Prefiero subir solo
Con el vecino de abajo, el dueño del pequinés, en el ascensor, ayer por la tarde. Coral y yo, después de cinco años, seguimos siendo un misterio insondable para él que trato de alimentar haciéndome el raro siempre que puedo. Ayer coincidimos en el ascensor, yo llevaba una bolsa de serrín prensado para Leni y enseguida vi su cara de bobo boquiabierto fijarse en la bolsa de serrín y sus intenciones transparentes de arrojar luz a sus incertidumbres. Y bueno, me apeteció anticiparme: '¿Usted lee lo que firma? Porque yo no lo leo casi nunca, sobre todo si voy con prisas y el contrato es largo y con mucha letrita y mucha cláusula... es que la nada me atarea ¿sabe?, me trae de cabeza... para mí que he vendido mi alma al diablo sin saberlo por lo menos 50 veces y a 50 diablos distintos, seguro que estarán ahora de abogados a ver quién se lleva el gato al agua y por eso sigo aquí hasta que resuelvan el entuerto tan rumboso, ¿qué le parece la ocurrencia?' 'No sé... ¿porque ustedes qué animal tienen?' ( lo sabía, lo sabía, lo sabía...). 'Un dragón de Komodo.' '... Ah... es que mi mujer y yo oíamos el “chekchekchekchek” de uñas y creíamos que igual era un hurón o un conejo que escarbaba.' 'Ah pues no no, no son uñas, son cuchillos y es un dragón de Komodo de dos metros, escarba mucho, es verdad, está intentando comunicar mi piso con el suyo a través de un túnel y cuando lo consiga, automáticamente, su vivienda, su señora y el pequinés pasarán a ser míos.' '¿?' 'Léase bien lo que pone su contrato de compra sobre los túneles y los dragones de Komodo, el redactado es diáfano, no da lugar a interpretaciones.' Se ha perdido en su rellano pensativo, a saber pensando qué.