Second balcony jump
No paraba de repetir que la casa se le caía encima, “la casa se me cae encima, la casa se me cae encima”, otras veces sólo eran las paredes, “las paredes de mi casa se me caen encima”, no sabría deciros si ese matiz ocultaba un estado de ánimo algo más festivo o no era más que una variación accidental. Lo cierto es que el otro día la enterraban: se tiró por el balcón. Es un mal muy de nuestro tiempo este ansia febril por acabar con todo cuanto antes, esta paciencia de tarrito de azafrán con la que no se va a ninguna parte. Ni a que su casa definitivamente la sepultara supo esperar.