Cosas que me dicen las voces
Echado en la tumbona del balconcito trasero me cuestiono mi omnipresencia. Oigo como alguien bate un huevo y me pregunto si no podría ser que fuera yo mismo, que algún que otro huevo he batido también alguna vez, el que bate el huevo en el piso contiguo. El rumor de alguien que friega los cacharros me devuelve el recuerdo de aquella vez que la asistenta no pudo venir y Coral estaba enferma y tuve que fregar un tenedor para evitar comerme los macarrones con las manos, y pienso ¿y por qué no? ¿no podría ser que yo, estando en mi casa, estuviera también en el resto de las casas? ¿por qué no va a poder ser esto posible? Llamo a Neme, Neme es un amigo que vive en la misma manzana que yo, desde mi balcón puedo ver la parte trasera de su piso; la cocina y el cuarto de los invitados dan al mismo patio interior al que da mi balconcito trasero. Neme tarda en coger el teléfono. Hola Neme. Hola Len, disculpa la tardanza, estaba en la ducha. Discúlpame tú a mí, sólo quería una cosa, ¿podrías asomarte un segundo por la ventana del cuarto de los invitados? Y entonces veo una figura pequeña, vestida con un albornoz igual o muy parecido al mío, asomarse a la ventana del cuarto de los invitados de Neme, está un poco lejos, podría ser Neme, pero definitivamente también podría ser yo.