Combinatoria
No fui nunca demasiado bueno con los puzles, lo que mejor se me daba era montarlos a presión por la cara uniforme. Supongo que será en parte por eso que ahora hago inconscientemente lo mismo con las piezas que se van acumulando dentro de mi cabeza. Mi cerebro me viene planteando desde el día en que nací un puzle imposible de miles de millones de piezas cuyo número, para mayor dificultad, se ha ido multiplicando con los años. Entre mis piezas favoritas están la conejita Leni, los pingüinos, una tal Coral, un tal Sven, Dennis Lima, Lenisio Dimas, Nemesio Dumas y luego lo que lo complica todo, que son sus circunstancias. Hace una buena temporada que soy incapaz hasta de encontrar las esquinas y si no encuentras ni las esquinas, entonces ya sí que no hay manera humana de tirar del hilo. De modo que la frase que me dijo no sé quién no sé cuándo, la pongo en boca de no sé qué otra persona y la mezclo con la frase que aquél otro me dijo quizás alguna vez no sé dónde y ya tenemos el puzle encajado de cualquier manera y el auditorio estupefacto. El único aliciente que me queda en este bache de anotaciones torpes es seguir esperando expectante a ver si algún día se me junta una combinación brillante de pura casualidad y yo contento y Coral contenta y todos vosotros contentos y el puzle montado y encima de la mesa y la mesa inutilizada durante semanas y semanas.