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raramente (2006 - 2008 - 2010 - 2012)

29-06-2008 08:08:30

Taxidermia IV (yo no estaría tan seguro)


Tu profesionalidad desalmada me diseca lentamente el alma.  Es lo que pienso, vale que no te lo voy a decir, pero te miro como insinuando “quiero que te quede muy muy claro”. Y asumo mi derrota. Hoy lo has vuelto a hacer, esta vez en la panadería, “¡Quieto!” me has gritado, y me he quedado quieto mientras sacabas tu libreta y apuntabas vete tú a saber qué cosas: que si el ángulo de mi brazo con el antebrazo, que si el brillo de la calderilla en mi mano, que si la distancia de mi mano a la mano de la panadera, que si el enarcado exacto de mis cejas, que si  la abertura justa de mi boca, que si mi rictus atolondrado. Yo qué sé. “Quisiera que este momento durara para siempre” dirá la protagonista de la peli sensiblera de turno, pues ya lo ves, a veces la realidad emula la ficción cinematográfica de la manera más tonta. Juega muy a favor de este deseo el hecho de que en general sea imposible, porque una vez paralizado con tu mano a 20 centímetros de la mano de la panadera, superada la emoción inicial del momento, la cosa cambia, porque pronto llegará  la incomodidad quieta, las primeras rampas, la angustiosa incertidumbre de pensar que verdaderamente el mundo te haya podido dejar congelado en tan incómoda postura para siempre. “¿Puedo moverme ya? ¿Puedo pagar la tarta de azúcar?”, he dicho con temblorosa voz de ventrílocuo, y desde el quicio de la puerta me has contestado que sí, ¿y por qué desde el quicio? Seguro que te has puesto ahí a propósito porque sabes cómo odio esa palabra, porque sabes bien cómo me saca de quicio. Hemos salido a la calle. No soporto cuando me haces esto, porque en el fondo sé y me molesta que se te escapen los detalles más importantes. Se te escapa que este cuadro, montado en la habitación de los invitados cuando me llegue la hora, con polvorientas tartas y panes de yeso en polvorientos cestos de mimbre, y aunque mi postura sea exactamente la misma y el marco se le parezca mucho, carecerá del elemento que le da sentido y fulgor: el cuerpo disecado de mi panadera favorita.


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Comentarios

  1. Conserve Vd a su panadera como sea, que con esto del pan congelado de los supermercados, están en peligro de extinción.

    єѕтησм — 29-06-2008 22:34:25

  2. Ostras, su panadera está disecada? Cómo serán sus magdalenas? No es por ser impertinente, pero, mejor, no me invita a merendar, ¿le parece?

    A comé sí, eso es otra cosa, porque no como con pan. A no ser que me diga que los garbanzos son de plastilina sensiblera de película de mediodía.

    Margherita Dolcevita — 30-06-2008 10:20:58

  3. está buena su panadera?
    Deja entrever la ropa interior a través de la bata blanca?
    le mira usted el culo cuando se vuelve a por la tarta de azúcar?

    No me conteste ahora.
    Hágalo en la siguiente anotación.

    Un besito.

    martin — 30-06-2008 11:55:45

  4. Hoy el surrealismo me atenaza. Pero es otro surrealismo.

    Aguante el tirón, Maese Dimas. Usted puede.

    Microalgo — 30-06-2008 12:40:21

  5. En Málaga no sé, pero en Barcelona todas las panaderas son como la que usted describe.

    Leni — 30-06-2008 22:42:28

  6. Yo no he publicado el comentario 4. ¿Quién se está haciendo pasar por mí? Mecagontó.

    Margherita Dolcevita — 02-07-2008 14:05:30

  7. Creo que su amigo el de las algas. Es que mira que se llegan a complicar la vida ustedes dos eh? porque a usted qué le pasa exactamente con el filtro antispam, ¿que no acierta con las letras?

    Ahora corrijo eso, pero piense que pierde por el camino un uno por ciento de su libro...

    Aprovecho para comentarle a Martin que mis jefes son Islandeses, pero no sé si con pedigrí o quizá cruzados con camadas de otros pueblos nórdicos.

    Leni — 02-07-2008 14:15:48


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