De Dimas
He comprado el periódico todos los días desde que se fuera Coral. El primer día me tumbé en la tumbona del balconcito con un zumo de naranja natural y tostadas con mantequilla y mermelada de frambuesa en pan de molde de ese que hacen en moldes que no hacen esquinas y dediqué a su lectura una hora paladeando cada segundo de mi recuperada tranquilidad; el segundo día con veinte minutos me bastó y qué tremendo coñazo; el tercero de cinco me sobraron cuatro y ni zumo ni tostadas ni nada y ya hace unos días que he perdido todo interés. Llego resacoso de la calle a media mañana y lo amontono con los demás sin tan siquiera hojearlo, ahora me limito a ver los informativos y a sumar cadáveres en una libreta en la que sumo ladridos y otras cosas cuya utilidad es poco clara, es una forma de recibir la información que me entretiene mucho más y encima me permite practicar sumas de muchos dígitos. Me lo tomé con mucho empuje, haciendo muchas cosas al principio, hasta salí a correr por el parque: qué bochorno, qué ridículo con mi ridícula indumentaria de otra época, como ridículamente intentando aparentar normalidad a base de hacer cosas anormales. Invertí casi todo mi tiempo en la limpieza del hogar, lavé todo lo lavable y una vez limpio, por seguir manteniéndome ocupado, lo volví a lavar; castigo a Leni con jaula cada vez que se le cae un pelo, me ha dado fuerte por ahí, y ella me mira barrer y barrer tras los barrotes tan atareado sin comprender, “cualquiera diría que estamos esperando a alguien” parece pensar. Hasta pretendí planchar las cortinas, fue quizás demasiado aventurado empezar por ahí, pues es algo que hace de mal planchar para el que no ha planchado nunca nada, quizás hubiera sido más prudente entrenar con algunos pañuelos antes de afrontar tan ambiciosa empresa; me quemé tres dedos de la mano izquierda. Ordenando ordenando, encontré en casa un sobre de tabaco de liar casi por estrenar con algunas boquillas dentro, me entró una inexplicable desesperación por encontrar el papel, lo revolví todo, yo que nunca había fumado, hasta que lo encontré; estoy fumando del orden de 50 cigarrillos al día, los primeros me salieron regular pero voy mejorando. Antes sólo bebía ocasionalmente, siempre con mi editor de por medio y con cierta moderación, ahora bebo solo y hasta emborracharme todos los días, bebo mucho y sin saber muy bien por qué. La compra se me da también regular, compré una sandía de quince quilos, la tuve que llevar hasta casa rodando como una pelota porque me quedé sin fuerzas a medio camino borracho como iba, y encima me salió harinosa; le pongo un trocito a Leni cada día a la hora de comer pero no hay manera. Me niego a comer nada que Leni no se coma, ¡y qué debilidad! Siento que me estoy estropeando mucho, pero yo lo único que pretendo es ocupar mi tiempo. Coral estará de vuelta el día 26, se fue de viaje a México no hace ni una semana.