Hikikomori
Mañana hará un mes que Leni se atrincheró debajo del sofá. Yo sospeché desde el primer día que era algo que podía ocurrir, por eso decidí serrar las patas del antiguo sofá para no dejarle espacio suficiente para que se metiera debajo; pero entonces la incomodidad fue de Coral y mía, por tener que sentarnos a nuestra edad en un sofá tan bajo, tan a ras de suelo, las rodillas se nos resintieron y a la semana ya teníamos otro sofá nuevo y el conejo atrincherado y mordisqueándonos los talones. Hubo una época en la que pasaba ahí debajo la mayor parte del día y sólo salía por las noches a estirar las patas persiguiendo pececitos de plata, pero mañana hará un mes que no sale ni para mear. De vez en cuando, cuando le pregunto a Coral cosas del tipo “¿te acuerdas de ese conejo que teníamos?”, Leni saca la cabeza, sólo la cabeza, y su mirada está llena de rencor. Me hace sentir fatal, porque no sé qué puede haber ocurrido, algo hicimos mal, esto parece claro, aunque también podría ser algo tan simple como que el laboratorio haya cambiado la fórmula de su pienso y ahora no sea del gusto de Leni, lo que le ha causado un disgusto grandísimo al animal. No siempre es fácil calcular los motivos del naufragio. Desde que Len se atrincheró debajo del sofá que Coral está medio mustia y pasa cada vez más y más tiempo en el estudio con la mirada ida. Cuando voy a la despensa a por la comida de Leni y de Coral temo que sea ése el lugar reservado para mí y me angustio una barbaridad porque la despensa es muy húmeda y angosta y el techo muy bajo y la bombilla está fundida desde hace la de años.