Taxidermia IV (yo no estaría tan seguro)
Tu profesionalidad desalmada me diseca lentamente el alma. Es lo que pienso, vale que no te lo voy a decir, pero te miro como insinuando “quiero que te quede muy muy claro”. Y asumo mi derrota. Hoy lo has vuelto a hacer, esta vez en la panadería, “¡Quieto!” me has gritado, y me he quedado quieto mientras sacabas tu libreta y apuntabas vete tú a saber qué cosas: que si el ángulo de mi brazo con el antebrazo, que si el brillo de la calderilla en mi mano, que si la distancia de mi mano a la mano de la panadera, que si el enarcado exacto de mis cejas, que si la abertura justa de mi boca, que si mi rictus atolondrado. Yo qué sé. “Quisiera que este momento durara para siempre” dirá la protagonista de la peli sensiblera de turno, pues ya lo ves, a veces la realidad emula la ficción cinematográfica de la manera más tonta. Juega muy a favor de este deseo el hecho de que en general sea imposible, porque una vez paralizado con tu mano a 20 centímetros de la mano de la panadera, superada la emoción inicial del momento, la cosa cambia, porque pronto llegará la incomodidad quieta, las primeras rampas, la angustiosa incertidumbre de pensar que verdaderamente el mundo te haya podido dejar congelado en tan incómoda postura para siempre. “¿Puedo moverme ya? ¿Puedo pagar la tarta de azúcar?”, he dicho con temblorosa voz de ventrílocuo, y desde el quicio de la puerta me has contestado que sí, ¿y por qué desde el quicio? Seguro que te has puesto ahí a propósito porque sabes cómo odio esa palabra, porque sabes bien cómo me saca de quicio. Hemos salido a la calle. No soporto cuando me haces esto, porque en el fondo sé y me molesta que se te escapen los detalles más importantes. Se te escapa que este cuadro, montado en la habitación de los invitados cuando me llegue la hora, con polvorientas tartas y panes de yeso en polvorientos cestos de mimbre, y aunque mi postura sea exactamente la misma y el marco se le parezca mucho, carecerá del elemento que le da sentido y fulgor: el cuerpo disecado de mi panadera favorita.