Endogamia para adictos
Y seguimos caminando hacia el polvoriento horizonte del olvido. ¿Pero no íbamos a Bodegas Castañeda? Sí claro Den, sólo que me apetecía soltar esta frase. Ah bueno. Dennis Lima, mi editor, y yo hemos vuelto a Granada. A los que me lean por primera vez les parecerá que somos tres los que volvemos a Granada, pero en realidad soy sólo yo el que vuelve, porque Dennis Lima y mi editor son la misma persona y ellos, él si lo preferís, en Granada no habían estado nunca antes. Así las cosas, la frase, “He vuelto a Granada con Dennis Lima, mi editor” superaba con mucho a la frase con la que finalmente me decidí para preceder a la falsa introducción, pero no todo es la semántica, están también el principio de contradicción, la musiquita, el ritmo y otras patrañas. He vuelto pues a Granada con Dennis Lima, mi editor, he vuelto al lugar de los hechos porque sí, porque soy así, porque disfruto caminando borracho por las estrechas cornisas de los más imponentes rascacielos, porque mi vida se vende bien barata en los mercados de la miseria de las ciudades más miserables. ¿Crucecita por aquí? Crucecita por aquí. Estamos en el Bar Bodegas Castañeda, el lugar de los hechos y el bar está tan a reventar como el día de los hechos. Misteriosamente, sin embargo, el sitio que Coral y yo ocupamos en la barra cuando me desmayé está libre y allí que nos situamos los dos. Reconozco a dos camareros que estaban el día del desmayo, les busco la mirada esperando que me reconozcan ellos a mí también, esperando un poco de cortesía, esperando que me pregunten si ya estoy mejor. Y no hay manera. ¿Pero se puede saber qué coño hay que hacer aquí para que se acuerden de uno? Me enojan estos pequeños detalles. Son azarosas las tapas que nos van sirviendo: chipirones, carne en salsa de tomate, paella; se me iluminan los ojos cuando veo acercarse las croquetas. Me asaltan de repente los recuerdos que todavía no se me han borrado: mi cara llena de aceite, una colilla desenfocada en el suelo inmundo; escribo y borro a la vez que sé que se me borra todo, con la inquietud de que, cuando reescriba lo que pretendía contar, se me haya borrado también eso. Lo que peor me sabe de cuando me desmayé es precisamente mi falta de conciencia en el momento culminante de los hechos, el haberme perdido el histerismo de Coral, el pasotismo de los camareros, el estupor del personal, algún que otro comentario fuera de lugar. Así que se me ha ocurrido que voy a fingir un desmayo, se me ha ocurrido eso como se me podría haber ocurrido cualquier otra cosa: un ejercicio tonto de genio gilipollas. Devoro media croqueta de un bocado, mmm, están riquísimas Den, prueba, prueba, entonces me llevo la cerveza a los labios, doy un sorbo, vuelvo a dejar la jarra en la barra como si tuviera el tiempo justo de hacer eso y poco más, me pongo la mano en el pecho y con un gesto teatral me desplomo entre la multitud, con la inquietud y la duda de si no se me habrá atravesado la croqueta también esta vez.