Pide por esa boquita, imbécil
Hay demasiado turista, demasiado maleante, demasiada gente, ¡Demasiada! ¡Pero qué agobio por favor! Pues nada, quitamos a la gente y ya. Hecho. Pero es que el ruído de los coches es insoportable. Pues fuera los coches también. Y todos estos mimos ridículos y estos caricaturistas de poca monta fuera también, todos fuera. Vale, fuera los mimos y los caricaturistas. Y el polen de los plátanos... me pican los ojos, me cuesta respirar, no puedo parar de estornudar, ¡menuda pesadilla! Tú no te preocupes, sin árboles ni nada. ¿Y con el sol del mediodía qué hacemos? me ciega y me quema la piel y los labios cosa mala. Pues el sol lo metemos bajo el agua y listo. Y cómo crispa el cacareo de la pajarería de los quioscos ¿no?, y qué cosa tan entristecedora todos esos conejitos despeluchados hacinados en jaulas de medio metro cuadrado, ¿fuera también? Fuera, claro que sí, todo fuera. Uf... ahora sí, qué gusto pasear por La Rambla como si pasearas por una carretera comarcal de los Monegros un miércoles a las tres de la madrugada.