Si es que se veía venir que acabaría llorando
"Acuérdate de regar las plantas" me dijo, y se fue. Antes se había preparado un sándwich de salami, me sorprendió la cotidianidad de su proceder: cogió el paquete de Bimbo del armario de la izquierda, el salami que había debajo de una bandeja de pollo dentro de la nevera, un tomate del verdulero, un cuchillo del cajón de los cubiertos, todo con una gran determinación, con un gran dominio del espacio. Su casa. Su sándwich de salami. Después cortó el tomate por la mitad encima del mármol, lo frotó con el pan, le ofreció los despojos a Leni y con una sonrisa que tocaría que fuera melancólica pero que a mí no me lo pareció, le acarició la cabeza mientras el doméstico animal atacaba frenético, ajeno al drama doméstico, los restos del tomate; abrió el envase del salami y dispuso cinco lonchas, hasta podría dibujar cómo quedaron distribuidas sobre el pan, cortó un trozo de papel Albal del soporte, envolvió el bocadillo, recogió su pequeña maleta, "Acuérdate de regar las plantas" me dijo, ella que nunca se había preocupado por ellas, y se fue. Salí al balcón justo a tiempo para verla salir por el portal y dirigirse a la plaza, la vi sentarse en un banco, desenvolver el sándwich: Coral comiéndose un sándwich en el parque, ¿y qué tendrá de distinto esta escena a todas las escenas que fueron antes? Contemplé el níspero en su tiesto -¿las plantas? Será la planta, ¿Las plantas un níspero? ¿qué plantas?-, luego otra vez a Coral, comiéndose su sándwich de salami, luego otra vez el níspero, más largamente, y otra vez a Coral, esta vez levantarse, alejarse, perderse detrás de una esquina después de tirar en una papelera el papel Albal. Coral reducida a una bolita de plata y su pequeña maleta a ruedas detrás, convertida en su nueva mascota fiel: lo último que vi de ella. Por la noche comí salami sólo, solo, solo -salami solamente, solo yo y solo el salami-, sin pan ni nada. Me acordé luego de “las plantas”; salí a regar el níspero esperando encontrar la solución a todo ese embrollo, y fue oler la tierra mojada y echarme a llorar un poquito.