Frogger 17.5 (adjetivar es bello)
Pasé el fin de semana en una choza en el Montseny con Dennis Lima, mi editor. Dramáticamente abandonado por la inspiración, convinimos que me vendría bien orearme un poco. No paró de llover en todo el fin de semana y el sábado, de madrugada, abrumados por la tormenta púrpura del vino, y después de contemplar en silencio durante una hora y media el transitar de una mosca por el mantel, deformada tras y por copas y botellas, Dennis Lima dijo que si salíamos a dar una vuelta o qué y salimos a dar una vuelta. Nos perdimos por caminos de montaña en su 4x4 y llovía bárbaro que es más que llover a cántaros y con iguales vocales y acentos, y cuando se diría que ya no podía llover más, el rugido de la lluvia se redoblaba y el cielo parecía desplomarse sobre todo el terreno y sobre el todo terreno destartalado de Den. Nos quedamos clavados en un tramo particularmente angosto y costanero y nos tuvimos que bajar para calzar las ruedas y nos pusimos de barro hasta las rodillas. ¡Y cómo une el barro!, ¡qué cosa tan bonita! Superado el escollo alcanzamos eufóricos la cresta de la sierra y la recorrimos por una carreterita estrecha, con el temporal arreciando, con relámpagos como efímeras antorchas iluminando un asfalto atestado de sapos gordotes como conejos que intentaban cruzar torpemente la carretera, con babosas enormes que nos miraban desafiantes a ras de suelo, con conejos como perros siberianos sorteando con sus gráciles brincos las embestidas de un Dennis que conducía ya derrapando enloquecido, enardecido por la locura irreal del momento. Cuando lo recuerdo tengo la sensación de que todo es inventado, que en realidad puede que sí que saliéramos a dar una vuelta en coche, en un coche que seguramente no era un todo terreno sino un Supermirafiori o un Seat Panda y que llover llover, no sé yo si llovió tanto, que igual un trueno lejano me hizo venir a la memoria la lluvia que sí que trajo algún trueno alguna vez, aunque no precisamente ese trueno, ni esa vez, y si me miro la ropa y los zapatos, definitivamente me parece imposible que nos enfangáramos hasta las rodillas de tan y tan limpios como están.