Quizá mañana
Dennis Lima, mi editor, me vino a visitar por sorpresa el domingo muy demasiado temprano. ¿Tienes algo que hacer esta mañana Len? ¿Den, cómo quieres que tenga algo que hacer? Tengo una sorpresa, quiero enseñarte algo. Y nos fuimos. Me llevó en su coche al aeródromo de Sabadell en el que nos esperaba un helicóptero con piloto y todo. Una mañana estupenda, el cielo raso raso y de un azul morado de tan azul. Partimos hacia el norte, y qué mareo. Estuvimos un buen rato cercando la sierra del Cadí, y Dennis Lima dándole indicaciones al piloto y escrutando el cielo cada vez con peor cara. ¿Ocurre algo? No paran de ocurrir cosas Len, olvídalo, ahora ocurre que volvemos. Y volvimos. Ya en su coche, de vuelta a casa, se derrumbó: “nada, que creo que me han vuelto a estafar Len, con las tres primeras mensualidades del taller de confección chino le compré al capataz una nube champiñón preciosa en la Sierra del Cadí que hoy, como habrás podido comprobar, ya no estaba”.