Lector de arrugas de expresión
El lector de arrugas de expresión es de una utilidad relativa y de una fiabilidad poco clara. El aparato tiene forma de lápiz y un lector óptico en la punta que no da mucho cáncer. El lector de arrugas de expresión incorpora una pantalla de cristal líquido por la que desfila toda la información. Su manejo es muy sencillo, se trata de deslizar el lector de arrugas de expresión por el contorno de la arruga que hayamos decidido analizar y esperar a que éste nos muestre los resultados en su pantallita. Los resultados del análisis se muestran con nombres y porcentajes, de manera que tras contornear con la punta del invento la arruga en cuestión, el lápiz nos mostrará el nombre y el porcentaje de responsabilidad de cada uno de sus culpables, siendo igualmente posible y correcto decir que nos mostrará el nombre y el porcentaje de culpa de cada uno de sus responsables. Así que si paso el lápiz por el surco que surca mi entrecejo, la pantalla de cristal líquido me revela que el 90% de la culpa es vuestra por cómo me hacéis fruncir el ceño cada vez que leo vuestros absurdos comentarios. Uno puede pasarse horas y horas descubriendo las ocurrencias o los disgustos de quién fueron los causantes de esa telaraña de patas de gallo que le agrieta el rostro a base de recorrer su geografía con el lápiz lector de arrugas de expresión, un invento más de la industria cosmética que tampoco quita las arrugas ni lo pretende pero que por lo menos un ratito te entretiene.