Coral, Leni, el níspero y yo
He salido a la terraza. Es raro, he salido esperando no sé muy bien el qué, ¿acaso puede que ocurra algo hoy? No creo. Estoy pues en la terraza haciendo tiempo, esperando que ocurra algo. Me fumaría un cigarrillo pero no fumo. La que sí que fuma es mi señora, y han transcurridos cinco minutos cuando es Coral la que sale a la terraza extrañada. ¿Qué haces? Nada, espero. Y enciende un cigarrillo. Nos apoyamos los dos en la barandilla de la terraza y ella fuma y espera y yo espero y espero. Esperamos. El balcón delantero da a una plaza que conserva una chimenea altísima de una antigua fábrica textil: 'la plaça de Can galta Cremat', un bandolero catalán, el bandolero de la mejilla quemada. El balcón es muy pequeño, triangular, ¿Por qué triangular? ¿Por qué no rectangular? Qué ganas de escatimarnos un metro cuadrado; cabemos los dos y el níspero y poco más. Enterré un hueso de níspero en una maceta hará ya más de un año, lo tuve los primeros meses encima de un cubo para que Leni no lo pudiera alcanzar. Pero Leni creció más rápido que el níspero y un día al ir a regarlo Leni le había practicado una poda intensiva. No quedaba nada. Pero el níspero es un superviviente, porque con el tiempo volvió a sacar la cabeza, volvió a brotar. Al cabo de unos meses, cuando parecía totalmente recuperado, lo atacó el pulgón y se le marchitaron todas las hojas. Ahora lo tenemos puesto en un soporte en la barandilla y está mucho mejor, algo escuchimizado por el tiempo que tiene. A veces Leni, cuando sale a la terraza, se pone sobre sus pies que son enormes, y a dos patas contempla maliciosa el níspero inalcanzable y floreciente, como un sicario al que se le hubiera escapado con vida una de sus víctimas. Coral, Leni, el níspero y yo. ¿Y qué esperas? Me pregunta Coral. Y estoy por contestar cuando se oye por la derecha un zumbido que va subiendo rápidamente de intensidad hasta hacerse insoportable, con las manos tapándonos los oídos vemos aparecer de repente un objeto volador no identificado que se estrella contra la chimenea de la plaza con un tremendo estruendo. ¿Cómo sabías que iba a ocurrir eso? No lo sabía, yo de hecho esperaba un beso. Y me da un beso. Después apaga el cigarrillo contra la pared del edificio y nos metemos para dentro.