Vayan ocupando su sitio
No sé cómo he llegado hasta aquí. Yo sólo iba a comprar pan. Pero en la cola hay muchos niños negros y muchos abuelos y mucho de cada cosa y de cada casa. Hasta se diría que estamos todos, porque ni hacia delante ni hacia atrás se ve el final ni que te pongas de puntillas. Qué raro. A pesar de que avanzamos muy deprisa, lo que es evidente es que si esta cola es para el pan hoy en casa no rebañaremos el plato. Se me acerca un rumano con cara de malo, me ofrece un número en la cola, debo de oler a tonto confundido, “100.000 posiciones por 50 euros" me dice, "tengo la moto aparcada aquí en la esquina”. Llevo un billete de 50 que pretendía descambiar y algo de calderilla que me llega para una barra de cuarto; 100.000 posiciones me parecen muchas posiciones, así que le digo que vale sin pensármelo demasiado: así de poco valoro el dinero y así de importante es para mí el pan para acompañar el estofado. Nos montamos en su moto, pero en vez de llevarme hacia delante reculamos durante más de 10 minutos a toda velocidad; nos bajamos de la moto y me hace hueco entre un esquimal de unos 30 y un indio de unos 40 y me exige sus 50 euros. Le preguntó entre miradas recelosas si se trata de una broma o qué, que qué se supone que he ganado yo con eso, “redondeando, 100.000 posiciones hacia atrás vienen a ser unas 12 horas más de vida”. Se aleja con mi dinero mientras seguimos avanzando muy deprisa y se va también él a ocupar su sitio en la cola de la muerte.