Con un 7% de plátano
A mí me da igual lo feo que me salga el texto, si tengo que contar algo lo cuento y ya está, y si tiene que salir la palabra plátano veinte veces pues sale veinte veces y no me voy a andar con que si la banana, con que si el fálico fruto pajizo o el dulce tesoro oblongo de los dioses o otras cosas que de tan sutiles y poéticas es que ni se entienden. Esto era la introducción, vayamos al nudo: Digamos que ayer me apeteció comerme un plátano y por eso cogí un plátano del frutero y lo pelé y resulta que dentro de la cáscara del plátano había otro plátano con su cáscara pero más pequeño, y desechada la primera cáscara pelé de nuevo el plátano y dentro del plátano había otro plátano más pequeño que el primer plátano y que el segundo plátano y que dentro del tercer plátano me salió otro plátano como en una extraña matrioshka de plátanos, y tiré la cáscara del plátano y leni andaba loca porque le encantan los plátanos e iba pegando carreras por el salón resbalando doblemente con el gres y las cáscaras de platano, muy falta de grip en este tipo de superficies, zumbando como una abejita, y todavía dentro de ese tercer plátano salió un cuarto plátano, éste más grande que el segundo y que el tercer plátanos pero en ningún caso diría yo que más grande que el primero, encajado ahí a presión por la caprichosa madre naturaleza, y ahora ya sí que resumo para precipitar el desenlace, porque cuando había esparcidas por el salón no menos de treinta cáscaras de plátano, al pelar la última cáscara, dentro, salió la manzana.