Ventajas e inconvenientes de caminar sobre las aguas
Pensaba hoy desde la tumbona de mi balcón, contemplando la piscina que no tengo, que qué gran cosa esto de caminar por encima de las aguas. Más que nada porque en ese momento me apeteció como consecuencia de la que caía y lo muy demasiado claros que veía los colores ya y de la tremenda vuelta que tenía que dar, por motivo de lo absurdo y lo angosto del diseño de la piscina que a ratos de embobamiento supino me imagino, para poder acceder sin rodeos a la mesa del otro extremo de las instalaciones sobre la que supongamos que descansaban mis gafas de sol. Igualmente, caminar sobre el agua de piscinas y estanques, sobre todo en invierno, cuando el agua es verde y poco apetecible y llena de bichos que pican y de naturaleza antipática, supera con mucho el hecho de cruzar a nado; sin embargo es poco claro que andar sobre las aguas del mediterráneo un 21 de julio sea superior al hecho de zambullirse en ellas, porque andando por la superficie, uno sólo se moja las plantas de los pies y muy poquito y el calor se combate mal, se acalora uno igual y se pierde cosas tan bellas como los erizos, los pepinos marinos, las estrellitas de mar, los caballitos, y otra fauna de naturaleza diminutiva y simpática. Y el momento orgiástico de volver empapado a la toalla y tumbarse en ella bajo el sol abrasador, claro, eso también se lo pierde uno.