no, nada, es que yo también quería salir' '¿salir a la terraza? ¿a estas horas? ¿a tomar el aire? ¿con el frío que hace?' '¡no! ¡que yo también quería salir en el posteo de hoy!' Ah coño...