La flauta dulce
En la reunión de vecinos inmediatamente posterior al robo del rumano bajito, se acordó que en adelante la puerta de la calle se cerraría con llave. La vecina de arriba vino en representación de los vecinos de arriba, llevaba gafas de sol, llevaba mala cara y olía a vino barato. Olía a vino vamos, barato o caro yo qué sé. Los vecinos de arriba jamás cierran la puerta con llave lo cual tiene en pie de guerra a Coral que no puede entender el porqué de este acto de rebeldía: ” joder, no es tan difícil, metes la llave, giras la llave, abres la puerta, sacas la llave, cierras la puerta, metes la llave, giras la llave y sacas la llave”. Los vecinos de arriba tienen dos perros grandotes que pasan muchas horas solos encerrados en casa. Los perros pueden ladrar y ladrar durante horas, algunas veces he querido contar sus ladridos, el perro grandote ladra más ronco que el perro grandote grandote, saco una libreta y pongo palitos hasta que me canso, porque siempre me canso yo antes que ellos. Unas dos veces por semana no son capaces de aguantarse cuando finalmente los sacan a pasear y se mean en el ascensor los días que aguantan menos y frente a la puerta que sus amos no cierran los días que aguantan más. Últimamente los vecinos de arriba discuten por las noches, cuando esto ocurre, bajo el volumen del tele, cierro los ventanales del balconcito, saco un vaso del armario de la cocina, lo pego a la pared, pego mi oreja al vaso y trato de escuchar; al hombre se le oye sin vaso, el perro del hombre grita más ronco que el más ronco de sus perros, “¡¡¡perra mentirosa!!!” grita él; el vaso es para escucharla a ella, más sosegada, hablando bajito, para no despertar al niño. Pero los susurros de ella no borran los gritos de él y siempre, al poco rato de empezada la discusión, se empieza a oír la flauta del niño poniéndole, por no escuchar y sin pretenderlo, banda sonora al drama que es su vida. Y luego ella sale a la calle y se va y no cierra la puerta porque a ella la puerta le da igual.